Aún estamos aquí: la virada histórica de Lula, un triunfo de la soberanía

Contra todos los pronósticos de las encuestadoras, Luiz Inácio “Lula” da Silva fue reelecto como presidente de Brasil con el 51,79% de los votos. A sus 80 años, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) le dará inicio a su cuarto mandato tras derrotar a Flávio Bolsonaro. Entre las calles y las redes, claves para entender cómo se gestó una victoria histórica.

Foto de portada: Ricardo Stuckert.

Contra todos los pronósticos de las encuestadoras, Luiz Inácio “Lula” da Silva fue reelecto como presidente de Brasil con el 51,79% de los votos. A sus 80 años, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) le dará inicio a su cuarto mandato tras derrotar por segunda vez al clan Bolsonaro, esta vez representado por Flávio, que obtuvo el 48,21% en el balotaje presidencial. ¿Cómo se conquistó este resultado? “Tenemos que entender que el pueblo todavía sabe movilizarse y salvarse a sí mismo”, sintetizó Sabrina Fernandes, economista política y socióloga brasileña y una de las impulsoras de la estrategia “Vira voto”. Esa fue una de los tantos métodos implementados por el PT de cara a la segunda vuelta y que tuvo como eje la masividad en las calles y las redes, el protagonismo de las juventudes y la escucha para activar la empatía social que, sumada a la trayectoria política del líder más importante de América Latina, hicieron del balotaje una elección histórica que sorteó las injerencias de Estados Unidos y las big tech, y se plantó en defensa de los derechos humanos, la democracia y la soberanía en Brasil.

Foto: Ricardo Stuckert.

Barajar y darla vuelta

“Los oficialismos no reeligen en América Latina”. “Es imposible remontar el resultado después de perder en primera vuelta”. “Mostrar multitudes no se traduce en votos”. Fueron algunas de las fórmulas repetidas tras la primera vuelta en Brasil para augurar que el balotaje sería el fin de Lula. Pero su reelección dejó claro que en política no hay verdades talladas en piedra y, mucho menos, si quien tiene el desafío de dar vuelta el resultado es Luiz Inácio Lula da Silva, un dirigente político que mostró capacidad de reinventarse para conquistar multitudes y seguir así esgrimiendo el liderazgo del progresismo latinoamericano.

Lula no solo ganó, sino que dejó una marca histórica al convertirse en el primer presidente de Brasil en ganar una elección luego de perder en primera vuelta. La revitalizada campaña recuperó 10 millones de votos y encabezó los resultados por una diferencia de más de cuatro millones para consagrar el triunfo. En definitiva, Lula llegó a quienes se abstuvieron; a quienes votaron nulo y blanco; y a quienes optaron en primera vuelta por otros candidatos, es decir, mucho más de lo esperado.

Al contrario, su adversario, le dejó como regalo de cumpleaños la salida del país en un contexto de confusión y desinformación que acabó con una carta en tono golpista, que intentó deslegitimar el proceso electoral. A menos de 48 horas de la victoria de Lula, a pesar de las promesas que había hecho sobre prestar cuentas ante la Justicia por los casos de corrupción y lavado de dinero de los que está acusado, Flávio Bolsonaro se fugó de Brasil hacia Estados Unidos en un escape que contó con la complicidad de, al menos, los gobiernos de Javier Milei, en Argentina, y de Donald Trump, en Estados Unidos.

Ganar en las calles y en la redes

¿Cómo lo hizo? Es la pregunta que se repite hace días en medios y redes sociales, en la cabeza de analistas y especialistas en márketing político que no vieron venir el triunfo de Lula. La estrategia hizo pie en dos aspectos: en las calles y en las redes. Tras la primera vuelta, las juventudes estuvieron al frente de esa batalla en ambos planos: en Brasil, los jóvenes de entre 16 y 29 años representan al 21,55% del electorado. Esa apertura generó un diálogo “intergeneracional” e interconectado, apuntó Bia Besen, coordinadora del proyecto Monitor Joven del Instituto Democracia em Xeque. Ese movimiento fue clave para ocupar diferentes campos y, con mensajes claros, romper las burbujas en las que nos encierran los algoritmos: elegir a Lula, generar una respuesta ante la amenaza de la extrema derecha y resguardar la democracia.

