Hace exactamente un mes, a los 77 años, murió Carlos Alberto “Indio” Solari. Pero la estela de su perfume de la tempestad es tan luminosa que nos queman los dedos, las teclas, para empezar a responder una pregunta se repite en loop desde aquella mañana: “¿Qué significa el Indio para vos?”. Aquí un puñado de respuestas de lo que el Indio nos dejó, de lo que hizo su música en nuestras vidas pero, sobre todo, de su legado en la cultura y la militancia social. Desde los derechos humanos y la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia, hasta la denuncia de violencia institucional y policial, y la vida en las cárceles, su apoyo a la marea verde y la autogestión. Y ese llamado que hizo en el abrazo a Micaela García, cuando le cantó esa canción que ella tanto deseaba oír.
Pañuelos blancos
Como alguien que fue joven en los noventa, soy parte de una generación que fue marcada por el Indio y por Los Redonditos de Ricota. Uno de los puntos básicos de la agrupación H.I.J.O.S. era la reconstrucción del tejido social roto por la dictadura y creo que el fenómeno de Los Redondos, y del Indio después, y todo lo que generaron sus canciones tiene que ver con esa reconstrucción: poder generar lazo con los otros, poder sentir que solo se puede ser feliz en comunidad, compartiendo lo común con el otro.
Si bien escuchaba Los Redondos antes de la militancia, empecé a ir a recitales con compañeros de la agrupación, de distintas partes del país. El primero fue el de Racing (1998) y a Mar del Plata viajamos con compañeros de Rosario. En el quinto encuentro nacional de H.I.J.O.S., los compañeros de Rosario habían llevado una bandera que decía: “SI Evita viviera, sería ricotera”. Hacíamos el pogo con “Ji, ji,ji”y hemos utilizado la frase: “Estos chicos son como bombas pequeñitas”.
El Indio logró poder comunicarse con les pibes más excluidos, con aquellos a los que nadie les habla. Entonces, que levantara las banderas de los derechos humanos, de las Abuelas de plaza de mayo, es sumamente importante porque permitió que ese discurso llegara a lugares donde solo él podía llegar. Cuando nos enteramos de su muerte, le hicimos saber a la familia que queríamos hacerle llegar el pañuelo de H.I.J.O.S. y dijeron que sí, que por supuesto, que querían que estuvieran los pañuelos nuestros, de Madres y Abuelas. Fue una pequeña comitiva a llevar los pañuelos, y el resto fuimos entre compañeras de la agrupación. Nos despedimos así, con otros, en la calle.
Verónica Castelli es hija de María Teresa Trotta y Roberto Castelli, detenidos-desaparecidos en 1977, y militante de H.I.J.O.S. Su madre estaba embarazada de seis meses y medio cuando la secuestraron. En julio de 2008, su hermana Milagros fue restituida por Abuelas de Plaza de Mayo.
Pañuelos verdes
Mientras pienso qué significó el Indio, una artista callejera sube al subte a cantar: “Y mientras tanto, el sol se muere. Otra se acerca y se ponen a tocar La Bestia Pop mientras varias personas cantan juntas hasta las lágrimas.
Eso está pasando por estos días en un país que anda huérfano, pero en duelo colectivo. Soy una de las miles de pibas que encontraron refugio en las letras del Indio y en Los Redondos porque tenían que ver con el llamado a la rebeldía, a luchar contra lo impuesto, a la libertad en el sentido de salir de la opresión del poderoso. Las misas que él supo construir tienen esa expresión de plena libertad, entendida desde la igualdad, donde todos somos uno y nos acompañamos y nos cuidamos entre todas y todos.
También como militante de la Campaña recuerdo cuando el Indio se expresó en favor de la legalización del aborto. Desde sus orígenes, la Campaña acompañó e incitó a toda persona que estuviera a favor a expresarse públicamente. Tenía que ver con esa incidencia política y con lograr que se hablara de aborto en todos lados. Esto se ve más claramente en 2018, con el primer debate legislativo, en donde, si bien en términos institucionales no logramos la ley en ese momento, sí lo que llamamos ‘la despenalización social del aborto’.
