Por: Fotos: La Tinta/ Coordinadora por la Aparición con vida de Yamila Cuello

Para Soledad se perdieron los primeros días de búsqueda porque no les quisieron tomar la denuncia. Ese tiempo es fundamental para encontrar a la persona desaparecida o para encontrar material necesario para trazar una línea de investigación. Ella asegura que su hermana es víctima de trata.

Yamila Cuello tenía 21 años cuando desapareció el 25 de octubre del 2009 en la ciudad de Córdoba. Desde ese día, su hermana Soledad, que en aquel entonces tenía 23, organizó una búsqueda junto a sus amigas. La denuncia fue recibida recién al tercer día. La investigación comenzó en la Justicia Provincial y luego pasó al fuero federal para trabajar en la hipótesis de trata con fines de explotación sexual. Actualmente aseguran que no tienen ninguna pista firme. Soledad convive con el recuerdo de su hermana; cuenta cómo aprendió a transformar el dolor.

Cuando llovía la noche en que salían a bailar, Yamila y Soledad Cuello se sacaban las sandalias para que no ensuciarse. Caminaban descalzas por las calles de tierra -que ya a esa altura eran puro barro- hasta llegar a un charquito de agua donde se lavaban los pies. Después se volvían a poner las sandalias y llegaban radiantes al baile. Así recuerda Soledad a su hermana, que está desaparecida en Córdoba desde el domingo 25 de octubre del 2009. Esa escena es la que siempre vuelve cuando llueve y le preguntan si quiere suspender la marcha que organiza cada año para reclamar la aparición con vida de Yamila. “Si hace frío o llueve, a mí mi hermana me falta igual. De alguna manera me acuerdo de cuando salíamos. A veces hacíamos planes para el fin de semana y llovía, entonces le decía que nos quedemos pero Yamila me decía que no, que fuéramos descalzas para no ensuciar las sandalias. Nos subíamos al colectivo y listo, diosas. A la vuelta hacíamos lo mismo. Así que cada vez que llueve me acuerdo de ella y me dan ganas de marchar igual”, dice Soledad a LATFEM

La última vez que se vieron fue el sábado 24 de octubre del 2009. Yamila había pasado a buscar al hijo más grande de Soledad, que en aquel entonces tenía cuatro años, y se fueron juntos. La joven de 21 años vivía junto a su abuela en barrio Coronel Olmedo, a unos 300 metros de la casa de su hermana; enfrente vivía la mamá. Al día siguiente Yamila salió de su casa y no volvieron a saber de ella. 

Soledad se levantó aquel domingo y le envió un mensaje de texto pero no le apareció como “entregado”, que en aquella época indicaba cuando el destinatario efectivamente había recibido el sms. Tampoco le atendía el teléfono, ni a ella ni a su mamá. “Salió con lo puesto, no llevó campera ni el celular. Mi abuela contó que el teléfono fijo había estado sonando toda la noche y ella antes de salir había discutido con una persona. Hacía poco se había separado del ex. Habían estado en pareja dos años. y había violencia previa”, recuerda Soledad. Para ella eran tiempos difíciles: hacía tres meses había fallecido el papá de sus tres hijos. Yamila era la que más tiempo pasaba con sus sobrinos. Los llevaba al parque, a la calesita o a tomar un helado para distraerlos. Los cuidaba, eso hacía la última noche que la vieron.

Cuando se hizo de noche y todavía no había noticias de ella decidieron ir a la Unidad Judicial Nº 7 de barrio Residencial San Carlos pero no les quisieron tomar la denuncia. Les dijeron que era mayor de edad y que podía haberse ido por su propia voluntad. Recién al tercer día pudieron radicar la denuncia. Mientras tanto, la familia empezó a buscarla. Las amigas de Yamila empezaron a llegar de a una, preocupadas por el llamado de su mamá que les preguntaba si sabían dónde estaba, si la habían visto, algo, cualquier indicio que pudiera traer de vuelta a su hija. Soledad recuerda que armaron grupos, se dividieron barrios para hacer la búsqueda y en una semana recorrieron casi toda la ciudad de Córdoba pero no encontraron pistas. 

Para Soledad se perdieron los primeros días de búsqueda porque no les quisieron tomar la denuncia. Ese tiempo es fundamental para encontrar a la persona desaparecida o para encontrar material necesario para trazar una línea de investigación. Ella asegura que su hermana es víctima de trata.

Para Soledad se perdieron los primeros días de búsqueda porque no les quisieron tomar la denuncia. Ese tiempo es fundamental para encontrar a la persona desaparecida o para encontrar material necesario para trazar una línea de investigación. Ella asegura que su hermana es víctima de trata.

