En los últimos días diversos medios se hicieron eco de un tuit que tiré un viernes a la madrugada así sin sopesar.

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Quería comentarles a mis seguidores un detalle, algo que al menos para mí como mujer cis me parecía todavía un detalle, que en mi pueblo había un candidato a Intendente que podía llegar a ganar las elecciones siendo “hijo de un hogar monoparental, gay, antes travesti, pobre y que no terminó la secundaria”.

Crudo.

Descripción que queda corta y que suena dura y tajante porque la cantidad de caracteres que permite Twitter te obliga un poco a resumir lo que no se puede resumir.

Pero palabras más palabras menos, eso movió una historia.

Los usuarios empezaron a preguntarme más sobre lo poco que había dicho. Quizás algo de esa crudeza había llamado la atención el mismo día en el que fue Trending Topic nacional el hashtag #NoVotoVerde y allí es donde esta rueda empieza a girar.

Conté que se trataba de Carlos Muñoz, un chico que había nacido en el campo, uno de varios hermanos, que siendo pequeño perdió a su Papá. Que su Mamá trabajaba como “bruja” y que ese oficio le había permitido sacar dignamente adelante a su familia.

Al llegar a la secundaria y por todas las adversidades, Carlos suspendió sus estudios y se empezó a dedicar a la fotografía. Cubría eventos de lo más diversos: cumpleaños, actos escolares, actos oficiales… cualquier ocasión feliz era retratada por él y no solo como testigo sino como partícipe necesario. En las fotos de mis cumpleaños de cuando era pequeña el está, no solo es el autor de las fotos, sino que está en varias bailando con todos nosotros, algo que me lleva a lo que fue la próxima etapa de su vida.

Su gran hobbie además de la fotografía era bailar.

En cada febrero se celebran los carnavales, y el pueblo tiene la costumbre de presentar una murga y una comparsa por barrio.

Él pertenecía a uno de los barrios más humildes del pueblo, de un pueblo donde en realidad todo es humilde. “El Taponazo” antes llamado “El Alto de los Piojos” tenía su propia comparsa y su propia murga pero con un integrante que iba a cambiarlo todo: Carlos.

Carlos puso en ese barrio y en esa empresa todo de sí. Su pasión, su buen gusto, su esfuerzo, su capacidad de gestión. Año a año fue haciendo crecer y organizando a grandes y chicos, creando con el tiempo una comparsa que empezó como algo chiquitito y llegó a hacer pasadas en el corsódromo de La Punta junto a comparsas del Carnaval de Río.

Él se calzaba las lentejuelas, plumas y sus propios diseños de trajes impresionantes y bailaba  —perdón, me corrijo— y a juzgar por los videos del cierre de campaña, aún baila como nadie.

Por la calle perpendicular a la Iglesia cada febrero, Carlos en tangas ínfimas pasaba junto a todos los integrantes de la comparsa y la murga frente a un pueblo que lo aplaudía a más no poder, y a otros que se burlaban y hacían comentarios que ni hace falta repetir.

 

 

Desde los 15 años militó en el peronismo y llegó a ser Secretario de Cultura, puesto que perdió en el 2011 al asumir el actual Intendente, quien lo trasladó a la calle a realizar trabajos pesados hasta las elecciones legislativas del 2013, en las que decidió presentarse como candidato y entró como Concejal por la minoría.

Pocos meses después falleció su madre y una de las cosas que decía en ese momento era que le daba dicha que ella haya podido verlo entrar como Concejal.

Cuatro años después, presentándose para la reelección, gracias a su capacidad de gestión y a su cercanía con los más humildes de la zona, se convertiría en el candidato con más cantidad de votos recibidos en la historia de las elecciones locales ganándole al oficialismo local.

Hoy se celebraron las elecciones a Intendente y él fue uno de los candidatos preferidos.

Su principal adversaria fue la esposa del actual Intendente ya que él no puede presentarse más tras 8 años de mandato consecutivos. Como decimos en el pueblo “corría contra el caballo del comisario” y todos sabemos que eso no es nada fácil de hacer, menos cuando además de todo eso sos un disidente.

Desde Tierra del Fuego hasta Corrientes, y desde Francia y Holanda, recibí tuits de gente apoyándolo, expectante del resultado de las elecciones, me pedían información y se palpitaba un minuto a minuto que me dejó bruxando.

Por momentos ganaba Carlos por pocos votos, por momentos perdía por otros pocos más.

Se sabe que a los finales de la vida real los escribe casi siempre alguien con un sentido del humor bastante raro. Disney suelen irse para el lado de The Handsmaid’s Tale últimamente y hoy no fue la excepción. Hasta los más cercanos repetían una frase que tenía un sonido inocente al salir de sus bocas pero que sentenciaba de una manera grave que “hasta Concejal está bien, pero Intendente es demasiado”; o, una de las peores frases de todas, “¿cómo puede ser Intendente un homosexual?”.

Se terminaron de escrutar las mesas y oficialmente Carlos perdió contra el caballo del comisario por 179 votos sobre 4470. Un suspiro… un suspiro bien corto y sin embargo…

Sí, sin embargo, esta historia que nace en un pueblo de menos de 9 mil habitantes, esta historia que nos puso en boca de muchos por un tuit que tiré sin pensar, tiene mucho triunfo adentro suyo.

En un contexto en el que los Bolsonaros presiden, las Granatas entran al Congreso Provincial, la comunidad LGBTQI+ es perseguida, es golpeada, es maltratada de las más diversas maneras, en la que las travestis siguen teniendo una expectativa de vida mucho más corta que los cisgénero, en la que millones aguantan en sus pequeñas o grandes poblaciones, silencios que ahogan, incertidumbres que explotan sobre un futuro que está peleando cabeza a cabeza contra el caballo del patriarcado pero cuyas mesas aún no se cerraron… esta historia puede ser una derrota en las urnas pero es sin lugar a dudas también el comienzo del triunfo de la esperanza.