Pasada las 12 del mediodía, Fabián Casiva fue sentenciado a prisión perpetua por el femicidio de Azul Montoro. La joven trans tenía 23 años cuando fue asesinada durante la madrugada del 18 de octubre de 2017. Fue un juicio histórico en la provincia porque es la primera vez que el homicidio de una mujer trans es calificado bajo esa figura penal. Además, fue sentenciado por los delitos de hurto calamitoso y daño. 

De esta manera, quedó acreditada la imputabilidad del acusado —uno de los puntos claves del juicio— y que el asesinato ocurrió en un contexto de violencia de género. El proceso oral y público se desarrolló en la Cámara en lo Criminal y Correccional de Novena Nominación, Tribunales II, de Córdoba.

La audiencia comenzó aproximadamente a las 10 de la mañana con la declaración final de Alejandrina Torres, mamá de Azul. “Ella se sintió mujer desde chiquita y nosotros como familia la acompañamos siempre”, afirmó. Luego, recordó la noche en que ocurrió el femicidio. “Nos llegó la noticia del asesinato durante la madrugada. Es algo que una nunca quiere escuchar como mamá. No quiero que ninguna otra familia pase por esto. Azul era joven y tenía sueños. Nadie me la va a devolver pero quiero se haga justicia porque esto no puede volver a suceder nunca más”, dijo Torres.

Después, el acusado hizo uso de la última palabra para pedir perdón a los familiares de Azul. “Quiero pedir disculpas a su madre, padre y hermanos. Estoy arrepentido de lo que pasó. Yo no estaba en mis cabales. No entiendo lo que está pasando. Pido disculpas”, dijo al comenzar. 

Y siguió con declaraciones polémicas: “Como hombre me encantan las mujeres. No me gustan los homosexuales. No tengo nada en contra de nadie. Soy un chico que he tenido mis novias. A mí me encantan las mujeres y no tengo nada en contra de ellas. Tengan compasión de mí. Yo no estaba en mis cabales. No supe lo que hice”, dijo el acusado.

Luego, se refirió a sus días en la cárcel de Bouwer. “Me estoy haciendo peor porque no me dan la posibilidad de establecerme. Estoy en el pabellón del fondo donde está la gente maldita. Me quieren hundir porque cometí un error, como todos cometemos en la vida”. Cuando dice error se refiere a las 17 puñaladas y al golpe en la cabeza que dejó inconsciente a Azul Montoro la madrugada del 18 de octubre. Después continuó relatando las situaciones que atraviesa en el establecimiento carcelario. “Estoy viviendo una cosa ahí adentro que ninguno aguantaría pero yo sí me lo aguanto”, dijo Casiva levantando la voz y dándose golpes en el pecho, mientras su mamá y su hermana menor lloraban al escucharlo. “Solo vengo a decir que cometí un error y estoy arrepentido”, concluyó. 

Afuera de Tribunales II habían colgado la bandera LGBTIQ y debajo habían puesto fotos de Azul. Sus amigas esperaron juntas la sentencia y al escuchar el veredicto algunas lloraron; otras se abrazaban entre sí. Al final, apareció el fiscal Guillermo González, a cargo de la instrucción del juicio, y se abrazó con la familia de Azul. “Se hizo Justicia”, dijo su mamá todavía con lágrimas en los ojos.

 

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Este miércoles se habían desarrollado los alegatos y tanto el fiscal Gustavo Arocena como el abogado querellante Tomás Aramayo habían pedido que Fabián Casiva reciba la pena de prisión perpetua. La imputación era por tres delitos: homicidio calificado por mediar violencia de género (femicidio), hurto calamitoso (por el robo del celular de Azul, después de su asesinato) y daño (por la agresión a la perra caniche de Lara Godoy, amiga de Azul y dueña del departamento donde fue asesinada), todo en concurso real. El abogado defensor, Javier Rojo, había pedido que el acusado sea absuelto.

El juicio sienta un precedente histórico y reparador para la comunidad LGBTIQ. Las amigas de Azul que declararon en la audiencia contaron que el trabajo sexual es la única opción para las mujeres trans. A diario se enfrentan a insultos y agresiones: desde tirarles con un matafuegos hasta arrojarles botellas de vidrio. La falta de oportunidades y los derechos de las trabajadoras sexuales fueron dos puntos claves en los alegatos del fiscal. 

Arocena, además, resaltó que este femicidio es “uno de los hechos más cruentos de la historia criminal de Córdoba”. Según pudieron reconstruir los investigadores, el cuerpo estaba a los pies de la cama, en dirección a la puerta de salida, por lo que se presupone que ella intentó escapar. 

Para la fiscalía, Azul fue asesinada cuando se negó a tener relaciones sexuales con Casiva porque él no tenía dinero para pagarle. Aquella noche estaba en la zona roja de Córdoba y aceptó subir a la motocicleta del femicida porque él aseguró que tenía plata para pagar por sus servicios. “Si no hubiera sido por la plata, no se iba con él”, había asegurado Lara Godoy cuando declaró en el juicio. 

