Estados Unidos también “viró voto”: el pueblo derrotó a Trump y los tecnomagnates

Donald Trump fue derrotado en las elecciones de medio término y atraviesa una dura crisis política que expone la debilidad de su gobierno y las disputas al interior del Partido Republicano. El presidente todopoderoso de Estados Unidos no solo perdió el control de la Cámara de Representantes y del Senado, también perdió Estados clave de […]

Donald Trump fue derrotado en las elecciones de medio término y atraviesa una dura crisis política que expone la debilidad de su gobierno y las disputas al interior del Partido Republicano. El presidente todopoderoso de Estados Unidos no solo perdió el control de la Cámara de Representantes y del Senado, también perdió Estados clave de tradición republicana, como Texas o Kansas, en los que en 2024 ganó sin mayores problemas y que ahora se pintaron de azul demócrata. Los 475 millones de dólares que aportó Elon Musk a la campaña republicana marcaron un récord que no dio los resultados esperados y tanto el voto latino como el de las mujeres fue crucial para este giro inesperado.

La magnitud de este giro también se refleja en las candidaturas que resultaron ganadoras. Por primera vez en la historia de Estados Unidos, un musulmán, el médico Abdul El-Sayed, será senador; en Georgia, Keisha Bottoms fue elegida gobernadora y será la primera mujer negra en llevar ese cargo; una mujer de ascendencia mexicana, Gina Hinojosa, se convirtió en la primera latina en gobernar Texas, un Estado históricamente conservador; en Nueva México, Deb Haaland es la primera mujer indígena en convertirse en gobernadora en la historia norteamericana; y Chris Pappas, en New Hampshire, será el primer senador abiertamente gay de Estados Unidos. La opción partidaria y los nombres evidencian que estas elecciones de medio término muestran un drástico rechazo a los valores representados por la ultraderecha.

Sin embargo, los resultados no solo expresan los valores en disputa en esta elección, sino también la percepción concreta del impacto de las políticas trumpistas en la vida de los estadounidenses: las consecuencias de financiar la guerra contra Irán, la suba en el precio de los combustibles, el incremento del costo de vida, la bestial política anti migratoria ejecutada por las fuerzas de ICE, y expresiones de la crisis que se manifiestan en materia de salud, educación y vivienda. “No se esperaba una derrota tan contundente para Trump”, asegura Gabriel Merino, analista de política internacional y Doctor en Ciencias Sociales, a LATFEM.

—¿Cuáles son las claves de un resultado de estas características?

Creo que eso se debe a algunos aspectos centrales como la guerra en Irán que fue un punto de inflexión porque rompió la promesa de no sostener más guerras eternas. Esto impactó en la sociedad en general pero sobre todo en algún sector de los republicanos que también están cansados de los costos de esta política exterior estadounidense. Asociado con la guerra está la disparada inflacionaria que, si bien es un problema desde hace muchos años en Estados Unidos, el estancamiento relativo de los salarios y el ingreso de los trabajadores contrasta mucho con las súper ganancias de las empresas. Mientras las petroleras y la industria armamentística hicieron un gran negocio con la guerra, los agricultores pagaron la suba del precio en el diesel, los trabajadores los aumentos de la energía y de los precios de los alimentos. Hay otros aspectos importantes como la política de ICE, esta persecución a migrantes, a hispanos, incluso a estadounidenses ya nacionalizados pero que tienen rasgos migrantes, le hizo perder a Trump muchos sectores de comunidades latinas que venían de un voto republicano como en Texas. Incluso en Florida cambió bastante el mapa de la elección ahí aunque no haya habido un triunfo demócrata. Otro punto es la corrupción de la familia Trump y los negocios que hacen en el exterior con su cuñado aprovechando negociaciones de Estados Unidos con otros países para beneficiarse personalmente. Algo parecido sucede con la emisión de las “meme coins”, o con el caso Epstein que también está presente y tuvo una fuerte repercusión.

—A medida que la desaprobación de su gestión subía, Trump buscó condicionar con diferentes estrategias el escenario electoral. Rediseñó distritos electorales mediante una práctica conocida como gerrymandering, la purga de padrones electorales, degradar el voto por correo y hasta disponer de fuerzas del ICE en centros de votación para desalentar la participación migrante. A pocos días de la elección, cuando las encuestas vislumbraban con tendencias más claras la derrota en ambas cámaras, Trump sostuvo que si eso sucedía se convertiría en Mr. Veto. ¿Te parece posible que avance con un plan de gobernar sin Congreso?

