Subirse al colectivo para inventar un futuro: crónica del 39 Encuentro Plurinacional

Desde Córdoba, Julia Piasek escribe sobre el 39° Encuentro Plurinacional: una multitud que, en medio del ajuste, los discursos de odio y la precarización, vuelve a encontrarse para discutir, organizarse e imaginar un presente posible.

Imagen de portada: Juli Machón

El Encuentro este año es en Córdoba Capital. Es un Encuentro especial, lo sabemos todes. Transcurre durante el tercer año de gobierno de Javier Milei, con un entramado de ajuste, endeudamiento y precarización de la vida que se siente en el bolsillo de cada una de las que viajó y también en el cuerpo de las organizaciones. El humo de los sahumerios de las comunidades atraviesa el aire y marca el comienzo de esta edición número treinta y nueve. Por primera vez en la historia de los Encuentros, hay una Comisión de Pueblos Preexistentes habitando y organizando el espacio desde el inicio. Sobre el escenario de la apertura se cruzan la historia y el presente: suben integrantes de la comisión organizadora de 1987, cuando Córdoba fue por segunda vez sede de este hecho político, y dos de ellas vuelven a estar hoy, casi cuarenta años después, al frente de la organización. 

La energía cordobesa fue imposible de apaciguar con lluvia y nubes. Al mismo tiempo, hubo una insistencia histórica, devenida en urgencia por el contexto, recorriendo todo el Encuentro: que el próximo año sea en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. De cara a los horizontes políticos que se avecinan, estar en CABA cobra otro sentido: es una necesidad estratégica para presionar de cerca a la Rosada. “Lo que más se sintió en este Encuentro fue: no a Milei, y esperemos que así sea”, dijo Susana Gamba, feminista cordobesa pionera y participante del primer Encuentro de Mujeres en el Centro Cultural San Martín en Buenos Aires.

Crédito: Mili Mariona

Los cuestionamientos no se quedaron solo en Milei. Otro año más, se realizó el taller “Hacia una reforma judicial transfeminista”, donde se debatió sobre el Poder Judicial patriarcal y de clase que sigue sosteniendo, en nuestro país, las desigualdades y las violencias. Un poder del Estado que genera cada vez más desconfianza porque es, en definitiva, el que termina poniéndole el sello final a las injusticias e inconstitucionalidades de todos los días.

En ese marco, que las comunidades ocupen un lugar central en la organización y en la escena política del Encuentro es fundamental: llegan sin la ley que suspendía los desalojos en sus tierras y con una Ley de Tierras que el DNU 70/2023 borró y cuyo destino sigue en disputa en la Justicia y en el Congreso. En los Encuentros, los reclamos de las comunidades, muchas veces alejados del centro de interés de los grandes medios de comunicación, se vuelven agenda común para la militancia transfeminista.

Este año, también por primera vez, se formaron la Comisión Travesti-Trans y No Binaries y la Comisión de Accesibilidad. La periodista Marta Dillon lo sintetizó con claridad: el Encuentro Plurinacional es “una tecnología que va incorporando identidades y profundizando debates”, por eso hace varios años el Encuentro es transfeminista y plurinacional. 

En el Encuentro hay muchas actividades. En la Plaza de la Intendencia la Carpa Lésbica copó “El Tortódromo”, el espacio que las lesbianas cordobesas habitan habitualmente para encontrarse en una especie de misa lésbica. Allí se realizó una asamblea abierta y horizontal que tuvo el foco puesto en cómo acompañar la instancia final del juicio por el triple lesbicidio de Barracas. Esa misma urgencia atravesó los talleres de “Activismo Lésbico” que, según cuenta la periodista y editora tucumana Milagro Mariona de La Nota, tuvieron que mudarse al patio ante el desborde de participantes.

El domingo al mediodía un montón de personas se reunieron en una plaza para la Asamblea de Feministas del Abya Yala. “Las feministas rompemos las fronteras”, dijo la comunicadora Liliana Daunes, porque el fascismo es un fenómeno global y está en todos lados. También, por micrófono, alguien terminó su discurso diciendo: “Nos queremos vivas, libres, desendeudadas y sin presiones de los yankees”. 

