La sentencia

Antes de escuchar la sentencia, Brenda Barattini habló por última vez. “Yo sé que me jodí la vida. Estoy arrepentida de lo que hice. Pido que se haga justicia porque yo jamás hubiera querido matar a alguien”, afirmó la arquitecta de 28 años que hirió en los genitales al músico Sergio Fernández —que en ese entonces tenía 40 años— el 25 de noviembre de 2017. Cuando se cumplieron exactamente 22 meses de aquel día, supo que para la Justicia ella intentó asesinarlo.

La Cámara 2º del Crimen dictó 13 años de prisión por homicidio en grado de tentativa calificado por alevosía. El juicio se desarrolló en la Cámara de Acusación de Tribunales II en Córdoba. Sentada al lado de sus abogados, bajo la mirada atenta de cámaras de televisión, fotógrafos y cronistas de otras provincias, Barattini comenzó a cargar con una calificación penal que tiene mucho más peso que lesiones gravísimas. La pena coincidió con el pedido de la fiscal del juicio, Laura Battistelli, aunque el delito no fue agravado por el vínculo como ella había solicitado en los alegatos el día anterior. 

La fiscal de instrucción, Betina Croppi, había imputado a Barattini por lesiones gravísimas agravadas por el vínculo y por alevosía. Con esa calificación comenzó el juicio el 26 de agosto pasado. Después de escuchar el testimonio de Fernández, Battistelli pidió elevar la imputación a homicidio en grado de tentativa calificado por el vínculo y por alevosía. El proceso oral y público fue suspendido para convocar a jurados populares y se reanudó el pasado 11 de septiembre.

 

De lesiones a tentativa de homicidio

Según la reconstrucción de los hechos que hizo la fiscalía, aquella noche de noviembre el músico llegó al departamento de la joven arquitecta a buscar una batería. Ellos mantenían encuentros ocasionales: en un año se vieron aproximadamente 10 veces. Ese sábado estaban teniendo relaciones sexuales cuando ella le propuso un juego. Le puso un antifaz de color gris para taparle los ojos. Sacó la tijera de podar que guardaba debajo de la cama y lo hirió en los genitales.

Cuando la fiscal abrió el juicio afirmó que Barattini, “con su accionar intentó quitarle la vida a Fernández”. “Ella planeó, diseñó, esquematizó el hecho y la coartada. Lo que ocurrió después, escapó a la decisión de la imputada”, afirmó en la primera audiencia. Según Battistelli, la intención fue matar. Porque cuando lo hiere, no detiene la acción sino que lo agrede verbalmente. Además, en la planificación de la escena, no había un después: no pudo prever la reacción de él (salir del departamento y pedir asistencia) ni de personas que no conocía y que ayudaron al hombre.

“Sí, pensé en lastimarlo. Planifiqué herirlo porque él me hacía ver como un objeto a mí. Busqué en internet cómo lastimarlo ahí abajo pero no más que eso. Busqué casos similares y las lesiones eran siempre leves. Iba a herirlo, nada más. Nunca lo sometí ni lo obligué a nada. Dije que me había violado para humillarlo, como él me humilló a mí”, declaró la arquitecta durante la primera audiencia. Hablaba pausado, por momentos lloraba. La mirada fija en el piso. Siempre fue vestida de rosa y a veces usaba un rosario.

Un mes antes del hecho, ella había buscado en internet cómo herir en los genitales a un hombre. Además, anotó los detalles y pasos a seguir en un cuaderno que forma parte de la prueba que se tuvo en consideración en el juicio. Lo que nunca se pudo acreditar es la existencia de un video que Barattini temía que se difundiera. Según la fiscal, el músico mostró el video el día de la agresión para comprobar que no era un violador y que mantenía relaciones ocasionalmente con Barattini. Así la fiscal hizo caer las dos coartadas: la violación (hipótesis que la imputada abandonó a pocos días de la agresión) y la difusión de un video privado de la arquitecta. “El móvil nunca surgió a la superficie. Tampoco fueron los videos. Aunque existieran no fueron el móvil”, sostuvo tras la lectura del fallo. 