Las formas fueron varias y complementaron una campaña “tradicional” con experiencias de nativos digitales y del cuerpo a cuerpo, plantearon Fernandes y Besen y así generar un “efecto multiplicador” en las redes, proponer una “escucha activa con conversaciones profundas” con el electorado más apático, que votó nulo, se abstuvo o, incluso, votó al contrario en la metodología de “Vira voto”; y se sumó el protagonismo diputadxs federales electxs ultrapopulares como Guilherme Cortez (del PSOL de San Pablo, de 28 años) y Ana Elisa (del PT de Minas Gerais, de 21); además del ya reconocido como “comandante” André Janones (Rede, de Minas Gerais, de 42 años) a cargo del grupo de WhatsApp “El ejército de Lula”, en donde más de diez millones de personas recibían información de campaña con misiones a implementarse en redes sociales.

Foto: Ricardo Stuckert.

“Fue histórica la participación juvenil y adolescente”, afirmó Besen, que señaló que en ese punto la articulación de Cortez y Ana Elisa con los movimientos estudiantiles y universitarios fue clave para defender las políticas públicas para enfrentar la deserción escolar o de incentivo a microemprendedores ya implementados por el Gobierno. Según el seguimiento del Monitor Joven, ambos diputadxs electxs, en la segunda vuelta pasaron a imponerse en las redes sociales con 19 y 11 millones de interacciones, respectivamente, por sobre los perfiles de jóvenes de la extrema derecha que hasta ese momento habían liderado las conversaciones.

Con ellxs dos, entre otrxs, Lula apareció haciendo videos selfies e implementó un lenguaje “más directo y asertivo, ataques a los adversarios y colaboraciones constantes entre los perfiles”, marcó sobre el mandatario que pasó de 1,7 a 7,9 de millones de interacciones sólo en Instagram. “La campaña parece haber despertado en muchos jóvenes un sentimiento de que estaban participando de una lucha contra un proyecto peligroso. Involucrarse en esa disputa fue un acto de rebeldía y una forma de reconocerse como parte de la construcción de una resistencia democrática”, reapropiándose así de la rebeldía que la extrema derecha quiso asumir como propia, destacó la analista.

A entender de Fernandes, la suma de todas esas fuerzas “hizo que más personas se sintieran empoderadas, como sujetos políticos capaces de cambiar la historia de Brasil en ese momento”. Más de unx debe haberse emocionado con viejitxs de bastón o en silla de ruedas pidiendo que les lleven a votar, a pesar de no estar obligados por la ley; o de personas que viajaron miles de kilómetros y tantas otras ofreciendo ayuda para llegar al centro de votación en un despliegue de solidaridad que atravesó fronteras.

Ese accionar se llevó adelante en medio de sabotajes de las big tech, que favorecieron a perfiles de la extrema derecha por sobre los de izquierda, al igual que hicieron en diferentes procesos electorales a lo largo de América Latina. “Uno de los principales temas de debate fue la injerencia de las grandes empresas tecnológicas extranjeras en el proceso electoral, y este debate es esencial para que podamos contar con procesos electorales democráticos en nuestros países. Quedó demostrada la enorme importancia de regular a empresas como Meta y el riesgo que representan para la democracia. Esa fue una de las cuestiones que Lula planteó en su discurso inmediatamente después de la victoria, al hablar de la importancia de regular a las grandes empresas tecnológicas y de no ser rehenes de ese tipo de injerencia. Creo que este debate también debería ocupar un lugar fundamental en las luchas populares de nuestros países”, afirmó a LATFEM Samiyah Becker, doctoranda en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de San Pablo.

Fotos: Midia Ninja.

