Nerda de Puan, femme fatale de la noche porteña, marinero con estómago de acero, rockera born-and-raised pre Cromañón, sobrina pródiga de la filósofa feminista Diana Maffía, chonga con taladro y una flaquita alta que a veces no puede contener el llanto: Paula Maffia es un sinfín de Paulas Maffias

Su trayectoria es, también, ecléctica: sus comienzos con Acéfala, pasando por el punk innegable de La Cosa mostra, hasta la frescura de Las Taradas y la gran convergencia de experiencias y deseos que es su actual banda Paula Maffia and Sons, que ella misma llama “la aplanadora del folk”. En esta última formación la acompañan Lucy Patané y Nahuel Briones, ambxs músicxs con proyectos propios que pisan cada día más fuerte en la escena local.

Paula Maffia es portadora de una ternura ingenua que encierra una experiencia larga de domar a sus propias bestias. Parte de esa identidad se escucha en su último disco, Polvo, su segundo disco solista. Las diez canciones que lo componen reafirman la voz madura de Maffia que, dejando un poco atrás su disco anterior – Ojos que ladran -, arriba a una especie de nuevo puerto en el que sus búsquedas narrativas se autosuperan. El disco, además de ser una gran obra, es un himno a nuevas formas de autonomía.

¿Cómo llegaste hasta el punto de sacar este disco? ¿Cuánto tiempo llevó?

Algunas de las canciones de Polvo las empecé a componer una vez que salió mi disco anterior [“Ojos que ladran”]. En mí, la creación funciona alternando tiempos de cosecha y siembra: cuando estoy cosechando no puedo pensar en otra cosa.

Cuando estaba en el momento final de mi disco anterior y salió, empezaron a aparecer las ideas. Las canciones se empezaron a cocinar a mediados de 2015. Corazón Licántropo es de fines de ese año, y el apogeo del disco fue cuando escribí “Polvo”. Las últimas que ingresaron fueron Otros animales y La espesura. Ya estaba trabajando con las Sons, y me dí cuenta de que tenía todo un hilo conductor de cuestionar al amor como institución. ¿Qué pasa si sustraemos el amor como lo conocemos? ¿Qué estamos tapando?

Este cuestionamiento al amor como lo conocemos, ¿representa una línea distinta a la de tu disco anterior?

En “Ojos que ladran” ataco más al lenguaje. A las cosas dentro del amor, dando por sentado que es ineludible,pensando que estamos sometidxs a ello. En “Polvo”, la pregunta fue: ¿qué no cubre esta cuestión omnipresente del amor? Lo no dicho, la metáfora, lo escondido: esas cosas que se esconden bajo amor y son otras cosas. Cuánto de esto se ve reflejado en el disco en sí, no sé; este es mi motor invisible que me lleva a pensar al disco en su totalidad. “Polvo”  parte de la base de que sí se puede pulverizar, y que parte del funcionamiento del amor es que sea pulverizable.

Hay una alusión constante al “lesbodrama” en el disco. ¿Qué narrativa es la del lesbodrama?

Uso más la de lesbian drama, y me gusta mucho porque sin ser un género se impuso como uno y todas las lesbianas lo avalamos. Hay un consenso en reírnos de nosotras mismas. Cuando decís lesbian drama, ya estás teniendo una mirada humorosa sobre el drama. Muchas mujeres me escribieron diciéndome que el disco las está ayudando a salir de una y está re bueno, porque yo escribí muchas de esas canciones con el corazón sangrante. Pero a mí la risa me parece superadora.

¿Se cumple un proceso para vos con la salida del disco?

Hay cosas que se ven en lo íntimo, sacar una obra no cauteriza una herida entre dos personas. Puede cauterizar la de una. Entre dos personas, las cosas se enmendan dialogando. Pero a veces no hay posibilidad de diálogo. Generar una obra siempre es terapéutico, entonces es una manera solitaria de dialogar con una misma y de abrir el diálogo a más personas.

¿Cómo fue la transición de Paula Maffía Orgía a Paula Maffía and Sons?

Siempre pensé que iba a ser un proyecto solista, porque desconocía el porvenir de ambas bandas.  Con la Orgía, muchas veces había problemas para tocar porque éramos un montón. Nahuel Briones empezó a tocar en esa formación, Lucy Patané después también. La Orgía, muchas veces había problemas para tocar porque éramos un montón. Una vez, en un show en el que casi no tenía músicas tocamos lxs tres juntxs y se armó una química ineludible.

