Por: Fotos: Gala Abramovich

Cuando era un joven médico especializándome en ginecología a diario veía en nuestro hospital en Bogotá, mujeres con infecciones severas por abortos, de hecho, teníamos un pabellón de 40 camas con ocupación permanente para estos casos. Un alto porcentaje moría a pesar de nuestros esfuerzos. De las que sobrevivían, muchas quedaban con lesiones irreparables que afectaban su calidad de vida. Era muy doloroso ver la situación de una mujer que sobrevivía, pero que a temprana edad habíamos tenido que extraerle su útero y ovarios para poder salvarle la vida.

Honorables diputadas y diputados, es para mí un alto honor poder dirigirme a ustedes el día de hoy en este histórico proceso, el cual sin duda permitirá que las mujeres de este país avancen en el ejercicio de sus derechos. Este proceso y en especial el resultado del mismo, será un ejemplo para el mundo de cómo en nuestra región con un diálogo inteligente y sin apasionamientos ni extremismos somos capaces de reivindicar la deuda histórica de inequidad e injusticia con las mujeres.

Soy médico ginecólogo con más de tres décadas de trabajo en aras de mejorar la calidad de la salud y la vida de las mujeres. He trabajado desde la academia como docente e investigador en el área de salud sexual y salud reproductiva en la Universidad pública de Colombia. He recorrido todos y cada uno de los países de la región desde la cooperación internacional y las sociedades científicas con las que compartimos el respeto por el derecho a decidir de las mujeres, reconociendo su capacidad para tomar decisiones responsables y conscientes sobre su vida, particularmente sobre su vida reproductiva.

En la Federación Internacional de Obstetricia y Ginecología trabajamos con las sociedades científicas de 130 países y con la Federación internacional de planificación de la familia con cerca de 170 asociaciones en el ámbito global, de las cuales 40 son del hemisferio Occidental. Nuestra Asociación Miembro en Argentina es FUSA a quien agradezco la amable invitación para poder dirigirme a ustedes hoy. Estamos seguros que el poder de decidir hace la diferencia entre felicidad e infelicidad, entre salud y enfermedad, entre la vida y la muerte.

Quiero compartir con ustedes mi experiencia de vida. He sido testigo de la gran felicidad de las mujeres que tienen embarazos planeados-deseados y las he acompañado con gran satisfacción. Sin embargo, no es esta la realidad de todas las mujeres. Cuando era un joven médico especializándome en ginecología a diario veía en nuestro hospital en Bogotá, mujeres con infecciones severas por abortos, de hecho, teníamos un pabellón de 40 camas con ocupación permanente para estos casos. Un alto porcentaje moría a pesar de nuestros esfuerzos. De las que sobrevivían, muchas quedaban con lesiones irreparables que afectaban su calidad de vida. Era muy doloroso ver la situación de una mujer que sobrevivía, pero que a temprana edad habíamos tenido que extraerle su útero y ovarios para poder salvarle la vida.

Cuando era un joven médico especializándome en ginecología a diario veía en nuestro hospital en Bogotá, mujeres con infecciones severas por abortos, de hecho, teníamos un pabellón de 40 camas con ocupación permanente para estos casos. Un alto porcentaje moría a pesar de nuestros esfuerzos. De las que sobrevivían, muchas quedaban con lesiones irreparables que afectaban su calidad de vida. Era muy doloroso ver la situación de una mujer que sobrevivía, pero que a temprana edad habíamos tenido que extraerle su útero y ovarios para poder salvarle la vida.

Aprendí de ellas que a pesar de las prohibiciones de la ley imperante, así como la de sus religiones, la oposición de sus familiares, por encima de todo esto, cuando habían tomado la decisión de terminar su embarazo, lo hacían. Nos limitábamos a tratarlas desde el enfoque biologista que nos habían enseñado, pero no entendíamos realmente su situación y las juzgábamos. Se pensaba que eran mujeres irresponsables, con vidas desordenadas, malos seres humanos y muchas veces no recibían un trato digno, ni el apoyo psicosocial que requerían. De hecho, contaban nuestros profesores que en sus épocas les hacían los procedimientos de evacuación uterina sin anestesia, para que aprendieran una lección y no lo volvieran a hacer. Que barbarie!!!! Algo inaceptable.

Al madurar profesionalmente y como ser humano, me interesé por escuchar sus historias y empecé a comprender cómo estas mujeres al no tener ninguna respuesta de los servicios de salud, habían tenido que recurrir de manera desesperada a abortos inseguros. Muchas, incluso en su desesperación se habían introducido ellas mismas instrumentos dentro de sus genitales, como puntas de paraguas, alambres, ramas de perejil, etc. Era para mí indignante que las mujeres con capacidad adquisitiva sí podían acceder a abortos seguros y me dediqué entonces a trabajar en anticoncepción, creyendo que era la herramienta de lucha social más fuerte a mi alcance para cambiar esta inequitativa situación, incluso, apoyé la creación de guías y normas nacionales que ampliaron el acceso. A esto se sumó la Ley de Educación Sexual que se implementó de manera obligatoria en mi país. Por fin teníamos lo que creíamos era la solución, Educación Sexual y acceso universal a la anticoncepción. Después de muchos años de trabajar en estos dos aspectos, nos dimos cuenta que no era suficiente, entre otras cosas, porque la eficacia teórica de los métodos es muy diferente a la eficacia en la vida real. Por ejemplo, la píldora anticonceptiva que en la teoría tiene una falla de menos del 1%, en la práctica falla en cerca del 10% e igual sucede con otros métodos. Otra lección aprendida, los métodos a pesar de usarse de manera responsable pueden fallar y a esto sumémosle el alto índice de violencia sexual contra la mujer, malformaciones fetales y las enfermedades que pueden poner en riesgo su salud o vida. De tal manera que, aunque no debemos escatimar esfuerzos en mejorar los programas de Educación Sexual y anticoncepción, siempre va a haber necesidad de interrupciones de embarazo por la falla anticonceptiva, abuso sexual, malformaciones fetales y enfermedades que afecten la salud o la vida de la mujer gestante.

