Es viernes por la tarde y el sol se esconde por la bandeja sur de la cancha de Boca. Florencia Gastamiza, Paloma Aschieri y Sol Baracat están reunidas en una de las salas del sector de Historia que tiene la Bombonera. Se ponen los guantes de látex y agarran con el cuidado de cirujanas los libros azules que pertenecen al archivo de socixs. Tienen un objetivo: encontrar a todas las socias desde la fundación de la institución en 1905, como gesto de reconocimiento a las mujeres que fueron parte de la historia de su club. Fue durante una madrugada cuando encontraron a las primeras socias, que  habían corregido las planillas de inscripción: a las palabras “socios” o “señor” le tacharon la “o” y le agregaron la “a”, como muestra identitaria y de inconformismo. 

Guadalupe Giménez llega un poco retrasada y se suma al grupo. Es parte de la historia reciente del club, pertenece al primer plantel de reserva femenina. Con el envión del anuncio de la profesionalización del fútbol femenino, decidió dejar su Salta natal y la carrera de kinesiología que había comenzado, para ir atrás de un sueño. La chica de 19 años que empapelaba su cuarto con recortes de diarios y revistas con las caras de sus ídolos, nunca imaginó que ahora se entrenaría con las jugadoras de la primera de Boca y podría construir nuevxs ídolxs. Ahora, se detiene en una ficha, trata de descifrar si el nombre que encuentra pertenece a una mujer. 

 

 

El grupo pasa las hojas y busca también a aquellas que no se ponían ninguna camiseta pero que ayudaron a escribir la historia. Intentan encontrar a Manuela Farenga, que no aparece en la lista de fundadores. Sin embargo, fue la encargada de coser las primeras camisetas del club y estuvo en el nacimiento de Boca. Fue siempre nombrada como la hermana de dos de los fundadores. “No la hemos encontrado todavía en los registros”, señalan.

Cuando Florencia Gastamiza tenía 8 años y limpiaba su casa en Carmen de Patagones junto a su mamá imaginaba que los mosaicos de su living en realidad conformaban los escalones de la tribuna del club de sus amores. Si le preguntaban qué quería ser cuando fuera grande, respondía: “Trabajar en Boca, limpiando la cancha cuando terminan los partidos”. La Florencia de hoy, con 25, se reconoce en la historia de Julia Fieres, una socia que en 1958 y con 18 años se mudaba a un conventillo de La Boca y conseguía trabajo en la fábrica de la renombrada marca Alpargatas, en Barracas. A fines de los años ´60 Julia logró conseguir trabajo en la temporada de pileta. Los años y el cariño por el club le darían una casa abajo de la platea media y una tarea que emprendería por 50 años: lavar y planchar las camisetas del plantel de primera. 

Florencia identifica cómo las mujeres construían desde muy chicas su sueño en relación a su club. “La única manera de pensarte en Boca era barriendo la cancha”, dice con un nudo en la garganta. Es psicóloga y se acercó a la peña xeneize de La Plata, adonde se había mudado para estudiar. En 2017, empujada por el feminismo, comenzó a contactar a todas las mujeres afiliadas a la peña para concretar la reunión con el fin de crear la Secretaría de la Mujer, luego transformada en Secretaría de Género. Desde ahí, empezaron a realizar pequeñas intervenciones y se encontraron con el alejamiento de muchas compañeras que no compartían la perspectiva. Pero también con la llegada de nuevas integrantes. Uno de los primeros objetivos fue el de seguir a Las Gladiadoras, el equipo de fútbol femenino del club. “Fue ampliar el proyecto institucional y volver a preguntarnos qué era Boca para nosotras. Un Boca que no se reducía solo al fútbol masculino”, dice.

Florencia, que ya no es parte de la peña porque decidió junto con otras compañeras militar a Juan Román Riquelme en su vuelta a Boca como parte de la lista ganadora en las últimas elecciones, recuenta las socias halladas hasta el momento: “Tenemos más de 80, es decir que en pocos años fueron muchas mujeres las que se sumaron al club”. Las primeras solicitudes de socios y socias que hay en el registro son del año 1923. El grupo de historia lleva relevado hasta el momento hasta 1931, año en el que la profesionalización del fútbol masculino era apenas prematuro. 

La historia de Florencia Gastamiza se entrecruza con las de sus otras dos compañeras de tarea, Paloma Aschieri y Sol Baracat. Paloma se hizo hincha de Boca gracias a una mujer. Una vecina de su barrio natal mendocino que la cuidaba cuando sus padres no podían hacerlo fue quien le inculcó desde los cuatro años la pasión por el fútbol. Hoy ella es parte de la cuenta de Instagram Gladiadoras Xeneizes, que tiene casi 55 mil seguidores, y es una de las impulsoras de ese apodo que les dio una identidad a las jugadoras. Como parte de su tarea periodística empezó a los veinte años a cubrir los partidos del plantel femenino y fue amor a primera vista: “Vos venís a ver a las pibas y te enamorás”, asegura. Cuando Paloma descubrió que ese mismo plantel había ganado diez campeonatos consecutivos y que desde el club no se habían pronunciado, se obsesionó por hacer conocer a las jugadoras. Esa pasión la llevó a realizar un trabajo de hormiga, por ejemplo contando los goles de la delantera Andrea Ojeda. “Che, denle bola a esa chica que tiene más de 400 goles”, le sopló al oído una histórica del fútbol femenino del club como Marcela Lesich. Arquera, entrenadora y dirigente, fue pionera en la lucha por la equidad salarial y de condiciones denunciando en 2016 un despido misógino en el que la dirigencia se escudó diciendo que era mejor contar con un cuerpo técnico masculino.

¿Por qué nunca se la presentó a Ojeda como la goleadora histórica? ¿Por qué nunca le pusieron el contador de goles en la Bombonera como a Palermo, si ella lo supera en la tabla? Paloma y Sol también sufrieron esa invisibilización en carne propia. No encontraron sus nombres en la revista oficial que el club ofreció el sábado 9 de marzo de 2019, en la nota que destacaba a 12 mujeres importantes en la historia de Boca en conmemoración al día internacional de la mujer, pese a que habían sido relevados por ellas y otras compañeras. Ni siquiera habían recibido una mención como grupo investigador. “Paciencia y perseverancia”, les pidieron los dirigentes a las chicas cuando reclamaron su lugar. 

 

 

La historia de Sol también está marcada por Boca. Su primera palabra fue “Riquelme”. Heredó la pasión de su papá, que la sentaba adelante de la TV a ver los partidos y hoy, con 19 años, persigue a las Gladiadoras a través del lente de su cámara de fotos. Sol había dejado de ir a la cancha porque su papá empezó a concurrir con su grupo de amigos y ella ya no encontraba un lugar de pertenencia ahí. Así se cruzó con las chicas y volvió a la Bombonera.

En la búsqueda de los registros de socias, Florencia, Paloma, Sol y Guadalupe hallaron a la primera: Josefa de Brancato aparece en el libro de 1929, registrada con el apellido de su marido. “No solo fue la primera socia de Boca, sino que fue la primera socia vitalicia”, cuentan. En el viaje al pasado que ofrecen los cuadernos azules con letras doradas en el lomo, encontraron algunas mujeres propuestas por otras mujeres. Y lo más llamativo, mujeres que proponen a niñas: madres que asocian a sus hijas.

La tarea recién comienza. Buscan más socias e hinchas voluntarias que se sumen al desafío de reconstruir las historias de cada una y todas las socias de Boca que encuentren en los archivos. Tienen como objetivo visibilizarlas como parte del reconocimiento de los roles de las mujeres en los clubes de fútbol.