El Indio se venía expresando desde antes, pero sin dudas tomó relevancia cuando salió publicada, el 8 de agosto de 2018, su foto en la tapa de La Garganta Poderosa, con el pañuelo verde y su letra que decía “Que sea ley. Indio”. También había dicho en una entrevista que brindó a cuatro medios populares: “Es muy importante que se resuelva a favor de la legalización, para que las mujeres no corran riesgo. La mujer es la que tiene el derecho a poder decidir. ¿Quiénes somos el resto, nosotros, para disponer por alguien que está en esas circunstancias? El aborto debe ser legal. No me gusta la negociación de la libertad, ni termino de entender la manera en que se negocia la vida de la gente en cada decisión del Congreso y del Gobierno de turno”. Si bien no lo aprobó la Cámara de Senadores ese día, se lo tomó como la señal, dentro de los símbolos que tuvimos, a incitarnos a seguir luchando, a redoblar esfuerzos, y al año siguiente volvimos a presentar el proyecto por octava vez, que finalmente en diciembre de 2020 se transformó en ley.
Y no es extraño que se haya pronunciado. Porque fue una de las personas que supo leer siempre lo que le pasaba al pueblo, lo que implicaba la dignidad de las personas, la justicia social. Y la legalización del aborto era una cuestión de justicia social. Buscando un poco de información, encontré una frase que él había dicho en una entrevista en Rosario el 3 de agosto de 2018: “Cuando las mujeres, los jóvenes, los humildes se rebelan y empiezan a señalar verdades que no son incontrastables, se transforman en enemigos de los poderosos”. Él supo acompañar lo que tenía que acompañar en todas las causas y el aborto no fue la excepción.
Yamila Picasso, integrante de la Campaña Nacional por el derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.
“Uno de los puntos básicos de H.I.J.O.S. era la reconstrucción del tejido social roto por la dictadura. Creo que Los Redondos y el Indio tienen que ver con esa reconstrucción: poder generar lazo con los otros, poder sentir que solo se puede ser feliz en comunidad”.
Verónica Castelli, militante de H.I.J.O.S
De religión ricotera como mi viejo
El Indio me atravesó desde que soy muy chica, porque mi primer recuerdo de Los Redondos es con mi viejo en el living de casa poniéndonos la canción “Susanita”, como un tema muy jocoso para sus dos hijas, para que bailemos. Debo haber tenido nueve, diez años. Justamente el disco donde está “Susanita”, que es Lobo suelto, cordero atado, es mi favorito. Será por alguna cuestión simbólica, ¿no?
A Los Redondos, al Indio, yo lo relaciono mucho con mi viejo porque él siempre fue muy fanático y me hizo fan a mí. Cuando el Indio murió el primer mensaje se lo mandé a él, agradeciéndole por hacerme ricotera.
Yo siento que ser ricotero es casi como una religión. Por una cantidad de situaciones: porque las religiones son transversales, no tienen tanto que ver con dónde naciste, sino con cómo sentís. Por eso, se llama misa y somos todos fieles. Y fieles en el sentido de que te pasan cosas a nivel personal, que tienen que ver con cada uno y por qué estamos ahí, pero también está esa cosa colectiva, esa fuerza que hace que estemos todos ahí juntos, entendiendo y sintiendo lo mismo. Si bien no venimos de los mismos lugares, entendemos lo mismo. Eso me parece muy maravilloso de Los Redondos y obviamente del Indio, que tiene gran parte de esa mística.
En lo musical me atravesó muchísimo él y todas las sonoridades de Los Redondos. He tocado todos sus covers, todas sus versiones, con todas mis bandas. Y también en soledad. Y eso habla de la versatilidad del repertorio, porque interpretado desde distintos lugares, tiene sentido. Esas canciones son muy vigentes, incluso las primeras de Los Redondos, que son de hace un montón de años, son modernas. Tiene toda esa subjetividad que es de época, pero también trasciende la época. Es muy loco eso, porque o no cambiamos nada como personas, como humanidad, como país, o de lo que habla el Indio siempre fue muy universal y muy transversal a la época. Me inclino más por lo segundo.
Creo que no dimensionamos la bisagra cultural que va a ser, o que fue, la partida del Indio. Un personaje que reúne un montón de personas que se juntan para escuchar, para celebrar a Los Redondos. No importa de dónde vengan, que hayan vivido, porque es transversal. Y eso es como algo que solo un personaje como él podría haber hecho. Creo que no hay otro personaje de la cultura o de la Argentina que reúna tantas cosas. Mucha gente lo ha relacionado con la muerte de Diego, pero sí creo que tiene que ver con esa transversalidad de amor, de pasiones, desde muchos lugares diferentes.
