Cuando era una nena, Domitila Chungara debió hacerse cargo del cuidado de sus 5 hermanas menores y de su hogar, en Catavi, un pueblo minero en el Departamento de Potosí, en Bolivia. Casi a la misma edad que ella, Layla Sainz, ciudadana argentina de origen boliviano, fue capturada cerca de su colegio, el Normal 4 de Caballito, en Buenos Aires. Se presume que detrás de los secuestros de Layla hubo una red de trata de mujeres. La raptaron en dos oportunidades: en 2015 y en 2016.  La primera vez estuvo desaparecida durante doce días, la segunda la buscaron por cuatro días hasta que apareció. El transporte popular que idearon docentes y organizaciones del Bajo Flores para trasladar de manera segura a las alumnas desde y hacia sus escuelas lleva el nombre de aquella mujer que ya adulta comenzó la resistencia que acabó consiguiendo la caída de una dictadura: “Domitila”, un ejemplo de autogestión y cuidados comunitarios.

Layla vive en el Bajo Flores, poco antes de desaparecer la primera vez docentes y organizaciones sociales del Bajo Flores comenzaron a encontrarse para buscar acciones frente a una serie de acontecimientos: en las escuelas una importante cantidad de estudiantes menores mujeres estaban siendo acechadas por hombres a través de las redes sociales.

[rad-hl]Las adolescentes de los barrios empobrecidos, como la villa 1-11-14 en el Bajo Flores, muchas veces deben hacerse cargo de las tareas domésticas y de cuidado en sus hogares. Mientras los adultos y las adultas salen a trabajar, ellas deben cuidar de sus hermanos menores. Este trabajo no remunerado les quita tiempo y espacio para ser lo que son: adolescentes. Ellas son una población muy vulnerable dentro y fuera de sus hogares. A medida que se empezó a acompañar a las adolescentes a través de talleres que les permitieran expresarse, sucedió la primera desaparición de Layla, el 22 de octubre de 2015.[/rad-hl]
En ese momento surgió la Red de Docentes, Organizaciones y Familias del Bajo Flores como herramienta que ha permitido no solamente encontrar con vida a las chicas, sino visibilizar en los medios las redes de trata que acechan en los barrios y, específicamente, en la villa 1-11-14 del Bajo Flores.

Una de las estrategias abordadas por el Movimiento Popular La Dignidad, dentro de la Red, propone garantizar un recorrido seguro para los y las jóvenes del barrio entre las escuelas y sus casas. Así surge la implementación del Colectivo Domitila Chungara. Esta medida tiene que ver con la recurrencia de las desapariciones de adolescentes en las puertas de las escuelas en el momento en que las chicas salen o entran a clases.

Agustina Vidales Aguero, militante de La Dignidad, cuenta que [rad-hl]el Micro Domitila es una acción que se dieron en el barrio ante la ausencia del Estado en políticas concretas que cuiden la vida de las chicas. Cuando desapareció Layla, las organizaciones presentaron un pedido al Consejo Nacional de las Mujeres para encontrar una solución conjunta pero ante el silencio del organismo, la organización comunitaria emergió como la única alternativa.[/rad-hl]

El micro Domitila es autogestivo, lo consiguieron las vecinas y vecinos, lo arreglaron y pintaron y lo conduce una mujer del barrio, también de La Dignidad. Domitila cubre turno mañana y turno tarde y está disponible para todas las chicas y chicos del Bajo Flores, hasta ahora hace el raid hasta y desde los colegios Comercial 21, Técnica 5, Normal 4, Liceo 12, Nro. 10, José Ingenieros y la Escuela Gral. Urquiza.

La Red de Docentes, Organizaciones y Familias del Bajo Flores coordina en territorio, en las instituciones del barrio, soluciones a los problemas concretos de esas vidas precarias que son las de las chicas y los chicos. A la vez que crean espacios para la formación y la recreación se organizan para exigir al Estado el completo funcionamiento de la Ley de Educación Sexual Integral, que el Gobierno nacional ha desjerarquizado. “Es indispensable el trabajo en las escuelas, la contención para maestras y para alumnas y alumnos”, agrega Agustina Vidales Agüero.

El primer viaje de la Domitila será este viernes, cuando haga una parada de rigor frente del Consejo Nacional de las Mujeres, el organismo creado para prevenir, erradicar y sancionar las violencias hacia las mujeres, el organismo pese al cual las mujeres de los barrios se organizan para cuidarse entre sí. “Nuestro enemigo principal es el miedo y lo llevamos dentro” supo decir Domitila.[rad-hl]Ante el miedo, organización. Y ante la desprotección estatal, más Domitilas.[/rad-hl]