Las pobres ¿sujetas o sujetadas en la lucha por el derecho al aborto?

¿Qué discursos hay sobre “las pobres” y el aborto? No solo mueren, no solo tienen complicaciones al abortar y no solo son criminalizadas. En el aborto hay agencia, deseo, autonomía, libertad y decisiones sobre la maternidad. Sin embargo a las pobres no se las menciona muy a menudo como sujetas de esos deseos, sino para relatar sus padecimientos. ¿Por qué no hablan ellas en un escenario y no son senadoras o diputadas? La pobreza y el racismo están en diálogo constante y se consolidan en cada práctica. Escribe Sandra Hoyos.

“No nos equivoquemos: nuestra reivindicación no es solamente una respuesta a la muerte de las mujeres, por no tener la posibilidad de poder efectuarse un aborto en condiciones asépticas en un hospital público. Es algo mucho más profundo que toca a la igualdad, a la democracia, a la libertad, autonomía”. Dora Coledesky 2009

Las pobres que mueren por abortos clandestinos y las pobres que no quieren abortar . Las pobres que abortan con perchas o sondas y las pobres que deciden gestar porque dios así lo quiso. Las pobres que no acceden a un sistema de salud para una interrupción legal del embarazo y las pobres que dicen donde comen 5 pueden comer 6.

¿Se preguntaron quienes son esas pobres, que lugares habitan, a qué sistema de salud pueden acceder o no? 

¿Ellas dicen quiero abortar porque es mi derecho a decidir? Las pobres de las que se habla son las que abortan en clandestinidad y ponen en riesgo sus vidas, son las que habitan villas, barrios del conurbano, asentamientos, las cárceles, las empleadas de casas particulares, las que alquilan una pensión, las que trabajan en talleres clandestinos, las trabajadoras sexuales, las migrantes, las que pertenecen a comunidades indígenas.

Pero también son ellas las que no hablan, las que no tienen un micrófono, las que no son escuchadas más allá de una estadística, son las adolescentes protagonistas de un documental sobre las niñas madres en donde la cámara es testigo de las múltiples violencias obstétricas, sociales e institucionales.

Yolando Bertazzo, Jefa del Programa de Salud Sexual y Reproductiva, al finalizar su exposición por la ley IVE, dijo: “Vengo a hablar de las mujeres que no están, de esas que murieron por muertes inútiles, en lugares espantosos. Y también por aquellas personas que mantienen sus hogares, que trabajan la tierra, que son empleadas, que crían niñes y que quieren decidir sobre sus cuerpos y sus vidas”. Todas ellas son pobres, son ellas las que imaginamos al escuchar “No más muertas por abortos clandestinos”.

¿Y qué imaginamos, cómo son sus rostros y de qué color son sus cuerpos? Desde identidad marrón decimos y afirmamos que la pobreza en la Argentina tiene un color, el color de los cuerpos de las personas pobres son marrones, son rostros que resisten las ancestralidades originarias de nuestra región, de nuestra Abya Yala. De ese territorio conocido como Latinoamérica.

La pobreza y el racismo están en diálogo constante y se consolidan en cada práctica, en cada decisión estatal y en la distribución de los recursos económicos, educativos, sanitarios, territoriales. Es por ello que existe segregación por clase y etnia, lo podemos observar cuando nos preguntamos qué color tienen quienes nos gobiernan, quienes legislan, quienes se gradúan en la universidad, quiénes son los profesionales de la salud, quiénes habitan Puerto Madero y quiénes una villa. 

La pobreza, es marrón y la riqueza es blanca. Y de esta estructura devienen una gran parte de las inequidades y desigualdades. ¿O por qué creés que cuando escuchás o leés que las pobres mueren en la Argentina por abortos clandestinos siempre imaginás una marron, villera, migrante, conurbana o campesina ?

¿Quienes hablan de y por las pobres?

El debate por el derecho al aborto llegó a la cámara de diputades y senadores. Nuevamente, como en 2018, se expusieron posturas a favor y en contra de la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). No sólo en ambas cámaras legislativas, sino también en medios de comunicación y redes sociales. Las posturas y opiniones provienen de diferentes disciplinas y con diferentes atravesamientos entre los que se destacan los aspectos religiosos y también la fuerte militancia feminista, esta última responsable fundamental de una inminente ley de aborto legal.

Una gran parte de las argumentaciones rondan alrededor de qué pasa con las mujeres pobres, qué deben sufrir, qué riesgos implica para una mujer pobre la penalización del aborto.

Les profesionales de la salud garantes de ese derecho mencionan en sus exposiciones lo que implica la clandestinidad, el riesgo de vida de los abortos en condiciones de inseguridad al que están expuestas quienes intentan abortar. Esas siempre son las mujeres pobres, las de los sectores llamados vulnerables. 