Lula Bertoldi. Cantante, guitarrista e integrante del power trío Eruca Sativa.
El abrazo invisible de una canción
Las rejas no pueden encerrar los recuerdos
El rock nacional no fue solamente música;
para muchos de nosotros fue una forma de seguir respirando
cuando la vida apretaba el cuello.
Es la voz de los que no tenían micrófono,
el abrazo invisible de una canción cuando no había nadie cerca.
Yo tuve la suerte de compartir algo
que vale más que cualquier cosa material:
ir a un recital con mi hijo Francisco.
Mi único héroe en este lío.
Gracias a ese momento,
él puede decir que vio al Indio Solari en vivo,
y yo puedo guardar ese recuerdo como un tesoro
que ni el tiempo ni las rejas pueden tocar.
Ya van 9 años y 7 meses
de una condena de 18.
Son miles de amaneceres iguales,
de puertas que se cierran,
de ausencias que pesan más que el cemento.
Hay días donde las horas parecen eternas
y el reloj se convierte en un enemigo.
Pero entonces suena un tema de La Renga,
de Los Redondos,
y por unos minutos uno vuelve a ser libre.
Libre en un recuerdo,
en una ruta imaginaria,
en una noche de recital
con la gente cantando a una sola voz.
Porque el rock nacional tiene eso:
transforma la nostalgia en fuerza
y el dolor en resistencia.
Nos recuerda quiénes fuimos,
quiénes somos
y quiénes queremos volver a ser.
Es la banda sonora de nuestras caídas,
pero también de cada vez que nos levantamos.
Y aunque a veces la tristeza sea inmensa,
mientras exista una canción capaz de llevarnos
a un recuerdo feliz,
siempre va a quedar una luz encendida
en medio de la oscuridad…
‘Cuando la noche es más oscura,
se viene el día en tu corazón’.
Siempre sentí que el Indio nos tuvo presentes a los que vivimos detrás de los muros. En muchas de sus canciones hay algo de nosotros, de los que conocemos el ruido de las rejas, las noches largas y la pelea diaria contra los propios fantasmas. Acá adentro uno cambia si de verdad quiere cambiar. No alcanza con decirlo; hay que demostrarlo todos los días.
Hay días en que el encierro pesa más que nunca. Días en los que las paredes con humedad parecen achicarse, los gritos retumban más fuerte, los escopetazos cortan el aire y el ruido de las rejas te recuerda a cada segundo dónde estás. Pero ahí aparece la magia de una canción del Indio. Porque no es solamente música. Es una puerta que se abre cuando todo parece cerrado. Es cerrar los ojos y volver por un rato a los mejores recuerdos, a esos abrazos que todavía calientan el alma, a las risas sinceras, a las noches donde la libertad era tan natural que ni siquiera la pensábamos.
Y qué loco, ¿no? Un tema sonando en un parlante viejo puede hacer desaparecer por unos minutos todo este paisaje gris. Ya no están las rejas, ni los candados, ni el olor a encierro. Están los afectos, los sueños y la gente que uno ama. Hoy fue uno de esos días. De esos en los que necesitás escaparte sin moverte. Y ahí estuvo el Indio, como tantas veces, haciendo de puente entre esta realidad dura y esos lugares donde todavía somos felices. Porque mientras existan los recuerdos y una canción capaz de despertarlos, hay una parte nuestra que jamás van a poder encerrar.
Juan Manuel Romero cumple una condena desde 2017 en la Unidad N°5 de Mercedes, provincia de Buenos Aires. En marzo de 2023 entró a un pabellón literario y descubrió que “las palabras pueden abrir puertas que las llaves no alcanzan”. El miércoles 3 de junio, dos días antes de la muerte del Indio, hizo esta poesía, como un presagio, a la que llamó “Rock nacional”.

