Fotos: Julieta Bugacoff.
Te imaginas todo menos que un día vas a despertar con la pesadez de un desaparecido. ¿Qué es un desaparecido? Es un fantasma que te persigue como si fuera parte de una esquizofrenia.
Brenda Navarro, Casas vacías
“Busco a mi hija Cynthia. Mi niña estudiaba ingeniería y desapareció en Veracruz a manos de policías estatales. Cuando se la llevaron tenía 26 años”. El testimonio es de Inocencia González Mondragón, una de las miles de personas que se movilizaron en Ciudad de México en el marco del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas.
Según los datos de la Comisión Nacional de Búsqueda, más de 135.000 personas permanecen desaparecidas en México. El 78% son hombres y, entre ellos, la mayoría tiene entre 25 y 29 años. Se trata de una problemática que involucra a diferentes actores de la sociedad —como el crimen organizado, las fuerzas de seguridad y el Poder Judicial— y al que ningún gobierno logró dar una respuesta efectiva.
El pasado domingo 30 de agosto, familiares, organizaciones de derechos humanos y activistas se reunieron en el Paseo de la Reforma para exigir la búsqueda, aparición e identificaciones de quienes aún no han sido encontrados. La jornada comenzó a las 9 de la mañana con una misa ecuménica, seguida de una mesa de diálogo integrada por familiares y abogados especializados. En paralelo, se realizó una pegada masiva de fotografías con los rostros de las personas desaparecidas. Para el mediodía, las calles periféricas ya se encontraban repletas de afiches con la frase “Los desaparecidos son de todos”.

Es una constante en la historia del país que adquirió una dimensión mucho mayor a partir de 2006, con la llamada “Guerra contra el narcotráfico”, impulsada por el entonces presidente Felipe Calderón (PAN), y la creciente participación de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad pública. Desde entonces, cuatro presidentes de distinto signo político han ocupado la Presidencia de la República. Ninguno logró encontrar una solución.
A finales del 2018, Andrés Manuel López Obrador, llegó al Palacio Nacional con la promesa de movilizar todos los recursos disponibles para encontrar a las personas desaparecidas. Al mismo tiempo, se comprometió a crear una Comisión de la Verdad que permitiera esclarecer qué había ocurrido con los 43 estudiantes de Ayotzinapa y llevar ante la justicia a los responsables. Sin embargo, para las familias y organizaciones de búsqueda, los resultados estuvieron lejos de cumplir con las expectativas. López Obrador se negó a recibir a las Madres Buscadoras —uno de los principales colectivos organizados en torno a la búsqueda de personas desaparecidas—, a pesar de que acamparon durante varias semanas frente al Palacio Nacional. En el caso de Ayotzinapa, las investigaciones se paralizaron cuando comenzaron a indagar en las responsabilidades del Ejército. Seis años después, su mandato cerró con una cifra récord de personas desaparecidas.
Por su parte, Claudia Sheinbaum, actual presidenta de México, adoptó una línea similar. Al igual que su antecesor, rechazó la posibilidad de reunirse con las organizaciones de familiares e incluso los acusó de ser funcionales a la derecha. Mientras tanto, la cifra de personas desaparecidas continúa en aumento y la problemática alcanza regiones cada vez más amplias del país. En la actualidad, se registran alrededor de 40 desapariciones por día.



“Yo ignoraba lo que ocurría en el país hasta que el monstruo tocó la puerta de mi casa”, relata Jacqueline Hernández, de 28 años. En mayo de 2024 su hermano, Abraham, de 33 años, desapareció en el Estado de Nuevo León mientras trabajaba como chofer en una aplicación. Desde ese momento, ella acompaña a su padre en el proceso de búsqueda. Frente a la ineficiencia estatal, son los familiares quienes asumen la tarea de buscar a las personas desaparecidas. Esto incluye salir a las calles, recorrer hospitales y acudir a fiscalías. Pero también, en muchos casos, participar en búsquedas de campo y en la localización de posibles fosas clandestinas.
Una de las agrupaciones que más relevancia tomó son las Madres Buscadoras. Se trata de un colectivo compuesto por más de 80 redes distribuídas en todo México que surgieron a partir de la necesidad de encontrar a los familiares desaparecidos. Con el paso del tiempo, muchas de estas mujeres comenzaron a buscar no sólo a sus hijos, sino también a otras personas cuyos parientes no podían hacerlo por sus propios medios.
Al mediodía, una parte de las personas que asistieron a la movilización se encolumnó detrás del “Axolotl Buscador”, un personaje ficticio que acompaña a las familias en la búsqueda. Este año, la selección mexicana de fútbol eligió al ajolote como símbolo para representar al país de cara al Mundial 2026. “La presidenta dijo que el animal representa a México porque ella lo está cuidando de que esté en peligro de extinción. Nosotros, los familiares, decidimos reapropiarnos del animal y utilizarlo como símbolo en la búsqueda de los desaparecidos”, explicó Valeria Posadas, una de las mujeres que marchaba.

En los meses previos al Mundial, las tensiones entre las familias buscadoras y el Poder Ejecutivo en torno a las desapariciones forzadas se hicieron aún más visibles. En diciembre de 2025, un grupo de madres buscadoras encontró más de 500 bolsas con restos humanos a pocos kilómetros del Estadio Akron, en Jalisco. Menos de un año después, el estadio sería una de las sedes del evento deportivo, con cuatro partidos programados. La consigna “México, campeón mundial en desapariciones” es una de las consignas que más se repite de camino al Zócalo.
El Mundial terminó hace poco más de un mes. Los estadios se vaciaron y, como rezaba uno de los principales eslóganes utilizados por el Gobierno de la Ciudad de México para promocionar el evento, “la pelota volvió a casa”. Los desaparecidos, en cambio, no volvieron.
