Por: Fotos: Prensa LaFlia

Apenas cubierta con un taparrabo y con una pluma en la frente, Luciana Salazar repasa con Tinelli los comentarios que escribió estos últimos días en twitter. Son comentarios de tinte político, algunos  vaticinios, otros datazos. LuliPop hace furor en los medios como analista de la actualidad. 

Con vestuario de flecos y vincha, muestra gratis del atuendo típico del Charleston de los años 20, dice que hay que llevar tranquilidad a los mercados. Tinelli la compara con el Turco Asís, Luli en culo, con la nariz más respingada que nunca, se ríe y sigue. Por entre las piernas se cruza, antes del baile, Matilda, la hija que Luciana tuvo por subrogación. Cuando nació Matilda hizo un programa especial en su rol de mamá. Se la vio casi impoluta paseando un cochecito blanco en su mundo Barbie. Fue criticada sin piedad, por el grado de vulneración que eso implicaba y la fragilidad de ese momento vital. 

¿Qué atuendo es el adecuado para hablar de política? ¿Un trajecito y camisa? ¿Qué requisitos se esperan de las personas para poder comentar? ¿Un doctorado, tres títulos, una extensa trayectoria? Hace poco en una mesa de las miles que florecen esta temporada pre electoral —y son costumbre en la idiosincrasia nacional— exponían tres señores. La organizadora explicó: llamamos a un par de mujeres, pero no podían y otras no había. ¿No había? Vayamos juntes a la esquina y preguntémosle a lx primerx que pase o a la verdulera si puede sumarse. Todes somos sujetes políticxs dignxs productores de opinar sobre la realidad que nos toca. 

La brújula loca de la coyuntura política y económica de la Argentina dejó a politólogues y especialistas, también, de culo. Era todo tan obvio, pero nadie la vio venir. Los pronósticos de las PASO quedaron más desajustados que el horóscopo del mes pasado. La angustia de las noches previas, por el resultado parejo o por perder, se convirtieron en una calabaza de la vergüenza. Las consultoras y encuestadoras terminaron mal paradas, y los famosos gurús se fueron y apagaron la luz. Con buena línea, LuliPop tiró cantidad de alta data que funcionó como perfecta predicción. Pero la labor de Luciana como analista política es tomada para la chacota. Mata Hari con silicona, qué necesidad de abrir la concha, le dijeron entre miles de insultos y desprecios que cayeron en catarata comentando sus tuits. 

“Vos los padecés tanto como yo”, le dice Luli a Nancy Pazos, una excepción entre el periodismo que la llamó para hacerle una nota como analista política. Se refiere a las burlas y el maltrato por ser una mujer hablando de política. Una mujer que sale en las revistas con bikini y tetotas. También comparten el hecho de tener como ex parejas a dos personajes públicos de la escena política. En la entrevista, Luciana reconoce que tiene tres fuentes, pero se niega a revelarlas como el código lo indica. Dice que son muy cercanas al presidente. 

Siempre le interesó la política, y si le interesara desde antes de ayer, tampoco sería problema. ¿Qué molesta tanto de que hable LuliPop? ¿Que sea una autopercibida mujer objeto y le guste? ¿Que no sea la muñeca inflable que su apariencia proyecta? ¿Que no hable por boca de nadie y que diga verdades y lea la actualidad mejor que muchxs? Seguramente todo.

En los últimos veinte días Luli pegó más aciertos que el Turco Asís en 20 años, dijo alguien por ahí. Es parecido a lo que pasa cuando Sol Perez opina. Es un lamentable reproche que lo que esconde es un “te dimos lugar en los medios para que muestres el culo, pero no te excedas que nadie quiere saber tus opiniones”. Algunos comentan con la sombra oscura de una amenaza: “A Natacha Jaitt también la usaron un tiempo para dar noticias que salen de los servicios… cuidate que a los forros los usan y lo descartan”. 

No hace falta sacar credenciales de su origen de familia peronista, de los años que compartió con el relevante economista que después congeló —¿o pensaron que garchaban sin hablar, o que ella tarareaba baladas románticas mientras él definía líneas de acción bancaria?—. No hacen falta diplomas de nada. Quizás no solo le miraba el pelito, como declaró una vez, mientras Redrado hablaba. Luciana anticipó el resultado de las PASO, la implementación de los controles cambiarios —a lo que llamó “el cepo cheto”—, comentó la furia del presidente el domingo pasado en Olivos, y sigue fascinando con sus enigmáticos. 

Además del prejuicio de que por linda es tarada, ¿por qué LuliPop ahora con esa data que tira causa sorpresa o atención? También porque sobrevuela en todxs la fantasía (machista) de “a quién se estará garchando esta, quién le pasará letra, quién la usa para decir lo que no puede decir, para operar, ¿habrá vuelto con Redrado? ¿Se estará comiendo a uno de Cambiemos? ¿O a uno del peronismo triunfante?”. En ningún caso existe la chance de una voz propia o conceptualización. En estos días en los que todxs se están midiendo en qué decir, cómo decirlo, en estos días tan verbales, donde las palabras pueden disparar una crisis real o serenar el clima general, cada frase de Luciana es una bomba. 

Ahora, medios como El Destape levantan sus comentarios, un poco en sorna, un poco en serio. Cada vez más rubia, más operada, más peronista (hasta hicieron un meme de ella con Evita), Luli en su papel de opineitor —tal vez haciendo el juego político al que puede haber sido invitada— hoy es más fiable e interesante que los analistas convencionales. Se ríen de ella como se rieron de los hermanos que inventaron el avión, de la Cicciolina diputada en Italia, o de la propia Granata, que buenos votos sacó. Mientras ella siga dando tetotas y postas, se le va a reír a Casero en la cara, y si quiere va a reírse última y reírse mejor.