¿Y ellxs formaron parte del proceso del disco?

Sí. Cada vez que trabajo con gente para mí es fundamental que mi obra se impregne de todo lo que esas personas puedan aportar. Mi canción es una obra bastante cerrada, pero es importantísimo que esté permeable a la colaboración de lxs demás. Ni bien componía una, antes de salir a tocarla sola, se la mostraba a lxs chicxs. Ahí se planteó la sonoridad que hace que a mí me cierre la canción después arriba del escenario.

¿Cómo elegiste los dos cortes?

“La Espesura” fue como en las películas. Volví de vacaciones con la canción y se la mostré a lxs chicxs. “Les voy a mostrar esta que es la que más me gusta”. Cuando lo hice, Lucy y Nahuel agarraron sendos instrumentos y se fueron sumando. Para cuando terminó la canción, ya habían hecho los arreglos. Fue mágico. Ocurrió algo de que esa canción nos gustó mucho a lxs tres, siempre que ingresa una canción nueva es buenísimo y esto fue maravilloso. Y Mili Morsella me ofreció hacer el videoclip de la canción, y su propuesta terminó de definir que fuera un corte. Me dijeron que el videoclip quedó medio Lynchesco. No estaba la intención, pero entiendo que genere eso. Me parece que es la manera en la que una persona dice que es bello y perturbador a la vez, cuando no entiende que le tiene que pasar. Y me gusta que sea eso, porque la idea justamente es una crisis en la protagonista que es Nina Suárez y el resto de la historia cada persona se lo imagina en la mente. No vamos a develar la historia que tenemos nosotras porque nos gusta que cada persona genere un diálogo con su propia psique. Es abierto a cualquier interpretación pero seteamos un mood de belleza, oscuridad, miedo y desconcierto: los ingredientes ideales para generar un thriller.

Es un gran hit. Fue la primera vez que se te vio plantada con la idea de que lo fuera.

Me pareció que la canción tenía ese espíritu. Yo nunca compuse con ese objetivo, pero es una canción muy hitera con verbos en subjuntivo (risas). Es muy ochentosa, es perfecto: ese pop de los ochentas totalmente pretencioso, siempre con humor. Yo estaba leyendo “Patrones de cultura” de Ruth Benedict, donde compara tres culturas, y ella analiza gran parte de las canciones rituales y había unas sobre cómo cantarle a los muertos. Como “te acompaño pero estate lejos, sos un muerto”. Está bien respetar a la muerte, pero no convivís con ella.  

Como la muerte en una relación.

Por supuesto, y es más grande que eso. Es la muerte de un arquetipo: de lo que esperamos de otras personas. De nuestrxs padres, madres, de qué tanto nos enseñaron lxs maestros, cuántas cosas fueron dichas y estaban equivocadas, cuánto maltrato hubo. El vínculo con las instituciones, la medicina, los deberes, las amistades. Hay gestos escondidos en las cosas y hay pequeñas heridas en gestos que parecen generosos. Es muy doloroso darse cuenta de eso. Las cosas no son o buenas o malas, hay complejidades un poco más tremendas y empezar a verlas es perder inocencia pero también ser más sabia. La canción que es más explícita en relación a eso es “Peces muertos”, que habla sobre  cómo pronunciarse es condenarse. La gente está a la orden del día para malinterpretarte, y está buenísimo. Asumimos el riesgo.

¿Cómo viviste la experiencia con la discográfica y el adaptar los tiempos de tu disco a procesos externos?

Siempre con tensión y horror (risas). Nada que se escape a mis planes me genera felicidad, pero regia. Siempre las fechas que una se va proponiendo en la mente son ideales, y en un mundo donde yo me autofinancio y no dependo absolutamente de nada, a veces cuándo termino un disco depende de cuándo termine de juntar ese dinero incluso. Entonces el disco tardó seis meses. Si yo hubiera tenido una discográfica que me hubiera dicho “el disco tiene que estar para tal fecha, el primer simple para esta otra, el segundo para tal fecha, el videoclip para tal fecha y ya tenemos el lugar cerrado para la presentación”, tenés un equipo de gente que se encarga de que respondas a esas fechas. Acá era como, “ideal llegar en tiempo y forma, como se pueda, y sufriendo lo menos posible”. Hasta ahora venimos sufriendo lo menos posible, así que el equipo está contento.

¿Y cómo fue la unión con Goza Records?

