Diego Maradona está sentado frente a los medios argentinos. En la Universidad de Oxford acaban de entregarle el título honorífico de “Maestro Inspirador de Sueños”. Es 1995. “Al jugador de fútbol en mi país lo tratan de ignorante”, dice. “Entonces para mí era importantísimo venir hasta aquí a hablar con estos señores para explicarles que no somos tan ignorantes y que queremos meternos en la sociedad como personas normales”. Diego tiene el mechón amarillo en el pelo. Es el tiempo de su regreso a Boca. Y del sindicato de futbolistas que había pensado. Tiene 35 años y muchas vidas vividas ya. La rebeldía, siempre intacta. Aquel día eludió el protocolo y les dijo a los presentes que le preguntaran lo que quisieran, que tenía todo el tiempo del mundo.
Pasaron treinta años de esa escena y, apenas, cinco de su muerte, y Maradona aparece cada día. Su tiempo es un presente continuo. El Diego rebelde se cuela con alguna excusa a diario. En una actualidad que angustia y en la que hay pocas referencias que despierten esperanza, su figura parece abrir camino: sus insurrecciones son antídoto contra la abulia. ¿Pero dónde está hoy esa rebeldía maradoniana? ¿Es posible encontrarla en algunos lugares o personas?
Hace unas semanas en la Universidad de Buenos Aires se organizó el Congreso Internacional Diego Armando Maradona. Organizado por la revista Meta y la Cátedra “Diegologías” de la Facultad de Ciencias Sociales, durante tres días Diego Maradona fue debatido, pensado y analizado desde todas las aristas posibles. “Aproximaciones a un universo inabarcable”, fue el lema. En la mesa con el disparador “Diego universal: un hecho político”, estaban Massimiliano Verde (Presidente de la Academia Napolitana), Pablo Brescia (profesor de literaturas y culturas latinoamericanas en la Universidad del Sur de la Florida), Nadia Fink (periodista y escritora argentina) y Fernando Duclós (Periodistán). Una señora pidió la palabra: “Yo no soy maradoniana pero me acerqué acá porque siento que están haciendo patria”. ¿Será que la rebeldía maradoniana hoy es hacer patria?
“Estamos tan perdidos y hay tan poca referencia política… En eso de la patria en peligro hay algo de Diego que la condensa”, dice Fink unos días después. “Sus posicionamientos políticos, su pelea contra el poder, la noción de pueblo… Vivimos en un mundo tan hipócrita. Con dirigentes que dicen que van contra la casta y la sostienen. Y Diego era anti hipócrita, incluso a riesgo de quemarse vivo”.
Quizá el aura de Maradona está hoy en las manos de las cocineras de comedores de barrios populares, en los y las laburantas que día a día salen de sus casas y viajan en trenes con frecuencias desorganizadas por los salarios empobrecidos y las condiciones del servicio. En las que mueven el mundo. En las que cuidan. Y en los pibes y pibas.
Quizá hoy Dalma y Giannina, casi como un legado, lleven algo de esa rebeldía. “Que un villero haya llegado a la UBA, la verdad es que muchos deben estar bastante preocupados. Mi papá fue a Oxford, pero a mí me da mucha más emoción que haya pasado por acá”, dijo Dalma en la Facultad de Sociales, en el cierre del Congreso. “Siento que está acá -siguió su hija-. Y siento orgullo porque nunca se olvidó de donde salió y siempre los defendió”.
En el mismo lugar, en un aula en la que el tema era el vínculo de Diego con el fútbol femenino, habló Laura Sosa, referenta social de La Cava, en Villa Fiorito. Laura contó que armó un club en su barrio. Fue en 2019. El municipio de Lomas había inaugurado el campeonato de fútbol femenino para promover la disciplina en los barrios. Laura, que se define como maradoniana y peronista, fue la impulsora. Alrededor de 30 niñas y mujeres empezaron a jugar en esa canchita bajo el nombre de 21 de diciembre. Decidieron cambiarse la denominación tras el fatídico 25 de noviembre de 2020, día de la muerte del ídolo.