La existencia material del hecho y la autoría no estaban en discusión. Tanto fiscal, como abogado querellante y defensor coincidían en que Casiva asesinó a Montoro aquella madrugada. El principal punto de debate fue la imputabilidad del acusado, ya que durante la etapa de instrucción se realizaron dos pericias que arrojan distintos resultados. A partir de la segunda pericia el agresor fue declarado imputable y así se elevó la causa a juicio. En ese informe se apoyó el fiscal para sostener la acusación y pedir la pena de prisión perpetua para el imputado. 

Si bien había dudas respecto al diagnóstico de Casiva —se plantearon distintas posibilidades, desde esquizofrenia hasta ausencia de psicopatologías—, lo relevante para la fiscalía es determinar si él pudo dirigir sus acciones al momento de cometer el femicidio. Arocena sostuvo que Casiva tenía “pleno gobierno sobre sus acciones e incluso cierta astucia para convencer a una trabajadora sexual como Azul —con experiencia en el oficio, cuidadosa y que cobraba por adelantado— para irse con él”. Y aseguró que en el acusado “no hay desconexión del entorno ni disociación con la realidad”, sino que comprendió lo que hizo antes, durante y después del femicidio. 

Respecto a la identidad trans, Arocena recordó un diálogo que tuvo con la familia de Azul: ella nació mujer, creció sintiéndose mujer y, gracias a la Ley de Identidad de Género, pudo afirmarlo también en su documento: hizo lo que la ley exigía para ser reconocida como tal. Casiva mató a una mujer. En ese sentido es un juicio histórico: al afirmar que fue femicidio también es posible visibilizar y reconocer la discriminación que sufre la comunidad LGBTIQ, enraizada por prejuicios, estereotipos e información distorsionada; y habilita el reconocimiento, goce o ejercicio de sus derechos, empezando por respetar la identidad. 

“Casiva reaccionó con violencia femicida frente al ejercicio de los derechos que Azul tenía como mujer y como trabajadora sexual. Él pensaba que ella era una cosa que estaba para servirle. Ella se negó y eso fue lo que disparó la violencia. Lo relevante es que se mató  a una mujer por el solo hecho de serlo y por ejercer derechos que le corresponden como trabajadora sexual”, dijo el fiscal para cerrar sus alegatos. Sostuvo la acusación contra el imputado y pidió que reciba la pena de prisión perpetua.

 

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Después, el abogado querellante inició sus alegatos con una descripción de la vulnerabilidad que sufren las mujeres trans. A lo largo del juicio, las amigas de Azul enumeraron las veces que fueron rechazadas en entrevistas de trabajo, aún con estudios o carreras en curso. “Trabajan solamente como esclavas sexuales, no conocen otra realidad, no hay otra perspectiva para ellas”, aseguró Aramayo. Espera que este juicio sea un ejemplo para que toda la sociedad tome conciencia de la necesidad de inclusión. 

“Casiva no tenía plata para pagar los honorarios que pedía Azul. Ella se negó a ofrecer sus servicios y por eso fue apuñalada. Está demostrado el hecho, la participación del acusado y es plenamente imputable. Es un femicida: la mató por la violencia machista que está acostumbrado a ejercer”, sostuvo Aramayo. El femicida ya tenía antecedentes por violencia machista: había sido denunciado por su madre y su hermana en dos oportunidades pero había sido sobreseído por inimputabilidad. En ese sentido, la querella sostuvo que los peritos fallaron en el diagnóstico y que Casiva no tiene ningún tipo de trastorno.

“Cuántas veces va a volver a salir Casiva, cuántas veces va a volver a usar la esquizofrenia como excusa, cuántas veces va a volver a ser violento, cuántos Casiva va a haber en nuestra sociedad, cuándo vamos a frenar la violencia”, cuestionó Aramayo, mirando de frente a los jurados populares durante la audiencia del miércoles. La querella también sostuvo la acusación y pidió que Casiva reciba la pena de prisión perpetua. 

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Casi al final de la audiencia del miércoles, Casiva miró hacia atrás y buscó la mirada de su madre, que ya cansada escuchaba los alegatos con la cabeza agachada.

El abogado defensor continuó con los alegatos: insistió con la absolución y pidió la aplicación del principio de in dubio pro reo (en caso de duda se beneficia al imputado) porque había dos pericias que se contraponían respecto a la inimputabilidad. También negó que se tratara de un femicidio basándose en argumento estereotipados: “una vez lo vieron con una travesti charlando, estaba sonriendo, como si le estuviera presumiendo”; “no tenía conductas misóginas, le gustaban las mujeres”; “la violencia era con todos”.  Dijo que no se configuraba la figura porque no era un crimen premeditado ni había motivación. 

Luego, el fiscal pidió derecho a réplica y aclaró que el único elemento necesario es el contexto de violencia de género, que había quedado acreditado en sus alegatos. Azul fue asesinada por ser mujer trans y por ejercer sus derechos como trabajadora sexual. Por primera vez, la Justicia de Córdoba investiga, juzga y condena el asesinato de una mujer trans con perspectiva de género. Como dijeron las amigas de Azul: fue femicidio. Un precedente histórico en la provincia.