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Entre 1989 y 2008 el encarcelamiento de mujeres por estos delitos aumentó 271% en la Argentina y 290% en Brasil entre 2005 y 2013. Las mujeres están cada vez más precarizadas en los momentos de crisis, las pobres más pobres y eso se refleja en la intensificación del control social.

¿Por qué la guerra contra las drogas es una guerra contra las mujeres? Luciana Boiteux estuvo en la Argentina invitada por la Procuración Penitenciaria de la Nación y la Fundación Ebert para hablar sobre las políticas prohibicionistas de drogas y su función en el control social, sobre todo de las mujeres pobres.

¿Cómo es la investigación que estás haciendo?
Formamos un grupo de investigación sobre mujeres y políticas de drogas. La idea es hablar con esas mujeres encarceladas para conocer sus historias. Creo que es muy importante la escucha para que hablen por sí mismas. Porque hay muchos estudios académicos, con gente que da estadísticas, pero la palabra y el empoderamiento de esas mujeres es muy importante para que cambien su propia historia.

Luciana es abogada, doctora en derecho penal, docente e investigadora de la Universidad Federal de Río de Janeiro. Pero además de todo eso es una activista feminista.

¿Por qué las feministas tenemos que defender la legalización o el antiprohibicionismo?
Pienso que el feminismo antes que nada es una deconstrucción de las estructuras. Porque no se puede separar la estructura patriarcal del capitalismo, de una perspectiva que mantiene las opresiones no solo sobre las mujeres sino opresiones raciales, de orientación sexual. Para cambiar este sistema el antiprohibicionismo también es un aliado. Como profesora de derecho penal acompaño el día a día de cómo opera en forma concreta el sistema penal. Entonces el sistema penal reproduce todas esas opresiones y es un mecanismo de statu quo de la desigualdad.

¿Y en la política penal sobre las drogas?
Si miramos desde esa perspectiva hoy que el tráfico de drogas y la criminalización de las drogas en general alimentan el sistema penitenciario y también es responsable de la criminalización de las mujeres, vamos a ver la llave para desarticular y para causar cambios en las estructuras. Si pensamos históricamente sobre las mujeres veremos que nos aplicaban a nosotras controles informales, con la cuestión familiar, la cuestión de la religión. Hoy, que podríamos tener una emancipación cada vez mayor, las mujeres más pobres vuelven a ser recapturadas por un sistema mucho más fuerte. Entonces el antiprohibicionismo creo que es un mecanismo para cambiar, para empoderar a estas mujeres, para cambiar la cuestión misma que no es la del tráfico en sí, es la criminalización de la pobreza, es la feminización de la pobreza que lleva a esa intensificación del control social formal.

Si las cárceles se utilizan con fines de control social, ¿cómo funciona para las mujeres en particular?
La guerra contra las drogas es una guerra contra las mujeres. Veamos los datos. El sistema encarcela proporcionalmente a más mujeres por tráfico. Este es un punto. Y si se sostiene este crecimiento, en los próximos 20 años vamos a estar más representadas en las cárceles que en los espacios de poder.

En Brasil, el 25% de los varones detenidos están por delitos asociados a las drogas. Entre la población carcelaria femenina, llega al 63%. La investigación Mujeres, políticas de drogas y encarcelamiento, de WOLA y la OEA, entre otras organizaciones, en la que Luciana participó, muestra estos datos: “la población carcelaria femenina total en América Latina ha aumentado en 51,6% entre el 2000 y el 2015, en comparación con un 20% para el caso de los hombres. En la Argentina, Brasil, Costa Rica y Perú, más del 60% de la población carcelaria femenina está privada de libertad por delitos relacionados con drogas”.Entre 1989 y 2008 el encarcelamiento de mujeres por estos delitos aumentó 271% en la Argentina y 290% en Brasil entre 2005 y 2013. Las mujeres están cada vez más precarizadas en los momentos de crisis, las pobres más pobres y eso se refleja en la intensificación del control social. 

Entre 1989 y 2008 el encarcelamiento de mujeres por estos delitos aumentó 271% en la Argentina y 290% en Brasil entre 2005 y 2013. Las mujeres están cada vez más precarizadas en los momentos de crisis, las pobres más pobres y eso se refleja en la intensificación del control social.

Esas mujeres, ¿ocuparon lugares de poder en las estructuras delictivas?
Mirá, en Brasil fue un debate por un personaje de telenovela, entonces se armó una fetichización de las mujeres empoderadas en el crimen y las telenovelas brasileñas son muy fuertes en la sociedad. Entonces es fácil ver a una mujer que es muy bonita y que es la jefa del tráfico. Un periodista me preguntó si ahora las mujeres están ocupando esos espacios. Y no, no lo ocupan mujeres, porque el crimen también es machista, es una estructura de poder que las mujeres no ocupan tan fácilmente. Y es importante desmitificar eso también porque si no, se legitima esa intensificación del control social.

Contaste en tu charla que había mujeres encarceladas, que estaban de acuerdo con el prohibicionismo, ¿qué lectura hacés de eso?
Para cambiar las políticas tenemos que saber qué piensan las personas. Lo que ocurre es que hay una aceptación de la prohibición como un mecanismo de protección de derechos en general. Si lo vemos en términos de la adicción a las drogas, la gente como también los medios de comunicación refuerzan la idea de que si criminalizamos estaremos protegidxs. La realidad desmiente esta tesis, pero la ideología punitiva está internalizada en las personas. Y cuando hablamos también de la gente más pobre y de las mujeres encarceladas, sometidas a muchas violencias, incluso institucionales, ves que sienten la culpabilización. Entonces hay una mixtura de culpabilización por cuenta de una moral social, pero también de una aceptación como si el encarcelamiento fuera una fatalidad. Creo que es muy importante que se dé un debate en las bases, con las mujeres que sufren más con estas políticas. Eso es esencial para cambiar la estructura, porque la ilusión penal de protección es muy fuerte.

¿Cómo sacamos a estas mujeres del sistema penal?
Primero tenemos que trabajar con políticas sociales emancipatorias. Sin esa política no será posible. Medidas como educación, la cuestión laboral, la calificación laboral de esas mujeres, todo lo que hablamos cuando decimos empoderamiento de mujeres desde el feminismo funciona en estos casos. Esas mujeres encarceladas son mujeres que deberían estar ocupando otros espacios, porque si lo pensás esas mujeres son subversivas, es una buena característica. Son potencias para los cambios, para la ocupación de espacios de poder, para el fortalecimiento de sus comunidades, son decididas, conocen la realidad donde viven y esa es la gente que necesitamos que esté en la lucha feminista. Porque están en una situación de vulnerabilidad social, pero subvierten la ley de los hombres, por eso el sistema de justicia las trata con más dureza. Hay un doble castigo moral y penal.