Ahora bien, de acá en adelante, para Besen seguir hackeando los algoritmos a pesar de las bigtechs dependerá también de “sostener” el vínculo que se creó con las juventudes y el diálogo intergeneracional: “Responder a las dificultades que las juventudes tienen para trabajar, estudiar y construir sus vidas dando condiciones para que puedan proyectar un futuro mejor”, apuntó.

El Congreso: el gran desafío de hoy y mañana

Las articulaciones en el Congreso también fueron fundamentales de cara a la segunda vuelta, así como lo serán en el próximo mandato del ex líder metalúrgico. En el interín y en medio de la remontada, Lula se articuló con parte del centrão  y, junto con la presión en las calles y en las redes, se conquistó la reforma del “fin de la escala 6×1”, que redujo la jornada laboral a cinco días y dos de descanso (5×2) y de 44 a 40 horas por semana sin reducción salarial a ser implementada dentro de dos meses. Luego de ese hito, que impactará en la vida de unas 40 millones de personas, Lula  sumó el proyecto de ley que va por la gratuidad del servicio de transporte público los fines de semana. Antes de la primera vuelta, también había anunciado otra medida de gran impacto: la prohibición del sistema de apuestas online conocidas como “bets”, una de las principales fuentes de endeudamiento en los hogares brasileños.

Ahora bien, si miramos hacia los próximos cuatro años, el escenario cambió bastante en las últimas horas antes del cierre de esta nota. Hasta antes de que se supiera el resultado arrasador de la segunda vuelta y de que Flávio Bolsonaro saliera del país, el hecho de que el Partido Liberal (PL) —al que están afiliados los Bolsonaoro— haya ganado mayorías en la Cámara de Diputados y de Senadores planteaba un escenario sumamente adverso para el oficialismo lulista, con posibilidad incluso de proponer impeachment para magistrados en la Corte Suprema o imponer a los presidentes del Congreso. Sin embargo, en el nuevo escenario, el PT actuó con rapidez y comenzó negociaciones con el centrão, el grupo de partidos sin ideología propia, pero clave para los Ejecutivos con quienes podría disputar la mayoría a los liberales. Aunque eso no necesariamente garantice estabilidad en el vínculo entre ambos poderes, es un paso hacia adelante que, por ahora, parece darle a Lula margen de maniobra. En tanto, para la oposición del Partido Liberal y otros aliados del bolsonarismo, de alguna manera, la salida del senador abrió la puerta a la disputa por el liderazgo opositor dentro del país.

“Cada elección que pasa el Congreso se vuelve cada vez peor. Es importante que el gobierno de Lula entienda que eso no significa flexibilizar su relación con la derecha apenas para garantizar gobernabilidad. Espero que en esta remontada histórica haya convencido al presidente de que él cuenta con el pueblo y que lo puede llamar para movilizarse para conquistar lo que necesitemos en el Congreso, ya no estamos en 2016 (N de R: año del golpe contra Dilma Rousseff)”, advirtió Fernándes sobre lo que debería tomarse en cuenta desde el próximo Ejecutivo para los próximos cuatro años. En la misma línea, dejó apuntes para la población: “Cuando el presidente se demore en llamar a las personas a salir a la calle, que sepamos que podemos ir igual, sin miedo de la movilización popular, con estrategias para eliminar infiltrados y distracciones”.

Foto: Ricardo Stuckert.

Las articulaciones en el Congreso también fueron fundamentales de cara a la segunda vuelta, así como lo serán en el próximo mandato del ex líder metalúrgico. En el interín y en medio de la remontada, Lula se articuló con parte del centrão  y, junto con la presión en las calles y en las redes, se conquistó la reforma del “fin de la escala 6×1”, que redujo la jornada laboral a cinco días y dos de descanso (5×2) y de 44 a 40 horas por semana sin reducción salarial a ser implementada dentro de dos meses. Luego de ese hito, que impactará en la vida de unas 40 millones de personas, Lula  sumó el proyecto de ley que va por la gratuidad del servicio de transporte público los fines de semana. Antes de la primera vuelta, también había anunciado otra medida de gran impacto: la prohibición del sistema de apuestas online conocidas como “bets”, una de las principales fuentes de endeudamiento en los hogares brasileños.