La cuestion de clase ha estado presente en el debate por el aborto. Susana Chiarotti, abogada defensora de los derechos humanos, durante su exposición en el Senado expuso sobre los embarazos infantiles forzados. Según las cifras del Ministerio de la Nación en 2018 fueron obligadas a gestar y parir 2350 niñas de entre 10 y 14 años. La abogada manifestó que en esas cifras se puede ver la sumatoria de vulneraciones, desigualdades, injusticias y discriminaciones presentes en el tejido social de nuestro país. Estas gestaciones infantiles forzadas son consideradas como tales porque se dan en un marco de abuso sexual y a su vez se le niega u obstaliza el acceso a una interrupción que a su vez se traduce en maternidad forzada.

Los argumentos a favor o en contra del derecho aborto que mencionan a las pobres colaboran en la construcción de una subjetividad posible de vulnerar, de estigmatizar, de señalar como aquellas que no tienen decisión o voz propia. El exministro de Salud de Jujuy Victor Urbani, durante su exposición se preguntaba: “¿Cuántas mujeres en el norte argentino pueden acceder a esos tutoriales? Solo pueden recurrir a métodos atroces. (…) Esta ley es justicia social”. 

Los argumentos que se expresan por el derecho al aborto hablan de salud pública y de justicia social. Sin embargo ello no muestra qué más hay detrás de las cifras de muertes por aborto clandestino, maternidades infatiles forzadas y de las criminalizadas por abortar. ¿Qué más? Dónde se encuentran o qué piensan esas que podrían ser las muertas por la clandestinidad. ¿Por qué no hablan en un escenario, ni en una exposición, ni son senadoras y diputadas? Simplemente están pero no se sabe dónde o en qué parte de la gran marea verde están. 

En este sentido se destaca la investigacción realizada por Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), el Centro Universitario San Martín (CUSAM) y la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, que da un paso en la visibilizaccción de esas otras pobres que abortan: las que terminan presas o con procesos penales. Sabemos algo de ellas, además de las múltiples violencias que padecen en la cárcel, también las violencias a lo largo de sus trayectorias de vida. 

El informe menciona que entre 2012 y la actualidad se registraron 1388 causas de criminalización de mujeres por abortos u otros eventos obstétricos en 14 jurisdicciones del país. El análisis de las notas que se publicaron en medios muestra que la abrumadora mayoría de las mujeres pertenece a sectores sociales vulnerables: no tiene trabajo remunerado, tiene un bajo nivel de instrucción formal y vive en condiciones habitacionales precarias. 

Se trata de mujeres que necesitaban el cuidado del Estado y la garantía de sus derechos. Sin embargo, la política penal que sostiene la persecución de abortos se orientó y orienta hacia las mujeres pobres. A su vez también se remarca que la mayoría de las mujeres -en la investigación no se encontraron varones trans o personas no binarias criminalizadas- tiene menos de 30 años y muchas de ellas tienen une o más hijes. 

La salud pública es unos de los argumentos centrales en la defensa de este derecho, un argumento para explicar lo que les sucede a las pobres cuando no acceden al sistema de salud. La médica infectóloga Leda Guzzi contó que cambió la mirada que tenía hace veinte años sobre este tema “al ver morir a tantas mujeres” por abortos inseguros, “muchas mutiladas”. “Más allá de las visiones religiosas, es un problema de salud pública”, señaló y pidió a les diputades que se oponen “ser más empáticos más allá de cualquier ideología”. “El aborto inseguro es la principal causa de mortalidad materna y está relacionada obsenamente con la pobreza y la baja educación”, afirmó y consideró que despenalizarlo y legalizarlo “es un acto de justicia social”.

No son los únicos argumentos a favor del aborto, también se habla de autonomía, de libertad, de goce, de maternidades deseadas, de la posibilidad de un nuevo antecedente en materia legislativa y de derechos sexuales para toda nuestra región. Sin embargo a las pobres no se las menciona muy a menudo como sujetas de esos deseos y de autonomía, sino que en general se les nombra para relatar sus padecimientos

Los sectores fundamentalistas y antiderechos mencionan a las pobres. ¿Cómo las ven? ¿Qué ideas se construyen a su alrededor? Al parecer no se considera como algo posible que una persona pobre, con capacidad de gestar, se atreva a desear no maternar; o acaso las pobres no traen al mundo todos les hijes que lleguen. 

Curas, arzobispos, pastores, profesionales de la salud y abogades entre otres, hablan de ellas diciendo que en los barrios las mujeres defienden las dos vidas; que traen al mundo lo que dios decidió para ellas; que el aborto es sólo un reclamo de las feministas.