Lejos del extractivismo y de la inercia infinita del scroll

Ese fue otro acuerdo dentro del movimiento: no somos el patio trasero de Estados Unidos. Lo dijeron las compañeras en una charla sobre IA, datos y soberanía, llevada adelante por las organizaciones Data Género y Revista Colibrí, con discusiones que iban desde un plan nacional para crear data centers propios hasta el retorno a la “inteligencia artesanal”, es decir, construir por fuera de estos monstruos tecnológicos. Lo dijeron también en el taller de “Tecnopolítica, soberanía digital y ciberactivismos”, donde se pidió que el empresario tecnológico Peter Thiel se vaya de Argentina y de América Latina, y se reclamaron legislaciones y marcos regulatorios para proteger los territorios y los bienes comunes. Y lo dijeron los carteles de la marcha, muchos de ellos con fotos de Milei y Caputo embelesados por Trump.

Crédito: Mili Mariona

Por eso, este año y por primera vez, se llevó a cabo el Laberinto TecnoTransFeminista, un día antes del comienzo oficial del Encuentro. La FAMAF (Facultad de Matemática, Astronomía, Física y Computación) se llenó de transfeministas, mostris, ciborgs, y personas que sueñan con la tecnología como campo abierto en disputa, como dice la página web del evento. La propuesta busca interpelar los usos de la tecnología, sus modos de producción y sus relaciones de poder, con una posición clara frente a la inclusión de vitrina: no les interesan las mujeres CEO ni las IA violetas, buscan interferencia: una pausa a la aceleración, lejos del extractivismo y de la inercia infinita del scroll.

Guadalupe es de Mendoza y forma parte de Alternativa Laboral Trans (ALT), una cooperativa de trabajo conformada solo por personas trans que se dedican al desarrollo de tecnologías. “Muchas veces la tecnología queda solamente vinculada a las redes sociales y quienes trabajamos en esa área sabemos que es más amplio. Hay alternativas en la creación y transmisión de tecnologías. En estos tiempos es fundamental pensar desde talleres, desde lo micro, construir redes de conocimiento y fortalecer las que ya existen, porque en esta temática hay organizaciones que la vienen trabajando hace muchos años”.

Hablar en presente

A la salida de un taller, me encuentro con un cartel-muñeco que armaron las compañeras de La Poderosa. Es una trabajadora comunitaria, sus manos cargan más objetos de los que puede soportar cualquier humano de la vida real; pero que en este contexto sostienen diariamente los cuerpos de las mujeres en los barrios.  Justamente, por este motivo, este muñeco no tiene solo dos brazos. Es una mujer pulpo. Sus manos sostienen un celular, una olla, una escoba, un bebé y un recordatorio: “nueve horas de trabajo no remunerado”. También sostiene, como un peso en su espalda, el ícono de Mercado Pago con la palabra “usureros”. 

“Participé de los talleres de endeudamiento. Una de las conclusiones que sacamos es que hoy el endeudamiento pertenece a la agenda justamente porque se endeudó la clase media. Nosotros somos los sectores empobrecidos que estamos endeudados hace mucho tiempo y nuestros deudores son los transas.” La Negra Albornoz, referente de La Poderosa. “En las conclusiones salió que tenemos que crear un banco popular en donde las familias que están endeudadas con el narcomenudeo puedan desendeudarse”, cuenta Albornoz.

Entre taller y taller, la discusión no se frena, las compañeras vuelven a encontrarse y se pasan la posta de lo que se habló en cada aula. En una fila larga para un sánguche de carne escucho a dos mujeres hablar. Una de ellas carga a una niña en sus brazos. Hablan para achicar el tiempo y aguantar el hambre. La que está primera en la fila participó del taller de soberanía alimentaria y le cuenta a la otra lo que dijo una docente de Avellaneda: que en la escuela se re-nota que las infancias comen cada vez peor y que las familias tienen menos tiempo para prepararles algo saludable. La mujer con la niña la escucha atenta. Después le cuenta que ella estuvo en el taller de activismos gordes y que ahí se dijo que “ya entendimos que no se puede opinar del cuerpo ajeno, pero sí hay que hablar de que somos todos distintos”. Habló también de la Ley de Educación Sexual Integral, que se nombró en el taller, y de la importancia de que exista una Ley así para ellas. Y señaló a su hija. 

