Arte de portada: Seelvana
Escribo este texto al filo de tres obsesiones capturadas acaso por una cuarta: el archivo, el fragmento, la ruina, y el lesbianismo.
Aunque citar Mal de archivo de Derrida para decir cosas acerca de los archivos pueda estar cerca de un gesto snob o ya manido hasta el cansancio, o ambas intercambiablemente; el ejercicio de relectura de este texto ofrece algunos puntos de diálogo posibles para conversar sobre la idea de legado, sobre las perturbaciones identitarias que habilita pensar el gesto de archivar, sobre la manera en que construimos escrituras, vidas y lecturas en torno a nuestras existencias lesbianas.
El gesto especular sobre las genealogías tortilleras, los dispositivos autogestivos que recolectan materialmente huellas indiciarias de nuestras existencias y los rituales como agenciamientos en presente continuo de dicha inscripción erótica que es el lesbianismo, conforma un pulso al silencio como modo de clausura, a la historia codificada heteronormativamente.
Archivo
Hay una breve referencia en Mal de Archivo a una idea de Lou Andreas Salomé en relación con el significado de la supervivencia que me resulta atractiva. El pasado, el archivo en su modo espectral de habitarnos, no retornaría como un resabio de aquello reprimido sino como una suerte de exceso de vida que resiste tanto a la codificación normativa de la historia como al designio simbólico del padre, de la ley, de la palabra. Una supervivencia de un exceso de vida que bulle, que pugna por permanecer de pie, o reptando, pero con la mirada dirigida, frente a la volición de aniquilamiento. Archivar en modulación lesbiana podría pensarse como encarnar una desobediencia diferida.
Azar prosaico y obstinado de lo que sobrevive, eso organiza un archivo, porque la voluntad de recoger fragmentos es caprichosa y animada por el oleaje de espacios y tiempos diferidos en inscripciones subjetivas. He ahí la elisión de la ley de archivo que cincelaron los hombres, los estados. No hay archivo sin mal de. Hay reverberar deseante que es fuga y derrumbe. Ruina. El archivo lesbiano es una modulación de la ruina. De la ruina del monolingüismo de las historias posibles, de los afectos clausurados, de las políticas codificadas, de los futuros guionados por la crueldad.
Fragmento
En Ni bosque ni sonido. Vida, Fragmentos y Máscaras de Safo, su autora, Mariana Gardella define con una belleza radical la noción de fragmentos: “… son cuerpos que se parecen a los nuestros, anatomías exhaustas”. En esta sentencia veo acaso la fuerza de la fragmentación como gesto metodológico de nuestros archivos lesbianos. La política que emerge del mal de archivo lesbiano discute, vulnera y recrea la idea de genealogía y/o referencia. Hay un efecto médium que invoca esos fragmentos de vida para componer materialmente la nuestra en presente, con todas las muertas al unísono, también. Es una coreografía viviente antes que un gesto reparador o nemotéctico, desjerarquiza para decirlo con vir cano, el peso normativo del pasado para nuestras militancias presentes y futuras. Interroga sobre como reescribir desde el desguace, narrativas emancipatorias, deseantes y colectivas más situadas, más suaves, menos desiderativas.
Ruina
El sustantivo del archivo es la ruina. Etimológicamente la palabra ruina, sus derivas y apropiaciones a lo largo del tiempo habilitan un juego vibrante para pensar nuestro gesto de archivo. El término latino hace directa referencia a un doble sentido: precipitarse/derrumbarse y excavar. Caída violenta y hacer un hueco. Lo que me interesa en la transitividad de este término, es que supone algo que altera una estructura o una materia. Hay algo telúrico en pensar los archivos como compendios de ruinas. Hay algo poderoso en pensar los archivos en su dimensión material, en su viscosidad viva. Y cuando digo viva no digo solo humana, claro. Lo ruinoso es lo incompleto, el resabio, una huella de imposibilidad. No obstante, y al leer nuestro gesto de trazar genealogías lesbianas, esta cualidad le otorga la potencia del desarme. De la invención o del acto de fugarse de las estabilizaciones de la forma: narrativa, vital, deseante. Pensar los archivos lesbianos como compendios inestables de ruinas, desinstituye un deber ser frente al gesto memorialista y lo vuelve futuridad, porvenir. Materia de una apropiación permanente por aquellas fugitivas que vengan.