La causa ahora está a cargo del fiscal federal Enrique Senestrari. Primero la desaparición fue investigada en la Justicia provincial pero cuando surgió la posibilidad de trata de personas con fines de explotación sexual pasó al fuero federal. “Al principio no manejaban la hipótesis de trata. Después pasó de la Justicia provincial a la Fiscalía Federal Nº2, a cargo de Gustavo Vidal Lascano. Ahí iniciaron otra investigación, hubo allanamientos, detuvieron a un sospechoso y de ahí en más, por distribución de turno, pasó a esta Fiscalía”, explica Senestrari a LATFEM

El fiscal que actualmente investiga la desaparición de Yamila sostiene que “no hay elementos objetivos concretos que indiquen que sí o sí es un caso de trata”. “Comenzamos investigando esa hipótesis. Avanzamos pero no obtuvimos ningún resultado hasta el momento. Generamos mucha información pero no hay ninguna pista firme. En un momento las sospechas estuvieron centradas en una persona que tenía antecedentes por violencia de género pero como no podía investigar un homicidio pedí que pase a la Justicia provincial. Me parecía una hipótesis plausible pero no era mi competencia. La Cámara Federal rechazó el planteo sin especificar cuáles son los elementos o pruebas para tener en cuenta que es un caso de trata y volvió a mi fiscalía. Sea trata o lo que sea sigo buscando a Yamila”, asegura Senestrari. Después de 10 años, la Justicia aún no tiene una hipótesis firme para investigar la desaparición de Yamila Cuello.

“Cuando Yamila salió de su casa tenía las siguientes características: 1.70 aproximadamente, ojos marrones, tez blanca, sin cicatrices ni lunares en el rostro, un piercing en la nariz, cabello castaño oscuro lacio. Tiene tatuajes: una manzana en el pecho derecho, dos corazones entrelazados en la espalda con los nombres “Nahuel” y “Lisy”, una letra china (“y”) en el antebrazo, un cupido en el hombro derecho, un corazón con una flor en el hombro izquierdo”. Así la describe una publicación de la Coordinadora por la Aparición con vida de Yamila Cuello, que se formó hace unos años para acompañar a Soledad en la búsqueda.

Ella viaja todos los años al Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Intersex e Identidades no binarias. Participa de los talleres sobre trata y allí reparte la foto de Yamila. Todo lo hace junto a su hija Ludmila, que tiene 13 años y hace seis que participa del Encuentro. Este fue el primer año que fueron a talleres distintos. La adolescente eligió discutir sobre juventudes en la política y Educación Sexual Integral. Soledad, esta vez, eligió transformar el dolor: “Todos los años hago lo mismo pero este año no. Me lo permití. Sentí que no fui como ‘familiar de’ sino como compañera, una más. No es lo mismo que vos lleves una lucha a cuestas a que vayas a un Encuentro para aprender. Desde que me levanto hasta que me acuesto ella está presente en todo. Aprendí a vivir con esto. Todo lo que hago lo hago pensando en ella. No quiero que me pese. Lo hago porque amo a mi hermana. Fui al Encuentro para ver de qué manera lo sigo difundiendo pero que no me duela tanto. Esta vez volví con otras energías y otra fuerza”, dice Soledad. 

 

Memoria feminista por Yamila y por todas

A 10 años de la desaparición de Yamila, organizó una marcha que partirá este viernes a las 17.30 desde Colón y General Paz hasta la Plaza Agustín Tosco, frente al Patio Olmos. Junto a ella marcharán los familiares de mujeres desaparecidas en Traslasierra. Estará la mamá de Delia Gerónimo Polijo, la adolescente de 14 años que fue vista por última vez el 18 de septiembre del 2018 en el paraje La Paz. 

Reclaman también que se haga justicia por Marisol Reartes, que había desaparecido en la localidad de Los Hornillos el 2 de febrero del 2014 junto a su pequeña hija Luz Oliva. Finalmente, en diciembre de 2018, encontraron restos óseos que pertenecían a la joven. La bebé aún continúa desaparecida. Días después, el 12 de febrero de 2014, desapareció Silvia Gloria Gallardo en Yacanto. A las mujeres que desaparecieron en la zona de Traslasierra, se suma otro caso en la ciudad de Córdoba: Jimena Arias desapareció el 6 de marzo del 2012 en el ingreso a Ciudad Evita.

“Nosotras somos las únicas que las buscamos”, afirma Soledad, que tiene tatuado el nombre de su hermana en el brazo izquierdo. Dice que ahora les creen más a las mujeres pero para avanzar en la investigación y para que deje de haber mujeres desaparecidas falta que el Estado empiece por no dudar cuando se hacen las denuncias y por iniciar rápido las búsquedas. A 10 años de la desaparición de Yamila volverá a caminar por las calles de Córdoba. Quiere encontrarla con vida.