La Negra está de pogo en el cielo
Lo primero que pensé apenas me enteré de la noticia fue: la Negra está de pogo en el cielo. Después de que Mica dejó de competir en gimnasia aeróbica, empezó a tener más tiempo y pudo dedicarse a hacer otras cosas que ella deseaba hacer. Una de esas fue empezar a tomar clases de guitarra. Le encanta la música y era fanática del Indio. El primer recital del Indio al que pudo ir fue el de Gualeguaychú y después, al de Olavarría.
El día que despedimos a Mica, el Indio nos llamó. Hay cosas que no recuerdo porque era un momento de mucho dolor, pero él se había comunicado con una compañera del Movimiento Evita y les había pedido nuestro teléfono porque quería hablar con nosotros. En ese momento no tomé dimensión de lo que estaba pasando, pero se me ocurrió pedirle esa canción porque era algo que Mica quería. Y lo primero que le dije al fue: “Mica vino muy enojada de Olavarría porque no cantaste Juguetes perdidos” y le pedí si podía cantar aunque sea una línea para ella. Y es que Mica había trabajado todo el verano de moza en una pizzería para poder pagarse el viaje y el Indio no había cantado su canción favorita.
El Indio cantó por altavoz y nos acompañó en ese momento. Su muerte nos movió muchas cosas estos días, porque medios, compañeras y amigas estuvieron subiendo aquel recuerdo del abrazo a La Negra, y escucharlo a cada rato fue recordarla a Mica todo el día.
Andrea Lescano, mamá de Micaela “La Negra” García. Mica era militante del Movimiento Evita y de Ni Una Menos. Fue víctima de femicidio en abril de 2016 en Gualeguay, Entre Ríos. Tenía 21 años.
La independencia como religión
El Indio y Los Redondos sin duda fueron para nosotras una referencia de una cultura de la época, que nos formó en un tiempo en el que se podía aprender de bandas, de grupos que eran autogestivos que hablaban de eso y su arte se desprendía de ahí. Nos dimos cuenta de que teníamos mucha influencia del rock, pero sobre todo de Los Redondos, la madre de las bandas. En Petróleo, elegimos poner Ji Ji Ji, y esa obra se hizo masiva. Barajamos un montón de otras canciones, no fue tan a conciencia, pero después nos dimos cuenta de que estábamos poniendo un himno. Por otro lado, el teatro independiente en Buenos Aires tiene una genealogía y toda una historia de la que somos parte, pero también somos de una generación en la que el rock y el teatro estaban bastante fusionados, que compartíamos la misma pasión.
Valeria Correa, actriz e integrante del grupo de teatro Piel de Lava.
“Ser ricotero es casi como una religión. Porque las religiones son transversales, no tienen tanto que ver con dónde naciste, sino con cómo sentís. Por eso, se llama misa y somos todos fieles. Y fieles en el sentido de que te pasan cosas a nivel personal, pero también está esa fuerza colectiva que hace que estemos todos ahí juntos, entendiendo y sintiendo lo mismo”.
Lula Bertoldi
La tribu de mi calle
Eran los primeros de democracia, el Juicio a las Juntas, la explosión de la libertad de expresión, las juventudes políticas en la calle; era volver a creer que la democracia podía solucionar los problemas y garantizar los derechos. Pero muy pronto hubo decepciones como las leyes de obediencia debida y punto final, los milicos que todavía estaban fuertes y un plan económico que no funcionaba y, a la vez, un final de década con muchas caídas: la del muro de Berlín, la del colapso del bloque socialista, la caída del sandinismo en Nicaragua. En ese momento, para muchos militantes, los partidos políticos empezaron a dejar de ser un lugar de creación, de intercambio, de discusión, y las militancias en general estaban atravesadas por búsquedas de nuevos lugares para intervenir en la vía pública. Queríamos crear espacios de encuentro de activismo más abierto que los partidos, que quizá tenían esa obligación del dogma y que no eran muy amigos de los matices.
Y Los Redondos explotan en esos momentos. En los primeros años de la democracia, nos invitaban a ser parte de una tribu que cruzaba clases sociales, territorios (sobre todo porteños y conurbanos), niveles de estudios, y nos daban letra para nuestras canciones: para nombrar nuestros proyectos, para identificar nuestras prácticas, desde la poesía y la música, pero también desde un tipo de construcción política.
Es así que algunas personas que militábamos en el frente estudiantil de izquierda en Comunicaciones, Santiago Pampillón, impulsamos la creación de un medio con reglas propias, sin dueños, cooperativo, asambleario, que nos permitiese experimentar, pero también trabajar.
