Elecciones en Chile: el desafío de derrotar al fascismo

La candidata del oficialismo, Jeannette Jara, se impuso en la primera vuelta de las elecciones del domingo y deberá enfrentarse el próximo 14 de diciembre al ultraderechista José Antonio Kast, hijo de un militante nazi colaborador de Hitler y de familia pinochetista. El análisis y la perspectiva desde la voz de candidatas y de los movimientos tras un resultado que se avizora adverso.

“Votar a Jara y, ante todo, organizarnos. Ni un centímetro al fascismo”. La arenga es la señal de alerta que encendieron desde la Coordinadora Feminista 8M el domingo por la noche ante los resultados que dejó la elección en Chile el último domingo en la que se impuso la candidata del oficialismo y ex ministra de Trabajo, Jeannette Jara (Unidad por Chile-Partido Comunista) por el 26,8% de los votos contra el ultraderechista José Antonio Kast (Cambio por Chile-Partido Republicano), que consiguió conquistar el 23,9%. Sin embargo, lo que se constituyó como un triunfo rápidamente se tiñó de un sabor amargo con el apoyo que el candidato republicano consiguió del conservadurismo tradicional y del ultraliberalismo. Ante un escenario que parece adverso, analistas y mujeres de la izquierda progresista chilena ponen en perspectiva lo que el electorado dijo en las urnas. 

Qué se votó

Este domingo en Chile, 13.411.188 chilenas y chilenos -85,87% del padrón- asistieron a las urnas para elegir quién comandará el país por los próximos cuatro años, en lo que fue la reinauguración del voto obligatorio al cabo de dos décadas. Lo hicieron entre ocho opciones, pero los protagonistas de la noche fueron Jara, en representación del oficialismo y de los sectores de la izquierda y el progresismo; y Kast, quien moderó su discurso ultraconservador y propinochetista. Ellos, por no haber alcanzado el 50% +1 de los votos, se enfrentarán en el balotaje.

Detrás de ellos, sorprendió en un tercer lugar el candidato economista de discurso antiestablishment, Franco Parisi (Partido de la Gente), cuyo 19% de los votos serán centrales en el balotaje como en el próximo Congreso. Y, le siguieron a él los dos que se alinearon con Kast: Johannes Kaiser (Partido Nacional Libertario-PNL), un personaje ultraliberal, ubicado un poco más a la derecha del republicano sólo por su desfachatez y falta de filtro (13,94% de los votos); y Evelyn Matthei (Unión Demócrata Independiente-UDI) con 12,94% de los sufragios, representante de la derecha tradicional y heredera del expresidente Sebastián Piñera. Con números que rondaron el 1% le siguieron las candidaturas de Harold Mayne-Nicholls, Marco Enríquez Ominami y Eduardo Artés.

Además, se eligieron 23 senadores y senadoras y 155 diputados y diputadas.

Las claves del camino empinado para Jara

Con los resultados en la mano, el triunfo de Jara se vio opacado y el camino hacia la segunda vuelta pareció tornarse empinado. Es que, aunque estaba previsto quiénes irían a disputar la segunda vuelta, hay tres razones que explican el escenario adverso: la poca diferencia con su contrincante, el tercer lugar de Parisi —que no entregó sus votos— y la capitalización que hizo de la elección la derecha dividida en tres facciones, lo que le permitió incluso llegar a una mayoría nunca vista en democracia en la Cámara de Diputados.

Frente a este panorama, la idea de que la sociedad chilena se “derechizó” resonó fuerte entre analistas y periodistas -más allá de la teoría del péndulo instalada en Chile, que indica un favoritismo por la alternancia de los signos partidarios en el gobierno- al cabo de una campaña que estuvo atravesada por la discusión sobre la migración que a veces bordea la xenofobia-, la seguridad y la violencia -en el norte con la amenaza narco; y en el sur con la siempre criminalizada comunidad mapuche- y las cuestiones de salud sexual y reproductiva.

Ahora bien, ¿cómo se llegó a este escenario? A los ojos de la politóloga Javiera Arce “hay un desgaste de las coaliciones más tradicionales, incluyendo las izquierdas que ahora gobiernan, que no representan para nada una alternativa política para el país”. Eso, para ella, explica el tercer lugar de Parisi. El candidato se erigió con el slogan “ni facho ni comunacho” saliéndose de la batalla ideológica con una perspectiva individualista y neoliberal y consiguió, sobre todo, instalarse en el norte del país capitalizando el voto de una región descontenta con las políticas de migración, seguridad, laboral ligada a la minería y los problemas de contaminación.

“Los gobiernos de ultraderecha sólo han traído pobreza y muerte para los pueblos, envueltos en falsas promesas de seguridad”. Cristina Varela, vocera de la Coordinadora Feminista 8M.

En ese sentido, otro factor que mencionó Arce fue el “desgaste” del Gobierno de Gabriel Boric que “prometió mucho, se centró en lo simbólico y en lo histórico, pero hizo poco en lo concreto” a lo que se sumó que en la campaña “no sintonizó con la gente, que está aburrida del establishment y que busca orden, seguridad y capacidad de consumo”. Vale sumar también, un gobierno que capitalizó el descontento del estallido social de octubre de 2019, pero no logró concretar la demanda de escribir una nueva Constitución que ampliara los derechos políticos y sociales y pusiera fin al Estado subsidiario del dictador Augusto Pinochet.

