Mônica Benício: “Es esencial para la lucha democrática en América Latina que Brasil reelija a Lula”

La excandidata a senadora se refirió a la elección y afirmó que lo que está ocurriendo en las calles es el pueblo brasileño reconociéndose como parte orgullosa de ser latinoamericano. Escriben Carla Perelló y Mariángeles Guerrero, desde San Pablo.

Mônica Benício es una referente de la defensa de los derechos humanos, de las mujeres y LGBT en Brasil. Fue concejala de Río de Janeiro entre 2022 y 2026 y este año fue candidata a senadora por el estado carioca, pero no logró su elección (quedó en quinto lugar y solo se elegían dos senadorxs por estado). En la recta final de la segunda vuelta, acompañó la candidatura a la reelección de Lula da Silva junto al movimiento social que salió a las calles con fervor para evitar un nuevo gobierno de ultraderecha en Brasil tras el mandato de Jair Bolsonaro (2018-2022).

El 14 de marzo de 2018 su pareja, la también concejala de Río, Marielle Franco, fue asesinada por sicarios. También mataron a su conductor, Anderson Gomes. Se trató de un femicidio político; Marielle realizaba trabajos comunitarios en zonas de la ciudad de interés para los grupos paramilitares, conocidos en Brasil como las milicias.

En octubre de 2024 el Supremo Tribunal Federal condenó a Ronnie Lessa (quien confió haber efectuado los disparos) y Élcio de Queiroz a penas de 78 y 59 años de prisión, respectivamente. El 25 de febrero de este año, condenó por unanimidad a 76 años y 3 meses de prisión a los políticos Domingos Brazão y Chiquinho Brazão, señalados como los mandantes del doble homicidio. Según informó Brasil de Fato, tanto el abogado como los hijos de los hermanos Brazão hicieron campaña por Flávio Bolsonaro en esta elección.

“La reelección de Lula es un faro de esperanza para que esta construcción pueda continuar y fortalecerse, especialmente a través de la juventud, a la que no se le borrará la memoria, y mucho menos las posibilidades de construir ciudadanía y alternativas para nuestras próximas generaciones”, sostiene Benício.

—¿Cuál es la importancia de estas elecciones en Brasil para la región latinoamericana?

Brasil hoy es un espejo del mundo. Hemos visto el avance del conservadurismo expandiéndose a nivel global. Brasil es una de las mayores potencias mundiales, tanto cultural como económicamente. Pero especialmente en este momento político, también es un reflejo de una tendencia política conservadora que seguirá expandiéndose. El bolsonarismo se ha expandido enormemente, especialmente desde 2018 hasta ahora. Hemos visto el reflejo perverso de esto en otras partes de América Latina, y por lo tanto es esencial para la lucha democrática en América Latina, para la supervivencia de la ciudadanía, de la civilización, del concepto de humanidad que aún anhelamos, que Brasil reelija a Lula. Esta elección se trata de determinar qué tipo de futuras generaciones se formarán en América Latina. ¿Se forjarán en el horror, el miedo, la violencia y políticas que impongan la barbarie en lugar de la ciudadanía y los derechos humanos, o tendremos la posibilidad de soñar con un futuro para nuestra juventud, donde los jóvenes no solo sean invitados a defender la democracia, sino también escuchados y llamados a construir el legado de Lula? Brasil sirve de inspiración para otros países de Latinoamérica y del mundo donde se debate sobre la ciudadanía. El presidente Lula dijo: “Brasil no es el patio trasero de nadie”. Y Latinoamérica, en su conjunto, es mucho más grande que Estados Unidos. Esa es la clase de unidad que los latinoamericanos necesitamos construir. Brasil formará parte de este proceso, pero se trata de una herramienta en construcción que se recuperará en las próximas décadas.

—¿Por qué es importante que el pueblo tenga memoria cuando vote este domingo?