Cuando fundamos la radio, había quedado el nombre “Radio revuelta” y justo organizamos unas charlas en el centro de estudiantes donde fue el periodista Enrique Sims, que había sido parte de Los Redondos, haciendo monólogos en sus shows, y nos habló de las tribus urbanas, de movimientos sociales, políticas, culturales. Y ahí tuvimos la epifanía sobre nuestro nombre: éramos una tribu. Y ya no hubo más dudas: “FM La Tribu”. Además de tener la frase en “Vencedores vencidos”: “Me voy corriendo a ver que escribe en mi pared la tribu de mi calle”, estaba eso de tener ahí un vínculo con lo que pasaba en el barrio y en los territorios.
Y no nos equivocamos, porque Los Redondos nos acompañaron durante los noventa, una década que parecía que éramos pocas y pocos resistiendo contra esa cultura del consumo y, al mismo tiempo, de destrucción del trabajo, de la industria, del sistema público. Nos daban letras para nuestras crónicas radiales. Y ahí con Los Redondos muy populares, muy masivos, que expresaba toda esa resistencia. Nosotros creíamos que democratizando la comunicación íbamos a democratizar la sociedad. Ejércíamos el derecho de estar en el aire y hacer públicas nuestras voces.
La muerte del Indio fue un golpe durísimo, al menos para los más grandes de La Tribu. A millones de personas les pasó que sentimos que se murió un amigo personal o un familiar. Creo que su legado, además de las canciones que son para siempre, es su convencimiento de que se pueden hacer las cosas de otra manera, no para ser populares o famosos, sino para construir condiciones de vida coherentes con lo que deseamos y con lo que decimos que deseamos. Hay miles de redonditas y redonditos: personas, proyectos, puntos de encuentros, medios alternativos, organizaciones feministas, ecológicas, de derechos humanos, bibliotecas populares, comedores comunitarios, clubes de barrio, nodos de la economía popular, cooperativas de todo tipo que están atravesados por esas prácticas que Los Redondos llevaron adelante como bandera y como realidad efectiva. Proyectos reales, que tienen desarrollo, que tienen una participación, incidencia, que logran cosas.
Y creo que mucho de eso se sintetiza en algo de lo que se escuchó en la peregrinación del domingo y todos esos días y que es: “El Indio me salvó la vida”. Quizá en algunos casos es literal y en otros tanto, como una expresión poética, de ‘me dio pistas’, ‘me dio un ejemplo’, ‘me acompañó con su arte y con su práctica en mis propias prácticas’. De algún modo, legitimando proyectos que no tienen tanta visibilidad, pero que están concebidos con esa manera de entender la vida.
Ernesto Lamas. Comunicador, docente y activista comunitario. Es uno de los fundadores de FM La Tribu, radio comunitaria que en junio cumplió 37 años en el aire.

“Creo que el legado del Indio, además de las canciones que son para siempre, es su convencimiento de que se pueden hacer las cosas de otra manera, no para ser populares o famosos, sino para construir condiciones de vida coherentes con lo que deseamos y con lo que decimos que deseamos. Hay miles de redonditas y redonditos: personas, proyectos, medios alternativos, organizaciones feministas, ecológicas, de derechos humanos, bibliotecas populares, comedores comunitarios, clubes de barrio, nodos de la economía popular, cooperativas de todo tipo que están atravesados por esas prácticas que Los Redondos llevaron adelante como bandera y como realidad efectiva”
Ernesto Lamas
El Indio y su mirada sobre los desangelados
En el libro Recuerdos que mienten un poco, las memorias que el Indio dejó en conversación con Marcelo Figueras, el Indio cuenta que los versos “Esa mancha que está allí / por allí en el suelo, allí me suena a Lady Macbeth espantada ante la sangre producida por sus crímenes” de El tesoro de los inocentes tienen que ver con los militantes sociales. “Esos versos de mi canción tienen que ver con el gasto de los heroicos jóvenes que han arriesgado su cuerpo, desde las golpizas que reciben hasta la sangre derramada. El suyo es un heroísmo todavía inocente, pero ¿cómo puede no ser inocente, el heroísmo? Hablamos de alguien que cree que vale la pena arriesgar la vida por una causa. Siempre que escucho o leo esos versos pienso en Kosteki y Santillán. El tiempo me fijó la imagen de esos dos, tendidos sobre su sangre. Porque yo también reinterpreto mis letras con el correr de los hechos, no sigo pensando lo mismo de ellas toda la vida. A medida que pasan los años, cuando las escucho me despiertan nuevas cosas. Eso es lo rico que tiene la poesía: ¡no se gasta nunca! No necesitamos héroes impecables, pero sí heroísmo. Que a menudo proviene de quien menos se esperaba: el que prometía valor termina no teniéndolo y el que era un temblor permanente encuentra una razón para arrancar primero de la trinchera”, dice.
