Rodo Bulacio y Rolo Juárez: una historia de fantasías y peligros en la escena artística de Tucumán

Imagen de portada: Por Rodo Bulacio Una tempestad de fantasía y delirio. Así se podría definir a Rodo Bulacio y Rolo Juárez, dos artistas que renovaron la escena emergente de Tucumán durante los años 90. Ambos representaron una gran molestia para los valores conservadores de una provincia gobernada entonces por Antonio Domingo Bussi, genocida y […]

Imagen de portada: Por Rodo Bulacio

Una tempestad de fantasía y delirio. Así se podría definir a Rodo Bulacio y Rolo Juárez, dos artistas que renovaron la escena emergente de Tucumán durante los años 90. Ambos representaron una gran molestia para los valores conservadores de una provincia gobernada entonces por Antonio Domingo Bussi, genocida y responsable de extensos crímenes de lesa humanidad, que serían condenados recién en 2008. En este contexto, Bulacio y Juárez representaron dos pilares de renovación para un arte todavía muy asociado a la educación académica. Actualmente se presenta en Biga Art Gallery Preludio para la vida de un fauno, la muestra colectiva de estos dos referentes tucumanos bajo la curaduría de Carlota Beltrame. La exposición es una oportunidad para conocer una mirada particular sobre lo queer, lo camp y los imaginarios populares, motivos que fueron asociados siempre a las producciones artísticas porteñas que acontecían en el Centro Cultural Rojas, pero que tenían sincronías en diversas regiones del país. También es un tributo para Rodo Bulacio, asesinado en 1997 en su casa, un evento que marcó un antes y un después en la escena queer tucumana. 

Clásico y siniestro 

Para hablar de las trayectorias de Rodo Bulacio y Rolo Juárez es importante indagar en las coordenadas políticas de Tucumán, donde el terrorismo de Estado comenzó a desplegarse antes del golpe de 1976. En febrero de 1975, en el marco del Operativo Independencia, se instaló en Famaillá uno de los primeros centros clandestinos de detención del país: La Escuelita de Famaillá. El espacio, que todavía no había sido inaugurado como escuela, funcionó como centro clandestino de detención y tortura y, según El Archivo Nacional de la Memoria, por allí pasaron entre 2000 y 2500 personas. En conversación con LatFem, Carlota Beltrame, curadora de la exposición, artista, docente, investigadora, licenciada y doctora en Artes señala que los efectos de la dictadura continuaron con gran fuerza a pesar de su fin oficial en 1983: 

“Se puede considerar que en Tucumán la dictadura termina en el 86 porque hasta ese momento todavía había una censura muy férrea que caía sobre las prácticas artísticas, a tal punto que se tuvieron que exiliar varios artistas. Entonces, en el seno de la provincia se considera que la dictadura, con todos sus efectos, va a durar más tiempo que en otras provincias. Tené en cuenta que aquí, en democracia Bussi fue elegido como gobernador, pero también, y previamente, fue votado ocho veces, para que tengas una idea del tipo de sociedad en la que se van a insertar estos dos artistas.”

Retrato Rolo Juárez y Rodo Bulacio. Gentileza Biga Art Gallery.

La dictadura había dejado una marca muy importante en el tejido social y esto, con otro tenor, se transfería a la Universidad de Artes de Tucumán, una emblemática institución educativa donde prevalecían las disciplinas tradicionales de las Bellas Artes: la pintura, el dibujo, la escultura y el grabado. Este clásico modelo de enseñanza influyó durante décadas en estudiantes y artistas tucumanos. Tanto Bulacio como Juárez tuvieron sus recorridos particulares por la academia, pero siempre proyectando una obra de arte que involucraba algo más que la demostración de técnica, talento y erudición, valores provenientes del siglo XV europeo que hasta el día de hoy son utilizados como criterios para juzgar a artistas y obras. 