Me la encontré a Barbi Recanati varias veces. Me habló de Goza y un día tocando en Brandon para un evento de “El hecho maldito”, que es un programa que tiene una canción mía del disco pasado de cortina, se acerca Fede Vázquez, uno de los directores de FutuRock y me dice que quería que mi disco fuera el primero editado por FutuRock. Escuché ofertas de otros sellos y me quedé con Goza, me dieron ganas de ser parte de esa familia. La propuesta es increíble y Barbi Recanati me parece una de las personas más coherentes y manijas y geniales del universo, me encanta trabajar con ella.

Canción para bañar la luna, de María Elena Walsh, es el único tema del disco que no es tuyo. ¿Por qué sentiste la necesidad de incluirlo en este disco?

Porque esa canción no es mía pero es mía. No es de mi autoría pero me pertenece porque me rayó la existencia desde muy chiquita. Es el comienzo de una herida hermosa. La quise incluir en este disco por un lado porque la gente me la pedía mucho y me parecía que estaba bueno que tuviera una versión. Me gustaba mucho la que venía haciendo con Nahuel. Le daba dulzura al disco. Incluía una faceta mía infantil que me parecía importante volver a traer. “Polvo” es un disco de mucha reconciliación conmigo misma y volver como niña me parece muy cauterizante. Es una canción extraordinaria que me parece que puede perfectamente componer un disco de rock. María Elena Walsh es muy rockera, me parece la mejor música del rock nacional. En la intimidad me llevaba a pensar en dos seres que quiero mucho y que se fueron durante el transcurso del disco y estuvo muy bien que estuviera porque son maneras de cristalizarlos.

Te preguntan un montón sobre el under, pero ¿qué es el under? ¿Es que haya poca gente que escuche? ¿Es no depender de un sello?

Creo que es una consciencia de que sabés que no hay ninguna solución a vivir una vida como músicx. El under te vuelve más consciente de que sos un artista y no an artist: un artista en el sentido de que estás trabajando con un hecho artístico que por lo tanto es un hecho comunicacional y por lo tanto es un hecho político. An artist es un ídolo. Entonces me parece que ser parte del under es trabajar con esa consciencia de que todo es inestable, de que vivimos en un país en crisis permanentemente, de que tenemos completamente postergada la cultura, Estoy hablando obviamente desde el porteñocentrismo.

También se opone a una época dorada en la que la gente que pertenecía al selecto club de la industria musical tenía garantizado su porvenir indistintamente de su talento y su capacidad. Era un émulo de cosas que pasaron en los 60s, 70s y 80s que en el resto del planeta dejó de suceder y acá un poco se siguen emulando. Por eso seguimos esas figuras rancias de personajes oscuros y podridos y ya resquebrajados que siguen diciendo cosas siniestras y pronunciandose sin ningún tipo de criterio sobre sus palabras ni el daño que generan. Hay toda una comidilla real de personas que aparecen en la tele a decir cosas desfasadas con la coherencia de entender al prójimo y se le sigue dando lugar y opinión, es muy anacrónico para mí. Quizás pertenecer al under es esa consciencia de que eso no aporta, es decadente.

Creo que en ese sentido hay menos tolerancia en el under a artistas que son acusados de abuso, de violencia.

Sí, pero eso es porque el under tiene menos grados de separación entre lx músicx y el público, entonces el público está en contacto directo con el artista, y realmente puede arruinarle la carrera a alguien.Algunas de esas carreras merecen ser coartadas, porque estas personas las utilizan para hacer las cosas más infrahumanas que una se puede imaginar. Para mí es increíble y poderoso que se empodere el público, y ojalá suceda al punto tal que la mitad de este público, que posiblemente esté compuesto por mujeres, disidencias y varones despabilados diga, che, yo no voy a ir a un festival donde de 18 bandas 17 son de chabones, porque esto no es un recorte de la realidad.

Formaste parte del proceso de la Ley de Cupo de Mujeres en Festivales que se va a presentar y se va a votar este año. Primero, ¿cómo te posicionás en esta nueva especie de mapa donde de repente pesa mucho más la relación con el público y la identidad de lx músicx? Además, ¿cómo lo vivís como música? ¿Qué diferencias ves en relación a los primeros estadíos de tu carrera, que fueron pre Cromañón?

Cromañón fue tremendo. No fue una tragedia, fue una masacre. Eso nos sitúo en un lugar de responsabilidad que fue como un adultecimiento muy fuerte. Creo que nos impactó muchísimo y nos obligó a lxs músicxs a organizarnos.