Tengo 40 años y desde niña he oído decir que “Brasil es un país corrupto, que no tiene remedio” y que “el pueblo brasileño no tiene memoria”. Y en Brasil, ni la política, ni el fútbol, ni la religión se discuten. Esto es, en mi opinión, un concepto que se asemeja a un proyecto de poder, porque un pueblo incapaz de recordar y conocer su historia no puede hacer una revolución. Si no conocés tu pasado, estás condenado a reproducir los mismos errores. A diferencia de otros países, como Argentina, Chile, Bolivia y Venezuela, que analizan su violento pasado de dominación colonial y construyen procesos de reparación en torno a él, Brasil sigue siendo un país con una democracia joven y frágil, construida sobre la sangre de personas negras, sobre la sangre de pueblos indígenas, y actualmente no cuenta con una política de reparación histórica por ellos. Por eso somos vistos como un país con una memoria débil. Pero somos un pueblo que hoy, dado su sufrimiento, el conocimiento de sus antepasados y la posibilidad de soñar con un futuro diferente, nos hemos convertido en un país diferente a pesar de lo que nos enseñaron.

—¿Cómo ves al Brasil de hoy?

Al contemplar este momento histórico, vemos una instantánea de algo que no se abordó en el pasado, pero que necesita urgentemente cambiarse en el presente para transformar el futuro. Vemos lo que está ocurriendo en las calles. Es el pueblo brasileño reconociéndose como parte orgullosa de ser latinoamericano. Porque esta es una parte fundamental de nuestra identidad, y el pueblo brasileño siempre ha estado muy fragmentado en este sentido. Lo que vemos hoy en las calles es unidad en la promesa de un futuro. El pueblo ha comprendido que no basta con soñar, hay que construir. Y solo la lucha transforma la vida.

—¿Cómo se construye, desde su punto de vista, ese futuro?

Se realiza a través de lo que aportamos con nuestras vidas, nuestra energía, nuestro tiempo; ese es el nuevo Brasil que queremos. Y un Brasil fuerte, que es Latinoamérica, y que estará unido. Donald Trump es un proyecto de poder que la unidad popular latinoamericana entendió que hay que superar colectivamente.

—¿Y por qué es importante mantener el legado de Marielle Franco?

Marielle es un símbolo de democracia y reparación en Brasil. Su cuerpo encarnaba todo lo que Brasil considera desechable: un cuerpo negro, una habitante de una favela, una mujer, una persona LGBT. Sus asesinos planearon su asesinato pensando que la izquierda armaría un escándalo durante una semana y luego lo dejaría pasar. Porque veían no solo su lucha, sino su cuerpo, su identidad, como algo desechable. Y es algo que impregna toda la identidad de un territorio brasileño. Por eso la gente no abandonó las calles y no dejó de exigir justicia. Marielle se convirtió en un faro de esperanza porque ella es el retrato de Brasil; el pueblo brasileño reconoció en su asesinato un símbolo de que no podían aceptar la barbarie ni la violencia como método para hacer política. Y por eso se enfrentó a políticos poderosos, a un sistema muy poderoso, buscó refugio, se abrazó, lloró. Durante ocho años, hasta la condena. La condena fue una forma de reparación histórica, aunque nunca se hará justicia para las familias de Marielle y Anderson. Pero el pueblo brasileño lo construyó con sus propias manos, sin guardar silencio ni un solo día durante ocho años, consciente de que se trataba de un hito en la defensa de la democracia y los derechos humanos. El pueblo brasileño, que entendió que quiere sentarse a la mesa del poder para hacer política basada en sus necesidades, sus luchas, sus convicciones. Y tiene una esperanzadora obstinación por transformar este país. Por mucho que los poderosos quieran silenciarnos, insistimos en construir con igualdad, fraternidad, valentía, esperanza, y con el símbolo de Marielle Franco.

Esta nota fue publicada originalmente en Marcha y forma parte de la cobertura colaborativa de LATFEM, Marcha y Kaja Negra.