Ahora bien, si miramos hacia los próximos cuatro años, el escenario cambió bastante en las últimas horas antes del cierre de esta nota. Hasta antes de que se supiera el resultado arrasador de la segunda vuelta y de que Flávio Bolsonaro saliera del país, el hecho de que el Partido Liberal (PL) —al que están afiliados los Bolsonaro— haya ganado mayorías en la Cámara de Diputados y de Senadores planteaba un escenario sumamente adverso para el oficialismo lulista, con posibilidad incluso de proponer impeachment para magistrados en la Corte Suprema o imponer a los presidentes del Congreso. Sin embargo, en el nuevo escenario, el PT actuó con rapidez y comenzó negociaciones con el centrão, el grupo de partidos sin ideología propia, pero clave para los Ejecutivos con quienes podría disputar la mayoría a los liberales. Aunque eso no necesariamente garantice estabilidad en el vínculo entre ambos poderes, es un paso hacia adelante que, por ahora, parece darle a Lula margen de maniobra. En tanto, para la oposición del Partido Liberal y otros aliados del bolsonarismo, de alguna manera, la salida del senador abrió la puerta a la disputa por el liderazgo opositor dentro del país.

“Cada elección que pasa el Congreso se vuelve cada vez peor. Es importante que el gobierno de Lula entienda que eso no significa flexibilizar su relación con la derecha apenas para garantizar gobernabilidad. Espero que en esta remontada histórica haya convencido al presidente de que él cuenta con el pueblo y que lo puede llamar para movilizarse para conquistar lo que necesitemos en el Congreso, ya no estamos en 2016 (N de R: año del golpe contra Dilma Rousseff)”, advirtió Fernándes sobre lo que debería tomarse en cuenta desde el próximo Ejecutivo para los próximos cuatro años. En la misma línea, dejó apuntes para la población: “Cuando el presidente se demore en llamar a las personas a salir a la calle, que sepamos que podemos ir igual, sin miedo de la movilización popular, con estrategias para eliminar infiltrados y distracciones”.

Ganarle al imperio: patio trasero de nadie

Estas elecciones tuvieron lugar en medio de un desorden mundial y de una injerencia sin disimulo de Estados Unidos sobre América Latina, mediante el despliegue de la Doctrina Monroe en su corolario Trump. Con esta estrategia, Washington pretende arrogarse la propiedad del hemisferio occidental y subordinar los países de la región a su dominio. Sin embargo, los mecanismos de desestabilización económica y deslegitimación de los procesos electorales, por poner algunos ejemplos, no fueron tan sencillos de aplicar en Brasil.

Samiyah Becker afirmó que “tras una sucesión de elecciones en la región, cada una traía un nuevo aliado de Trump y del Escudo de las Américas. Parecían contiendas imposibles contra el imperio, que había desplegado todas sus armas, en un escenario mundial donde la ultraderecha ocupa cada vez más terreno. La victoria de Lula, en uno de los países geopolíticamente más importantes de Latinoamérica, rompió esta secuencia aparentemente implacable y demostró que es posible, mediante la movilización popular y la defensa de un programa de soberanía nacional y justicia social, ganar apoyo popular. Con Lula como presidente, la influencia de Trump en Latinoamérica sufre un revés, y Brasil, debido a su peso político y económico, se convertirá en un importante contrapeso en la geopolítica de la región. Sin embargo, esto no significa que la ultraderecha haya sido completamente derrotada; al contrario”. Habrá que ver cómo se traduce el apoyo de Trump a Flávio Bolsonaro en Estados Unidos y qué incidencia podría tener.

Fotos: Midia Ninja.