Crédito: Mili Mariona

Hay una potencia en la constancia de un encuentro sostenido durante casi cuatro décadas. Una vez al año, miles de mujeres, lesbianas, travestis, trans, personas no binarias y pibis se despliegan por la ciudad para conversar en las aulas, en las calles, en los bares y plazas. Para intercambiar posiciones. Para discutir sin necesidad de llegar a un acuerdo. En un tiempo donde la conversación pública parece exigir consensos masticados o cancelación inmediata, sostener la rispidez y habitar el desacuerdo es un acto de radicalidad política. Hay una potencia, también, en el ejercicio simple y profundo de intentar entenderse.

Muchas veces se habla de la falta de una proyección a futuro en los imaginarios militantes, pero en los Encuentros Plurinacionales se piensa el presente y se esbozan propuestas concretas a corto y largo plazo. Esa capacidad de imaginación que tanto anhelamos cuando la política nos deja abandonades, cuando los dirigentes nos traicionan, o cuando nos cuesta entendernos incluso entre compañeras, acá sí se ejerce. Durante tres días, la imaginación política vuelve a ser un trabajo compartido.

Cuerpos en la calle

De las discusiones en aulas atestadas, de pensamientos en asambleas e intercambios en charlas de pasillos y actividades al aire libre, el momento de poner el cuerpo y encontrarnos en las calles siempre es una fiesta. 

El sábado a la tarde nos encontramos en la Marcha contra los Travesticidios y Transfemicidios, a la que este año se acopló con fuerza la exigencia de “Basta de lesbicidios”. Lo que al principio ocupaba un espacio secundario en la agenda del Encuentro, año a año se vuelve una convocatoria más masiva. La conformación inédita de la Comisión Travesti, Trans y No Binaria le dio a esta marcha un espesor organizativo y político único en un momento donde los discursos de odio y negacionistas provienen del propio Gobierno, que también desfinancia las políticas de diversidad. A lo largo del recorrido retumba la calle: “Señor, señora, no sea indiferente, se matan las travestis en la cara de la gente”, abriendo paso detrás de una bandera que dice: “Existimos porque hay memoria, resistimos porque hay lucha”.

Crédito: Mili Mariona

El domingo a la tarde, después del cierre de los talleres y la escritura de las conclusiones, comienza a sentirse la manija por la marcha de cierre del Encuentro. En las esquinas hay grupos de pibis maquillándose, bengalas todavía apagadas pero listas, y se ven corridas de compañeras con palos y banderas yendo a encontrarse con otras mujeres. El centro de la ciudad de Córdoba se inundó con más de 150 mil personas marchando.

En una esquina de la movilización, están Susana Gamba y una compañera. Las columnas pasan frente a ellas y las chicas, las señoras, les pibis las saludan. Susana y su compañera cantan todas las canciones y con las manos hacen un gesto de arenga. “En estos tiempos tan duros es una alegría encontrarse. Hay como tres generaciones en los Encuentros: las viejas como nosotras, que no somos muchas, pero seguimos viniendo. Las hijas y las nietas”, dice Susana.

La marcha es larga y en ningún momento se dejan de escuchar los bombos, ni se dejan de prender las bengalas. Salir del laburo y estar solas, cada una, en nuestras casas, angustiadas por las injusticias cotidianas es distinto al paisaje comunitario que se observa en el Encuentro. Las mujeres en las calles dicen: “es un shock de energía”; “una infusión de alegría”; “es pura emoción”; “un paréntesis de dignidad”; “un rato de vitalidad”; “una recarga de batería”. 

Crédito: Juli Machón

El año que viene, entonces, nos espera la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el centro político del país y el escenario donde se disputará gran parte del escenario político por venir. 

A las que nunca dejaron de ir, gracias. Y a las que en el camino, por momentos, perdimos la fe, la fuerza o la paciencia: no hay que desconfiar de este movimiento. Cuando afuera el mundo parece desmoronarse o aislarse en el cinismo y la perversión, subirse a este movimiento sigue siendo el modo más concreto que tenemos de inventar un futuro.