Brillos y desbordes 

En Preludio para la vida de un fauno se pueden ver más de 30 obras de Rodo Bulacio y Rolo Juárez. Bajo la mirada de Carlota Beltrame, las obras parecen responder con vehemencia e ironía a esa tradición conservadora que existía en el arte tucumano y en su esfera social. Lejos de la solemnidad, algunas piezas exploran las posibilidades de perlas y gemas de cotillón, materiales vinculados al universo doméstico y popular. Un Cupido bordado que dispara una flecha de amor; un autorretrato de Rodo, envuelto en margaritas, que es parte de una gran pintura que evoca al billete de un dólar, pero ahora con la figura del artista; xilografías de divas argentinas de los 90, como Mirtha Legrand y Susana Gimenez; videos de performances en la vía pública y en bares, Todo es parte un gran cóctel de carisma plebeyo que ilumina obras de arte sin un marco teórico preciso, nutridas de la educación emocional y de los gustos maricas, que son poco serios, poco intelectuales, muy superficiales y muy poco elevados para lo que la alta cultura espera de alguien que quiere ser artista. Gustos de genios pobres con puntos de vista disidentes. 

En su diverso conjunto de materialidades y formatos, las obras de ambos artistas tucumanos fueron realizadas en un contexto de políticas neoliberales, tan características de los años 90, donde el dinero era escaso y había que trabajar con materiales que pudieran estar al alcance de la mano. Atravesados por la desigualdad, la precarización y la necesidad de escapar de una tradición artística que les resultaba estéril, Rodo y Rolo conjuraron una sensibilidad que parodiaba las formas de belleza más hegemónicas, que entendía lo camp como un dispositivo artístico capaz de afirmar algo sobre su época sin ser panfletario ni burocrático, basado siempre en el humor y en la relevancia del absurdo. En la muestra se puede ver un video donde un grupo de varones tucumanos modelan llevando chorizos como prendas de moda. No son artistas ni chicos gay hegemónicos, son personas que Rodo Bulacio fue captando para sus performance y que también dan cuenta de una necesidad importante: involucrar y acercar el arte al pueblo. 

Apolo perlas, obra de Rolo Juárez. Gentileza Biga Art Gallery.

Sobre las obras de ambos artistas, Beltrame reflexiona: “Se puede ver cómo Rodo Bulacio, a pesar de sus muchas innovaciones trabajando con lenguajes híbridos de las artes visuales —objeto, instalación o performance—, también hacía grabado tradicional (xilografía a taco perdido). Lo interesante es la paleta vívida, luminosa y fresca, alejada del blanco y negro o los colores ‘tierra’. En cambio, Rolo Juaréz hoy hace una maniobra muy contemporánea con sus trabajos: los visita y los reformula. Esto pasa porque en Tucumán los artistas no suelen tener talleres de producción separados de sus hogares. Aquí los artistas trabajan en sus casas, muchas veces alquiladas, y cuando se mudan, las obras sufren. Eso ha pasado con las de Rolo, de manera que ha adquirido una costumbre peculiar que ya es parte de su proceso creativo y que es ‘visitarlas’ y repensarlas.

 El legado de Rolo Bulacio 

Rodolfo Bulacio nació en Monteros en 1970, durante la dictadura militar de Carlos Alfredo Imabud. Desde pequeño se interesó por la creación de inventos con los objetos que tenía a mano: zapatos, sabanas, telas y accesorios de las mujeres con las que convivió: Porota, su madre, Nancy y Agustina, sus hermanas, y Blanca, su abuela. A los 18 años ya mostraba signos de ser un provocador nato, cuando en 1988, para la reapertura del cine Teatro Marconi, pintó el mural Odisea Sex Symbol repletos de desnudos masculinos que generaron un gran escándalo en el pueblo. 

Su formación comenzó cuando se mudó a San Miguel de Tucumán en 1988. Allí estudió la carrera de Artes Plásticas en la Universidad de Tucumán, un lugar que le quedó chico: cuestionó la enseñanza académica e inició un recorrido que articuló arte y militancia. Su paso por la cátedra Taller de Grabado fue clave para algunas de sus obras más poderosas, que se pueden ver en la muestra. Atravesó el aclamado Taller C y tuvo como profesores a Marcos Figueroa, Geli González y Carlota Beltrame, artistas y docentes muy importantes de la escena tucumana. Con sus obras y grupos de performance como Tenor Graso, hizo énfasis en la liberación sexual, ocupando la calle, la entrada de bares y discotecas, y probando que la noche y el arte tienen varios puntos en común. 

