Buenos Aires – Lesbos:  no hay ningún lugar sagrado del que nosotras estemos ausentes

La poeta Gabriela Borrelli lee el nuevo libro de Mariana Gardella, Ni bosque ni sonido, como una invocación a la genealogías lesbianas que habitan Buenos Aires y propone una nueva fundación de la ciudad, atravesada por la memoria y el deseo sáfico. 

Fotos: Ni bosque ni sonido (Rara Avis)

Son los momentos más ideologizados como estos en los que la historia revuelve las aguas del presente a bordo de las biografías. No es casual esta imagen inicial. El río o las aguas turbias que bajan señalan que el vacío del archivo es un lugar en el que escribir las inquietudes del presente. Ni bosque ni sonido, el libro de Mariana Gardella Hueso, editado por Rara Avis, es una oda a la potencia de lo perdido, a la falta donde vive el deseo del conocimiento y de la poesía. No casualmente presentamos este libro el día de la muerte del Indio Solari, poeta y cantor que llenó con su partida las calles de un espíritu que cruza caminos: la pérdida, la memoria y la política.

Me explayo o nado mejor, hasta tierra sin conocer. Tomo el caso de nuestra poeta nacional, la que igual que Safo murió en el mar, la que igual que ella animó a un pueblo, las dos que, parece, vivieron de sus versos. Alfonsina Storni murió en 1938, y la seguidilla de biografías hasta el presente dialoga con los movimientos sociales, con las inquietudes menos literarias y más política de las lectoras. Rápidamente: la primera biografía de Storni la hacen su hermana y madre, medio para lavar culpas y dar explicaciones del suicidio, la segunda es una pelicula de Kurt Land que aparece en 1957, bajo el gobierno de Aramburu, y presenta a una Storni normalizada para la época. Luego en 1964 aparece la biografía de Conrado Nalé Roxlo, que es más precisa que sus antecesoras pero narra una Storni sin feminismo. No es sino hasta la década del 80, cuando se está discutiendo en el país por la fuerza y el empuje del feminismo el divorcio legal y la patria potestad que la figura de Storni regresa con todo su caudal feminista y anarquista, como madre soltera y militante.

Hay, claro, una renovada lectura de sus poemas. Versos antes más velados son en esa época protagonistas: yo tuve un hijo del amor, del amor sin ley. En los noventa, con otras militancias se dice de ella, que tiene un discurso travesti y no es sino en los 2010 como un anticipo de una ola de periodistas feministas que se visibilizan que se publican y circulan más sus artículos periodísticos. Lo mismo podríamos hacer con las biografías de otra suicida y poeta: Pizarnik. Las biografías más potentes y polémicas de Alejandra salieron en la década del noventa, porque es la poesía oscura y lingüística de Pizarnik la que señala lo subterráneo, la violencia e impotencia juntas de la palabra, su dedo que muestra la muerte. Y acá me acerco, llego a este libro que no es una biografía pero que admite también esa lectura.

En 1998 Juan Jacobo Bajarlía escribió sobre Alejandra, sobre una Alejandra de 18 años hambrienta de lecturas: leía a los franceses, a Whitman,  y especialmente estaba fascinada con una figura: Safo. Parece que Bajarlía le dijo en ese momento: si Safo te hubiera conocido te hubiera distinguido como su ayudante en Lesbos. Alejandra respondió sáficamente: dentro de la naturaleza todo es verdad, que es casi como decir: mensajero de primavera, ruiseñor con voz de deseo. A partir de ahí, Pizarnik se obsesiona con Safo e intenta escribir un trabajo ensayístico sobre Safo y las Hetairas. Nunca lo hace, pero creo que es el germen de esas lecturas lo que después desencadena en La Condesa Sangrienta, que publica no casualmente en 1972. Porque claro, no era lo mismo pensar que escribir en este país en 1955 que pensarlo en 1972.

En 1989, Mariana Gardella Hueso tiene, apenas, un año; yo unos pocos más, y en la revista Babel, en su columna La mujer Pública, aparece un artículo de María Moreno que se llama “Safo y cía”. Es un preámbulo del Affair Skeffington que saldrá en 1992. Termina con estas palabras: “Declararse lesbiana no significa un discutible acercamiento a la literatura de compromiso sino que agudiza un conflicto estético: que para hacerlo es preciso reconocerse autobiográfica y realista”. Autobiográfica y realista, podría ser una de las claves de lectura de los fragmentos que tenemos de la obra de Safo. De los fragmentos que encadena Mariana en  Ni bosque ni sonido para ofrecernos una Safo dispersa en huída a los devenires de sus propias palabras.