En términos regionales, el triunfo de Lula en Brasil trae aliento al progresismo latinoamericano aunque hacia afuera deberá convivir en una región mayoritariamente alineada con la extrema derecha estadounidense, “incluyendo la presencia de tropas estadounidenses en países fronterizos”, tal como señala la investigadora. Agrega que “Trump cuenta con muchos instrumentos para ejercer presión: sanciones económicas, persecución a autoridades políticas y aranceles hasta amenazas de intervención militar. Pero también vemos que muchos gobernantes de extrema derecha en la región ya están enfrentando grandes desafíos, con baja popularidad y crisis económicas y de seguridad pública”.

Por otro lado, en el caso de Bolsonaro le hablaba al mercado financiero, al agronegocio y para esto buscó “presentar el proyecto de Milei como una experiencia exitosa, principalmente por la reducción de la inflación y los resultados de superávit fiscal, para implementar en su país. Sin embargo, los datos de la economía interna argentina —como el desempleo, el aumento de la pobreza, el cierre de fábricas y el deterioro de las condiciones de vida de la población— fueron rápidamente utilizados por la oposición progresista para alertar sobre los riesgos de ese proyecto”. Si bien este debate tuvo impacto en el proceso electoral, la investigadora sostiene que es difícil medir cuánto influyó en los resultados. Sin embargo, considera que “la comparación entre Lula y Milei ayudó a poner de relieve precisamente esas diferencias, mostrando lo que significan, en la práctica, los proyectos que defienden recortes en el gasto público, la reducción del papel del Estado y el alineamiento con los intereses de Estados Unidos. Este debate pudo haber contribuido a mostrar con mayor claridad los efectos negativos de los proyectos de la extrema derecha para la región, sobre todo al contrastar el modelo económico de Lula con el de Milei”.

“Soy bueno en el mata-mata”

Así cerró Lula su discurso el pasado 4 de octubre, pero no se resignó. “Soy bueno en el uno a uno”, dijo el presidente que nunca ganó en primera vuelta y se transformó en el político más votado de la historia de Brasil y el primero en dar vuelta un resultado desfavorable en un balotaje para emprender desde enero su cuarto mandato como presidente dos veces reelecto. Una virada épica, una remontada que en esta tempestad es, sin dudas, un acontecimiento histórico.

Sin embargo, en esta gesta, Lula no estuvo solo. Fue abrazado por multitudes que deberán verse reflejadas en el gobierno Lula IV. Besen planteó que será fundamental, incluso, en próximas campañas ante un PT que viene perdiendo territorio elección tras elección: “La participación de las juventudes necesita encontrar espacio en las decisiones de gobierno y en las estrategias para disputar las próximas elecciones municipales. Los jóvenes demostraron capacidad de movilización y de cambiar de rumbo una campaña. Es necesario reconocer eso, también, a la hora de definir los rumbos políticos de las izquierdas en los próximos años.

Foto: Ricardo Stuckert.

“Se trata de organización, convocatoria y pedagogía política”, dijo Fernandes, que propone que la izquierda brasileña y el campo popular democrático se declaren en estado de “movilización permanente”, una práctica que el PT dejó de lado en los últimos años, para pasar a incluir a toda la población y no sólo a militantes e intelectuales. La premisa, a su entender, es “hablar de política siempre” y ser “visiblemente contra la extrema derecha siempre y no sólo en momento de elecciones”, educar y ayudar a las personas a identificar la desinformación, son las claves que aportó.

Lula, que parece un ave fénix que no deja de reinventarse en cada paso que da en la vida, pareciera haber escuchado y ante una Avenida Paulista colmada se comprometió a hablarles directamente, sin la intermediación de la prensa tradicional, a hacer “el mejor gobierno de la historia”. Con la voz con carraspera, cerca de la medianoche y subido a un camión sin techo, el ex líder metalúrgico sin título universitario cuatro veces electo presidente, agradeció y con una mano en el corazón, reconoció: “Esta victoria es de ustedes”.