Así lo sintió también la excandidata a diputada por la región de La Araucanía en representación del FA y ex convencional constituyente Manuela Royo: “El apoyo masivo a Jara fue en el centro del país porque quienes vivimos en los territorios y en las regiones vemos cómo las políticas centralistas se distancian de las comunidades, falta ese trabajo”, sostuvo en diálogo con Latfem. Para Royo, en tanto, existe también un factor internacional, en el que Chile “sigue la tendencia global de virar hacia la ultraderecha, que impone una agenda de regresión en temas ambientales, sociales y de derechos de las mujeres”.

Segunda vuelta: el voto de Parisi, el desafío de la izquierda y el legado del Gobierno

“Gánense los votos en la calle”, lanzó Parisi a Jara y a Kast tras constatar su tercer lugar. A ambos, a los que definió como de extrema izquierda y extrema derecha, respectivamente, les pidió que pongan “a la gente” por delante de la “ideología”. 

El economista, de estilo pragmático, es la tercera vez que se presenta a elecciones y la segunda con su Partido de la Gente (PDG), creado en 2019, que creció al punto de ubicarse entre los cinco más grandes con más de 38 mil afiliaciones por debajo del FA (58.486), del PNL (50.624), PC (45.058) y del Partido Socialista (43.354), según el Servicio Nacional Electoral (Servel). En la elección de 2021, también alcanzó el tercer lugar, pese a que hizo su campaña en redes sociales, sin participar de los debates y desde Estados Unidos en medio de denuncias por acoso sexual y deudas en la pensión alimenticia.

“En nuestra política clásica, los partidos son claramente de derecha o de izquierda, sin embargo, en Chile están surgiendo estos liderazgos (como el de Parisi) que no se sienten como parte de la traición de los partidos políticos”, sostuvo la electa senadora por el FA y ex candidata presidencial Beatriz Sánchez al analizar la respuesta del electorado en las urnas. Por eso, a su entender, la segunda vuelta “es una elección totalmente nueva” en la que el desafío de la izquierda será “hacer una lectura más fina” de las demandas de una sociedad en donde predomina la desigualdad y la pobreza multidimensional.

El gobierno de Boric capitalizó el descontento del estallido social de octubre de 2019, pero no logró concretar la demanda de escribir una nueva Constitución que ampliara los derechos políticos y sociales y pusiera fin al Estado subsidiario del dictador Augusto Pinochet.

En el mismo sentido, se manifestó Constanza Schonhaut. “Coni”, como la conocen, es de las fundadoras del FA, cercana a Boric desde las movilizaciones universitarias de 2006, ex funcionaria del Gobierno y electa diputada nacional: “Pienso que el escenario de segunda vuelta está abierto y si hacemos un buen trabajo tenemos una oportunidad en el balotaje”, dijo. La clave estará desde su visión en “mostrar con claridad” propuestas y visión de futuro para lograr soluciones concretas a las demandas. Así, sostuvo, apuntarán a “defender” los avances logrados y “hacerle frente a la mentira de la derecha respecto a que Chile se cae a pedazos”.

Los puntos fuertes de la gestión de Boric se centran en iniciativas que estuvieron bajo la gestión de Jara en el Ministerio de Trabajo, como el aumento del salario mínimo -que pasó de los 438 dólares a 565 en un año- y en la reducción de la jornada laboral de 44 a 40 horas. Pero hubo más, como la garantía de la gratuidad en el sistema público de salud y la implementación de una política nacional de cuidados y, en seguridad, la reducción del 48% de los ingresos irregulares en la frontera y una baja del 24,2% en la tasa de homicidios en dos años con 74 casos registrados en 2025, un dato que contrasta con enorme temor por el crimen y la violencia que manifiesta el 63% de la población, según la encuesta Ipsos de noviembre.

Sobre ese miedo trabajó Kast a lo largo de una campaña que afiló en este tercer intento por conquistar la presidencia. El candidato republicano está alineado con la ultraderecha internacional como activo participante de la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC) en donde se encuentra con líderes como Donald Trump, Nayib Bukele, Santiago Abascal y Javier Milei, pero se mantiene lejos de la estridencia que manifiestan esos liderazgos. Al contrario, muestra a su familia católica de nueve hijos, se centra en la economía y en el orden público -con la promesa de expulsión de más de 300 mil personas- y soslaya la batalla cultural, dejando atrás la idea de que ampliar derechos a la comunidad LGBT+ es de “dictadura gay” y su idolatría por el dictador Pinochet (“nos tomaríamos un tecito en La Moneda con él”, fue una de sus declaraciones en la anterior disputa electoral).

La resistencia feminista y territorial

“Los gobiernos de ultraderecha sólo han traído pobreza y muerte para los pueblos, envueltos en falsas promesas de seguridad”, sostuvo ante este medio la vocera de la Coordinadora Feminista 8M, Cristina Varela. Tanto ellas como la Red de Mujeres Mapuche, advierten lo que está en juego en esta elección: los territorios, la vida de las mujeres, disidencias sexuales y las niñas. Por eso, su llamado es doble: votar por Jara como barrera de contención, pero, sobre todo, organizarse para defender los derechos conquistados.

Con este diagnóstico, las organizaciones se ponen al frente, más allá del sabor amargo que les deja un Gobierno que sienten que no cumplió con sus expectativas al no apostar por un “horizonte alternativo y una construcción de futuro fuera del neoliberalismo”, como planteó la Coordinadora Feminista 8M. Lo hacen ahora como lo hicieron en 2019, cuando se constituyeron como actor central del estallido que puso sobre la mesa demandas históricas de un sector social atravesado por las desigualdades estructurales sostenidas en la Constitución de la dictadura; y después, de nuevo, en 2021 cuando Kast intentó por segunda vez ser presidente.

La resistencia es su estrategia de defensa. Una vez más, la ponen en práctica bajo una consigna: “No es normal perder la democracia en una elección”.