Mariana logra un libro conmovedor en su tono íntimo, cercano. Será una calle en México, un paseo haciendo tiempo en una librería, la relación con alumnas o un beso, el que arme la investigación literaria que por momentos recuerda a las bibliotecas y búsquedas borgeanas entre papirólogos y falsificaciones. “Todo el tiempo estamos perdiendo algo” reflexiona junto a Bishop y dos monedas de bronce de la ciudad de Mitilene. Mariana encuentra en las faltas, en los fragmentos, en lo no dicho en los poemas o en la biografía de Safo, un espacio rico y potente. Y una respuesta a las relaciones entre historia (o biografía en este caso) y política: “En general las biografías de los poetas antiguos tejen relatos sospechosamente homogéneos (…) la biografía es un género de ficción y este relato, una ficción caprichosa de detalles y matices que se aleja de la verdad por vocación y encanto”.

Encanto de bosque petrificado que duerme debajo de una isla, Lesbos, vocablo abierto que construye su sentido sin verdad aparente. ¿Safo era o no lesbiana? ¿Pizarnik lo era o no? ¿Storni? ¿Bertolé? ¿Moreno? la pregunta es precisa y se la hacen seguido a Mariana, ella decide responder con casi un verso de Dolly Skeffington:  “Para los historiadores, el anacronismo es un fantasma que se disipa cuando se prende la luz. Yo prefiero, en cambio, una habitación a oscuras”. Viven en esta reflexión los versos de Dolly: “Ningún amor termina,/yace en la cara oscura de la mente/ como los objetos en el cuarto/ luego de apagar la lámpara”. Esa oscuridad que no deja ver pero hace creer, tejidos ocultos que se permean lecturas. Teje Mariana formas de llegar a la palabra lesbiana como formas de llegar a Safo. Tríbadas antes que lesbianas, frotadas unas con las otras. Karmáticas decía también Martha Ferro; Uranistas mujeres, Alberto Nin Frías; safistas para ser siempre las osas perdidas de un bosque como el que crearon, por ejemplo, Diana Bellessi y Ursula K. Le guin, que no casualmente llamaba la primera a la segunda: mi osita. Ser o no ser no importa porque el cuarto oscuro se hace de sombras y nos permite a todas ser un poquito, mucho o más o menos.

Es este libro instrumento de esa energía lesbiana suelta que reposa en la amistad o en el conocimiento. El roce o frote de una fuerza deseante que no se puede normalizar. Hablo de una energía lesbiana, de un deseo que deja siempre una grieta, una apertura de lo que podría ser y es o no lo será nunca. Esta fuerza suelta, de la que este libro es diamante brillante, me trae una idea: declarar esta ciudad a partir de hoy, BsAs-Lesbos, porque si, como escuché por ahí, Mariana Gardella es nuestra Anne Carson, yo agregaría que, además, por lo que tengo entendido, Mariana no tiene marido y vive en la ciudad de María Moreno, de Martha Ferro, de Pizarnik y de la invertida Storni.

Es Mariana la que trae poéticamente y con datos e historia, como nos gusta a las chicas, los versos más hermosos de Safo para que esta ciudad se llene de esa energía deseante y no de tormentas negras. Porque si algunos dicen que lo más bello sobre la tierra son una tropa de jinetes, otros de soldados, otros de una escuadra de barcos, nosotras decimos que es aquello que alguien desea. No tanto amor, como dijeron otras traductoras, sino deseo, para que deseemos, mortales, otra vida. La de Safo no era la opinión de la mayoría, advierte Mariana. Estamos en la misma, no somos mayoría. Pero aquí en Bs As-Lesbos, las Nataly Clifford Barney pagan alquiler y compran libros en La Libre, las Rennée Vivian escriben sus poemas en el celular mientras viajan de un colegio a otro a dar clase, las Djuna Barnes son investigadores del CONICET y nuestra Rue Jacob no es un palacete sino cualquier centro cultural.

De Bs As- Lesbos sale el libro más tierno y profundo sobre Safo. Alrededor de este libro, sumamos voluntades para refundar esta ciudad porque no hay lugar sagrado del que nosotras estemos ausentes, ni bosque ni sonido.  Pasen y sean parte de esta refundación, corran la voz, extiendan esta novedad hasta las fronteras, terminen sus mensajes con el fragmento 41: hacia ustedes hermosas, mi pensamiento no cambia. Así como Mariana piensa que terminaba Safo sus recitales. Gracias Mariana por este libro. Sean bienvenidas todas.