Es difícil. Si bien Estados Unidos tiene un sistema presidencialista muy fuerte con muchas atribuciones por parte del Ejecutivo en materia, por ejemplo, de política exterior, ahora se le vienen batallas muy concretas como el presupuesto y sin control de ambas cámaras es problemático. Otro tema son los juicios políticos, los pedidos de informe en un gobierno que además, tiene muy poco apoyo popular, ha perdido iniciativa estratégica y tiene una fractura cada vez más creciente dentro del Partido Republicano. Trump es un “pato super rengo” ahora, porque no solo no puede reelegir sino que además del Senado perdió la Cámara de Representantes. Habrá una lucha feroz por la sucesión.

—Mientras en redes sociales se alimentan rumores de distanciamiento del secretario de Estado, Marco Rubio, el vicepresidente JD Vance se despega y señala a la guerra en Irán como causa de la derrota. Las fricciones republicanas comienzan a exponerse con los nombres de quienes podrían estar en juego para la sucesión de Trump. En simultáneo, las figuras demócratas cobran más protagonismo —como la flamante alcaldesa de Washington DC, Janeese Lewis— o incluso aquellas que fueron reelectas como la reconocida congresista Alexandra Ocasio Cortéz y la estadounidense somalí Ilhan Omar, identificadas con el ala del socialismo democrático dentro del Partido Republicano. ¿Qué lugar ocupan los socialistas democráticos (DSA) en este resultado y qué perspectivas tienen dentro del Partido Demócrata?

Es una corriente en ascenso. Creo que tiene que ver cada vez más con esta sensación de pérdida de calidad de vida, de pérdida de ingresos reales, más allá de que los números macro puedan dar bien. Es una burbuja nominal financiera que no se traduce en la economía real porque se siente que cada vez es más difícil comprar una casa, pagar los impuestos, las familias están sobreendeudadas; hay problemas de infraestructura, de transporte, salud, educación, de vivienda. Entonces, hay un sector de los demócratas que históricamente estuvo representando en Bernie Sanders y ahora aparecen otras figuras, como Alexandra Ocasio Cortez o el alcalde de Nueva York, Zohan Mamdani. Incluso algunos no se identifican como socialistas democráticos pero se pueden ver ciertas agendas comunes como es el caso de Abdul El-Sayed, senador electo de Michigan. El crecimiento de este sector es una de las expresiones de la crisis, así como por derecha el crecimiento de MAGA expresó en su momento cierta crisis contra el establishment republicano y también fue articulando algunas demandas de problemas más cotidianos de la gente.

—Después de respaldar a sus alfiles de ultraderecha en América Latina, a Donald Trump le tocó perder. En el contexto más agresivo de su política exterior sobre la región, la subordinación de los aliados latinoamericanos y el triunfo de Lula en Brasil, el impetuoso “Escudo de las Américas” podría quedar un tanto debilitado. ¿Qué incidencia podría tener esta derrota de Trump para América Latina y, particularmente para Argentina, considerando que el gobierno de Javier Milei se subordinó tanto a Estados Unidos y viene perdiendo aliados?

Al gobierno de Milei se le viene un escenario muy complicado porque obviamente pierde aliados políticos clave. No solo optó por el alineamiento total a Estados Unidos y al Occidente geopolítico sino que lo hizo, en particular, a este sector conservador, de ultraderecha o de derechas más radicales y, particularmente, a las figuras de Trump y Netanyahu. Esperaba también un triunfo de Bolsonaro para terminar de armar un esquema tanto regional como occidental favorable y está sucediendo todo lo contrario. Hasta el propio Netanyahu perdió gran parte de su poder y está difícil su situación en Israel para volver a armar gobierno. Hoy el bloque opositor parece tener mejores condiciones. Esto complica el escenario geopolítico para Milei y, obviamente, aparecen también nubarrones económicos que dejan la incertidumbre de qué va a pasar con el prestamista de última instancia que es Estados Unidos que, en un momento de crisis apareció para salvar al gobierno argentino el año pasado y ahora no se sabe. No por nada el riesgo país aumentó tanto en Argentina en los últimos meses, esto tiene que ver con que hay cada vez más inconsistencias del modelo al que se agrega el estancamiento económico, problemas financieros crecientes y obviamente, la incertidumbre en la que queda inmerso el gobierno de Milei al no saber qué margen tendrá el gobierno de Trump para intervenir tan directamente a favor de un aliado.