Ahí empezaron a generarse las primeras situaciones como instituto de la música o agrupaciones de músicos unidos y organizados. Fue una primer época donde lxs músicxs nos generamos un rancho aparte de establishment musical por un lado y de cómo eso era manejado por Nación y Municipalidad y cómo estábamos a la deriva de situaciones habitacionales, reglamentarias, cómo venía funcionando el circuito de la música. Desaparecen los espacios para tocar, que en ese entonces eran boliches con el piso pegotado de birra. Los sótanos inmundos desaparecen.

Yo creo que ahí se generó como una gran división donde las personas que realmente íbamos a militar la música seguimos tocando y las personas que bueno, estaban ahí con la guitarrita, dijeron “noooo, yo vendo la guitarra, cuchame, salimos del 2001, estoy tocando y tres años después Cromañón”. Hay gente que dijo “sufi”. Y las personas que estábamos apasionadamente vinculadas con la música dijimos “no, hay que resistirla”.

Y se generó durante cuatro años, 2008 crisis, asume el macrismo en Ciudad entonces hay una caza de brujas a los pocos lugares que había para tocar. Tocábamos en cibercafés. En cualquier lugar donde podía entrar un grupo de personas, se tocaba. Obviamente pasamos de tocar de eléctrico a acústico. Lxs músicxs tuvimos que de pronto reinventarnos y lo tomamos como un ejercicio de habilidad con divertimento y con belleza. Yo era joven y me pareció algo que no me iba a detener, sino a fortalecer. La Cosa Mostra justamente es la banda que ilustra eso y después surgen Las Taradas.

La Cosa Mostra era mitad eléctrica y mitad acústica, teníamos los dos shows y de hecho se hermanaban los dos formatos. Las Taradas surgieron de ahí, de ese elogio a lo acústico. Ahora veo que las chicas jovencitas acceden a una escena donde hay músicas, mujeres pronunciadas que ya tienen un recorrido. Hay espacios para tocar. Felizmente también manejados por mujeres productoras. Estamos conectadas entre nosotras internacionalmente, las productoras y las músicas y las iluminadoras y las jefas de escenario conspiramos en conjunto, armamos festivales, fechas, movidas. Estamos trabajando multidisciplinariamente y desde lo artístico y lo técnico en combinación hermosa. Se genera un nuevo mapa sobre el antiguo mapa, un re-enraizamiento de posibilidades.

Grabar también es mucho más posible. Con este celular con el que me estás grabando podés tranquilamente grabar un demo y subirlo a la plataforma que quieras, y si tenés suerte y creatividad eso se va a volver bueno y ya comenzaste una carrera. Eso era imposible en mi época. Si yo quería tocar con una persona, tenía que poner un cartel en la sala de ensayo y esperar al lado del teléfono a que llamen.

Así que celebro todo eso que está sucediendo, y les pido que armemos la batalla más grande. Que abramos la cancha de la escena musical a todas las personas posibles. Que empecemos a cuestionar, y esto es para interpelar a colegas mujeres a que abran sus proyectos musicales a otras mujeres y disidencias, basta de tener solamente varones en tu banda. Confía en una sonidista, baterista, bajista mujer. No es solamente una cuestión de trabajo, sino de coherencia ideológica y de difusión de un mensaje mucho más grande. Y también pedirle al público que sea un consumidor responsable. Todxs hacemos la escena de la música. Que alguien dicte lo que es un parámetro de talento que básicamente es equitativo a cuántas personas llevás  es que básicamente estamos diciendo en una especie de falacia muy sencilla que los evangelistas son las personas más talentosas de la tierra. Privemos a estas personas de decir semejantes falacias.

¿Qué vida esperás para este disco? ¿Qué esperás que suceda?

Una cosa es lo que espero y otra cosa es lo que deseo. Lo que deseo es que viaje mucho y me lleve con él lejos, que me haga conocer mucho más de Latinoamérica. Que sea interpelado por un montón de personas y que logre trepar a la mayor cantidad de oídos y así a la mayor cantidad de corazones y mentes posibles. Eso es lo que deseo, honestamente.

Lo que espero es lo que depende bastante de mí en este momento y desearía que no dependa tanto de mí, sino tener un equipo más grande de trabajo. A veces es difícil en la autogestión generar equipos de trabajo a largo plazo y que conspiren en conjunto. Estamos haciendo lo que podemos y sobreviviendo y es un montón estar a la altura del deseo, más si corresponde a un deseo personal connombre y apellido, no a una marca más grande. Estoy aprendiendo cómo repartirme sin perderme.