En un comunicado para la Pastoral en Villas de la ciudad, el obispo Gustavo Carrara y el padre José María “Pepe” Di Paola expresaron: “Queremos hacer notar una vez más el compromiso y la valoración de la vida de las mujeres pobres. (…) Cuando una mujer humilde de nuestros barrios va a hacerse la primera ecografía no dice ‘vengo a ver cómo está el embrión o este montón de células’, sino que dice ‘vengo a ver cómo está mi hijo’”.

Recordemos la declaración nefasta realizada por el ex arzobispo de La Plata Monseñor Héctor Aguer dijo que “las mujeres pobres no abortan, es un problema de la burguesía”. Al igual que en una de las exposiciones a favor del aborto legal, la diputada antiderecho de Córdoba Federal, Claudia Marquez, remató su intervención diciendo “Defiendo el derecho de las vulnerables y por supuesto que las que no tienen voz ni voto”. 

Una experiencia conurbana 

Al nombrar el conurbano también se nombre la marginalidad, la escasa presencia de servicios básicos, un sistema de salud deficitario, la presencia del clientelismo político, barrios pobres inundados, trabajo informal, trenes que funcionan mal y tantas cosas más. En el Senado la ginecóloga Jael Ojuel mencionó que realizan jornadas gratuitas en el conurbano bonaerense en las que reparten anticonceptivos, insinuando una supuesta accesibilidad a los métodos anticonceptivos y que por ello no habría por qué abortar. 

El conurbano parece ser el habitat de las pobres que se habla en el senado, de las que mueren por abortos clandestinos, de las que terminan presas por abortar, pero también de las que tienen todos les hijes que dios manda, las que no son feministas y las que no tienen voz, ni voto. 

Dos organizaciones territoriales, el Espacio de Género Integral y la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito de la Región Noroeste, realizaron un informe sobre su trabajo en contexto de pandemia. Entre los meses de abril y septiembre llevaron adelante espacios de consejería pre y post aborto que permitió que 90 mujeres accedan una ILE (Interrupcción Legal del Embarazo).

El 73% fueron paceñas. José C. Paz es uno de los municipios con los más altos niveles de pobreza estructural, ese territorio que cuando se lo nombre surge la imagen del pibe marrón de visera y la mama luchona. El 27% restante provenían de municipios vecinos: San Miguel, Pilar y Malvinas Argentinas. El 66% declaró tener une hije o más. En cuanto a sus edades, el 34,8% tenía entre 19 y 23 años; el 27,5% entre 24 y 30 años; el 26,1 % entre 31 y 39 años. Es decir; el 90% de quienes solicitan una interrupción tiene edades diversas que van desde los 19 a los casi 40 años. 

El 82% mencionó que sus ingresos económicos no llegan a cubrir sus gastos básicos y que estaban imposibilitados de comprar Misoprostol. Es decir, son pobres. A pesar de que el Ministerio de Salud de la Nación y de la provincia realizan compras del medicamento, en José C. Paz o San Miguel no se puede acceder al recurso, es decir no se hace entrega de forma gratuita como ocurre por ejemplo en los CESAC de la CABA. Por lo tanto las que solicitaron una ILE deben comprarse el medicamento que cuesta en promedio $6000. 

En los espacios de consejería a las que se acercan llegan porque las conectó otra que se realizó una ILE, porque llaman al teléfono de Salud Sexual de la Nación y les informan que allí encontrarán un lugar amigable. Las que llegan son mujeres que al conversar en las entrevistas manifiestan sus dificultades económicas, plantean situación de violencia de género, manifiestan su decisión de abortar en base a sopesar varias cuestiones que no sólo se enfocan en la cuestión económica aunque ese factor muchas veces es determinante. La causal principal del 93% de las que solicitaron una ILE es la noción salud integral, una definición que engloba aspectos psíquicos, físicos y sociales. El espacio es fundamental para la construcción de la autonomía que nos habla Dora Coledesky, allí no se promueve la culpa, el estigma, ni la vergüenza.

En el espacio de consejería comparten con otras, se pasan información, en la siguiente consulta se pasan sus de teléfono y comentan entre ellas cuándo y quién las acompañará a abortar. Estos espacios están en territorios como el conurbano paceño, quienes se acercan, a su vez tiene la posibilidad de alejarse de la clandestinidad, pero también llegan a espacios que sólo son posibles por la organización feminista, una militancia que promueve espacios autónomos y amorosos.

La experiencia de la consejería paceña nos cuenta cómo se aborta en el conurbano, cómo abortan las pobres, las marrones, las villeras, las empleadas de casas particulares que durante la pandemia no trabajaron pero tampoco les pagaron. La experiencica trae otros modos posibles de hablar de abortos y que no sólo sean desde la muerte o la cárcel. Hay otros abortos desde el afecto, desde la posibilidad de decidir, desde un proyecto de vida donde se puede ser protagonistas.