“Lo decidimos ese día. Votamos ser a partir de ahí las Diego Armando Maradona. Y llevamos su cara en la camiseta. Nuestra canchita está rodeada de rancheríos. Y siempre pasaba que nos discriminaban, o mandaban a las chicas a lavar los platos. O si la pelota caía en alguna casa no la devolvían. ¿Y sabés qué? Desde que nos llamamos las Diego Armando la mirada del barrio cambió. Ahora todos nos ayudan, nos abren puertas, dicen pasen chicas, pasen. Nos alientan”.
Laura, que también está al frente de un comedor ahí en La Cava, lo cuenta y se pone a llorar. “Todo eso se lo debemos a Diego, Diego nos ayuda desde arriba”, dice. En sus manos tiene un pedazo de techo de la casa de Maradona en Fiorito. Tuvo que trabajar limpiando el primer hogar del astro y cuando tiraron parte del techo se guardó una parte, de recuerdo. El pedazo de techo circula por la ronda, cada persona lo toca o lo acaricia. A algunos se le caen las lágrimas. Maradona hubiera alentado a las Diego Armando.
Cuando Diego nació, el 30 de octubre de 1960, el fútbol femenino existía hace rato. El primer registro de mujeres jugando al fútbol data del 5 de octubre de 1913. Fue un partido en Rosario, a beneficio del asilo de Canillitas. En 1923 hubo otro en la cancha de Boca que convocó a seis mil personas. Las jugadoras ese día se pelearon con el organizador porque no quería repartir con ellas lo recaudado.
En Oxford, el Diego Maestro Inspirador de Sueños hizo chistes machistas al hablar sobre fútbol femenino. Dijo algo así como que a él le gustaba porque ellas tenían buenos cuerpos, buenas piernas. En la década del ‘80 había sido presidente honorario de un equipo de fútbol femenino en Italia. Y más acá en el tiempo tuvo una novia futbolista. En 2019, ya con su salud deteriorada, publicó en su Instagram un mensaje de apoyo a las jugadoras de la Selección que volvían a jugar un Mundial después de doce años de ausencia.
La rebeldía es una característica intrínseca en el fútbol femenino. Mujeres que patean incluso desde antes que naciera Doña Tota, peleando contra lo establecido. Y más: en 2015 la Selección hizo una huelga para pedirle a la AFA mejores condiciones, en 2018 hicieron el Topo Gigio exigiendo ser escuchadas. En 2019 lograron el semiprofesionalismo: fueron -son- gracias a esa lucha trabajadoras del fútbol.
Micaela Garay es periodista y trabajó en la organización del Congreso. Es futbolista también. Dice que flashea con la potencia de que la foto que más conocemos de Pablo Grillo es la que lo muestra, cámara en mano, con una remera del Diego.
Pablo es el fotoperiodista que recibió un disparo de un gendarme en marzo de este año. Una cacería a cielo abierto, en una marcha de jubilados. Un cabo, Héctor Guerrero, le disparó un cartucho de gas lacrimógeno en la cabeza, lo que le causó una fractura de cráneo y pérdida de masa encefálica. Pablo todavía está en recuperación. Fabián, su papá, estuvo en el Congreso. La familia es toda maradoniana. Por el fútbol y por la política. Porque a ellos que son de Lanús siempre los representó el Maradona que defendió a los trabajadores.
“Ver a Diego en la remera de Pablo -dice Mica Garay- me hace pensar que Diego, que dijo que hay que ser muy cagón para no estar con los jubilados, sigue marcándonos dónde está ese corte entre lo que es del pueblo y lo que es del poder. El está en la remera de Pablo”.
Maradona hoy con las luchas universitarias. Maradona hoy con los y las jubiladas. Maradona hoy con las personas con discapacidad. Maradona hoy con las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Maradona hoy antiimperialista.
En una charla sobre Maradona en un sindicato, al Profe Fernando Signorini le preguntan qué le diría a Diego si pudiera despedirlo cara a cara, si tuviera la chance de una última frase, un último cruce. El Profe no duda. Dice que le hablaría sobre lo que pasa en el país: “Le diría ‘Qué tiempos de mierda estamos viviendo, Diego, cómo están atacando a la gente, a los trabajadores’”. Y se responde: “Y Diego me diría: ‘¿Y qué querés, Ciego? Si el que está de presidente fue arquero”.