Darío escuchaba Los Redondos, ¡como todes por aquellos años! Era la música obligada de las fiestas del centro de estudiantes que armamos en nuestra escuela secundaria y música de los momentos de esparcimiento en alguna casa amiga. En lo personal, la separación de Los Redondos fue un simbronazo, no recuerdo haber conversado con Darío sobre el tema, para entonces ya estábamos bastante más metidos en otros ámbitos de militancia, sobre todo él.
Escucharlos era un bálsamo, muchos de nosotres, aún purretes, no teníamos lecturas encima ni grandes definiciones políticas, así que Los Redondos nos ofrecían conceptos y orientaciones. No sabíamos por qué, pero Oktubre era el disco que más nos gustaba. El Indio habló siempre sobre la violencia institucional y la violencia policial que sufrió Darío en la masacre de Avellaneda. También pienso en “Pabellón Séptimo”, que habla de otra masacre, pero en una cárcel.
La muerte del indio entre, otras cosas, para mí es una especie de segunda muerte, una definitiva. Porque cuando se separaron Los Redondos de verdad se rompió algo… No sabíamos que después iba a pasar los que pasó: Skay sacando discos, el Indio con Los Fundamentalistas y las misas que siguieron, y más cerca en el tiempo La Kermesse. De alguna manera, con el tiempo, pudimos endulzar esa primera despedida. Hasta ahora.
Mara Obregón era amiga y compañera de escuela y de militancia de Darío Santillán, militante popular asesinado el 26 de junio de 2002 junto a Maximiliano Kosteki en Avellaneda. El comisario Alfredo Fanchiotti y el cabo Alejandro Acosta, de la policía Bonaerense, fueron condenados a prisión perpetua.
Rompemuros
Yo escucho el Indio y Los Redondos desde hace 30 años. Voy a cumplir cuatro años de que estoy privado de mi libertad. Él siempre demostró que sabe cómo vivimos acá. Habló sin romantizar a la cárcel, sino contando lo que pasa.
Todo el mundo piensa en Pabellón Séptimo, pero hay una canción anterior, Toxi Taxi, que habla de lo que pasa acá adentro y él se lo mostró al mundo.
Te tenemos allí
abandonado allí
preso como un animal
(como un animal feroz),
así las cosas,
la fiera más fiera, ¿dónde está?
Pero también te hace viajar, te hace compartir, te hace leer. Te invita a preguntarte por Chernobyl, te invita a leer sobre los cuentos de Barbazul. En un contexto donde no existe nada, tenés un montón para aprender con su poesía. Para mí es un filósofo y la filosofía de la cárcel es que uno sobrevive y debe aprender a vivir en este mundo.
Cuando llegó la noticia de su muerte, nos íbamos encontrando en los pasoductos, los pasillos de la cárcel, y nos decíamos: “¿te enteraste?”, “sí, se fue”, “no está más”. En muchos pabellones se escuchó el Indio y ves una tristeza que abunda porque se nota cómo atravesó generaciones, como rompe muros, atraviesa distancias. Sentís que no importa donde estés, el Indio está con vos.
No pudimos despedirlo colectivamente como hicieron afuera. Acá adentro es imposible, la cárcel no es “El marginal”, eso es show para la caja boba, para “el baión para el ojo idiota, y el Indio siempre dijo que la realidad era muy distinta a la ficción. Pero sí, acá, en la celda, me puse los auriculares y vi el vivo de Los Fundamentalistas, hablé con amigos y compartimos el dolor. Es eso. Hoy se comparte el dolor solamente.
Producción: Nadia Fink.