Según Carlota Beltrame, en los tardíos años 80 los artistas tucumanos buscaron renovar la escena. Pone de ejemplo a Ely Cardenas, Rolando Gallardo -alias Roly Bon-Bon. Ellos introdujeron el pastiche y la autorreferencialidad en sus prácticas, o Daniel Rivero, un artista que propuso colores más saturados en sus pinturas. En estos intentos de construir un arte por fuera del legado de los grandes maestros, fue que en los años 90 artistas como Rodo Bulacio, Rolo Juárez y muchos otros aparecieron para generar un cambio de paradigma en Tucumán.  

A casi tres décadas del crimen de odio que apagó la vida de Rodo Bulacio, la muestra curada por Carlota Beltrame en Buenos Aires enciende el legado de dos maricas que con una revuelta estética tiñeron de alegría disidente los años más corrosivos de la postdictadura tucumana. "Preludio para la vida de un fauno", es un recorrido por la trayectoria de Rodo Bulacio y Rolo Juárez: una obra de cotillón, ironía y activismo con la que desafiaron el conservadurismo bussista.
Adoremos al Señor. Xilografía de Rodo Bulacio. Gentileza Biga Art Gallery.

“Rodo destacaba no sólo por su talento, sino por su personalidad arrolladora. Fue un artista que trascendió lo disciplinar, indagando en pos disciplinas como la instalación, el objeto, el diseño de indumentaria y la performance. Asimismo, profundizó lo autorreferencial y los gestos mínimos de la cultura popular urbana. Eso también era nuevo en la escena local, muy habituada a los ambiciosos relatos propios de los realismos críticos. Finalmente, fue un pionero en el discurso queer  por lo que hoy se puede ver su retrato en publicaciones, flyer y pancartas de la comunidad LGBTQ+. Chiques que no lo conocieron lo admiran e imitan”.

Rodo Bulacio fue asesinado en el verano de 1997, en un crimen de odio motivado por su orientación sexual. Este lamentable episodio sucedió durante el gobierno democrático del represor y genocida Antonio Domingo Bussi. En marzo, el cuerpo del artista fue encontrado calcinado en el departamento en el que vivía, sobre la calle Marco Avellaneda, en San Miguel de Tucumán. Gracias al rápido accionar de la familia y la insistencia para que se haga justicia, dos de los tres imputados recibieron la condena máxima. 

Durante la década de 1990, el gobierno de Carlos Saúl Menem otorgó indultos a represores de la última dictadura militar, entre ellos Bussi, quien se vio beneficiado por esto. Este clima tan corrosivo para las disidencias, solo promovió más violencia contra Rodo y sus pares. A pesar de esto, su compromiso con el arte se vio intacto y redobló la apuesta: más performances, más experiencias vitales, muchas más invitaciones a que Tucumán no se transformara en el nido seco del acoso policial, los movimientos de derecha y el régimen heteronormado.

Preludio para la vida de un fauno no es solo una muestra. Es un fruto húmedo para pensar una historia del arte contemporáneo en Tucumán; una historia de las crueldades que suceden en los pueblos; una historia de dos maricas que le rindieron culto a una belleza silvestre y melodramática. Rolo Juárez decía que Rodo Bulacio tenía la capacidad de ponerle un moño a las cosas para así darles la vuelta y dejarlas perfectas. Esto se percibe en las obras de ambos: una estela de alegría que quiere colorear un paisaje donde se asentó la muerte.


Preludio para la vida de un fauno, con curaduría de Carlota Beltrame se puede visitar hasta el 6/11, de martes a viernes, de 11 a 19 h, y los lunes y sábados, con cita previa, en Biga Art Gallery. Dirección: Arenales 1881, Buenos Aires, Argentina.