La diferencia está en que el sistema de salud acoja integralmente a las mujeres con embarazos no planeados-no deseados y les brinde servicios seguros de interrupción legal del embarazo, de no ser así, gran parte de ellas pondrán en riesgo su salud o su vida.

Estas mujeres que vi morir me enseñaron que cada quien vive su propia realidad y que mis pensamientos, creencias y valores solo tienen validez para mí. Desde entonces enseño a mis estudiantes y sugiero a mis colegas que tracemos una línea imaginaria que nos permita recordar que detrás de ésta nos ubicamos nosotros como profesionales con nuestras convicciones de vida, y enfrente tendremos una mujer con pensamientos, ideas, experiencias, proyectos de vida, así como creencias diferentes a las mías y no puedo ni debo convencerla que mi verdad es la única válida. De igual forma les insisto en hacer el ejercicio empático de pensar como actuarían si esa mujer fuera su hija, compañera o hermana y cambia completamente la perspectiva al ver cercano el caso. De eso se trata la clarificación de valores.

Estamos ante un problema de salud pública, definitivamente no es un asunto de orientación política o religiosa, por ende su análisis debe estar por encima de estos preceptos. Es un asunto de derechos humanos, los cuales son un ideal común de la humanidad, entendiendo que la persona tiene dignidad, la persona es inintercambiable, insustituible, no manipulable, un fin en sí misma y por lo tanto no un medio. Al nacer adquirimos una serie de derechos que el Estado no nos otorga, sino que tiene que reconocerlos y defenderlos, constituyéndose estos derechos en límites al ejercicio del poder político.

Ha existido siempre el temor que al legalizar la interrupción del embarazo aumente el número de casos, pero la evidencia científica nos ha mostrado que el tener leyes restrictivas, no disminuye el número de casos sino todo lo contrario, los aumenta. Donde las leyes permiten la interrupción del embarazo la tasa de abortos es mucho menor, así como la tasa de embarazo en adolescentes, la mortalidad materna y especialmente el aborto inseguro.

Los Objetivos de Desarrollo sostenible fueron aprobados por 193 estados miembros de las Naciones Unidas, entre ellos Argentina y recordemos tan solo el quinto objetivo, que se relaciona con la igualdad de género y plantea entre otras muchas metas, terminar la discriminación contra todas las mujeres.

Ustedes tienen ahora la oportunidad de hacer un cambio trascendental al refrendar el derecho a la autonomía de la mujer ante embarazos no planeados-no deseados.

Como ustedes bien saben, Argentina junto a otros países de la región en el Consenso de Montevideo se comprometió a trabajar en la integración plena de la población y su dinámica en el desarrollo sostenible con igualdad y respeto de los derechos humanos, como marco general que guiara la profundización de las políticas públicas y acciones necesarias para erradicar la pobreza, la exclusión y desigualdad. En este Consenso de Montevideo se insta a los Estados para que modifiquen las leyes, normativas, estrategias y políticas públicas sobre la interrupción voluntaria del embarazo para salvaguardar la vida y la salud de mujeres, mejorando su calidad de vida y disminuyendo el número de abortos.

Siempre en estos debates aparece el tema de las cifras de muertes por abortos, se discute si son pocas o muchas. La verdad no importa. ¿Cuántas son muchas? Una sola muerte materna debe bastar para tomar medidas. Si fuera nuestra hija, hermana o compañera ¿qué pensaríamos que fuera ella esa supuesta cifra baja?

La muerte es solo la punta visible de un iceberg, bajo la cual subyace una triste realidad que podemos solucionar haciendo legal lo ilegal. Conozco a profundidad nuestra región y siempre he visto a Argentina como referente por su pensamiento de avanzada y políticas innovadoras. Argentina se merece dar este paso necesario, como dijo Kofi Annan “no podemos construir la libertad sobre cimientos de injusticia”.

Honorables diputadas y diputados entender la salud reproductiva desde el enfoque de los derechos humanos, de los derechos de las personas, es comprender que estamos ante el más preciado de los bienes, la más sublime de las capacidades, y la más humana de las características: la autodeterminación – la dignidad.

En sus manos está la decisión para que este enfoque de derechos sea un factor primordial para la equidad social de Argentina que no solo contribuye a la construcción de democracia, sino es una de las acciones más costo – efectivas en salud y en los procesos de desarrollo de cualquier país.

Muchas gracias por su atención.