Tanto la querella como la defensa acreditaban la existencia de la agresión. Lo que estaba en juego era la calificación penal. Tras la sentencia el abogado defensor Lucas De Olmos adelantó que apelarán el fallo. “Esperábamos una condena que oscile entre los tres y los 10 años, que es lo que dispone el artículo 92 del Código Penal para las lesiones graves agravadas por alevosía, que es lo que consideramos que fue probado”, afirmó el letrado. 

La defensa no desconoce que el músico sufrió una lesión pero asegura que la arquitecta también es víctima. Sostienen que existieron “constantes actos de violencia de género que Barattini sufrió por parte de Fernández”. Esa violencia previa no fue considerada por la fiscalía, tampoco acreditada durante el juicio por la defensa. La declaración de Barattini no fue suficiente para la Justicia. 

Además, el tribunal de la Cámara 2° hizo lugar de manera parcial a la demanda civil. En el término de 10 días —desde que la sentencia quede firme— Barattini deberá pagarle a la víctima de la agresión 493.665 pesos en concepto de daño emergente, lucro cesante pasado, pérdida de chance y daño moral.

 

Víctima y victimaria

Cuando una causa judicial involucra a una mujer como victimaria despierta la mirada activa de los medios y se convierten en noticia. Brenda Barattini tampoco pudo esquivar la sobreexposición ni la estigmatización. Antes y durante el juicio, su intimidad fue tema de debate: los modos que eligió para vivir la sexualidad, la imagen que construyó en las redes sociales, los apodos en tono de burla que se usaron para referirse a ella. Cuando una mujer es victimaria no se salva del ojo crítico, sobre todo cuando la agresión fue en los genitales de un hombre.

El caso no fue abordado estrictamente con perspectiva de género. Quizás porque una mujer como victimaria no genera la misma empatía que cuando es víctima. La mediatización crece alrededor de una excepción a la regla: una mujer que agrede, cuando son miles las mujeres que a diario padecen la violencia machista. Y aunque toda la sociedad reproduzca de alguna manera el patriarcado, afecta menos a los varones porque están en una posición de privilegio. Sus vidas no son las que están en riesgo; las de mujeres y disidencias, sí.

Con ese entramado de fondo, toda relación heterosexual está atravesada por una desigualdad estructural que produce relaciones de poder y habilita situaciones de violencia de género a veces muy sutiles. Barattini, por ejemplo, habló de cosificación. La pregunta que surge entonces es cómo frenar a tiempo esos patrones culturales para evitar que aumenten y así transformar o romper definitivamente con un vínculo machista. Cuando la relación se mantiene comienza el peligro.

Entonces surge la pregunta: si detectamos esos patrones machistas en un vínculo con una pareja, ¿qué estrategias desarrollamos para dejar de convivir con la violencia machista, que no impliquen más vulnerabilidad, más violencia y peor calidad de vida para mujeres y disidencias? El abanico de respuestas es amplio, desde la contención de las redes feministas, el reclamo por políticas públicas integrales que brinden asistencia y acompañamiento, hasta legislaciones que impacten en la sociedad produciendo cambios efectivos como la Ley de Educación Sexual Integral, la Ley de Protección Integral a las Mujeres y la Ley Micaela. 

Si llegamos a la Justicia la respuesta será punitivista. Barattini decidió cometer un delito. Lo asumió durante el juicio, además se acredita con pruebas y testimonios. Estaba claro que el sistema penal, que entre sus funciones ejerce control social, iba a imponer una sanción. El desafío está en aplicar la perspectiva de género desde que se comienza a investigar un delito hasta el desarrollo del juicio para eliminar sesgos machistas, como pudieron observarse durante todo el proceso oral y público que tuvo a Barattini como protagonista. Incluso la pena puede resultar excesiva. Por eso es fundamental la aplicación de la Ley Micaela, y de toda legislación que impulse a educar para sensibilizar a las personas sobre la igualdad de géneros. Que las victimarias reciban el mismo trato que cualquier persona imputada también es una tarea pendiente.