Hemos tomado territorios, hemos tomado organismos, ¿no vamos a tomar un micrófono?

Con estas palabras, Moira Millán, mujer mapuche integrante del Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir, celebró durante una de sus intervenciones la realización del taller de “Mujeres y autodeterminación de los pueblos”, que tuvo lugar por primera vez en el 33 Encuentro Nacional de Mujeres en Trelew.

La propuesta, lanzada y coordinada por su organización, fue un éxito tanto por la masividad de su concurrencia, como por la visibilidad que otorgó a uno de los temas más marginales en las agendas de los Estados, de las entidades internacionales y, con alguna excepción, del mismo movimiento de mujeres. En Argentina, el movimiento de mujeres se encuentra ante una oportunidad única de marcar tendencia una vez más y adelantarse al Estado, al incluir en la nominación de los Encuentros aquello que al mundo capitalista y patriarcal le cuesta tanto nombrar.

El taller 42 se llevó adelante en la Escuela de Arte nº 759, ubicada más allá de la Plaza Centenario, luego de bordear la Laguna Chiquichano, a la vera de la Ruta Nacional 25. En la entrada la bandera flameó persistente durante los dos días con la proclama que sintetiza los motivos por los que desde 2012 las mujeres de las 36 naciones indígenas por el Buen Vivir se congregan: #NosQueremosPlurinacional.

Camino al gimnasio, donde se desarrollaron sus actividades, las paredes se vistieron con la bandera mapuche junto a las whipalas. El primer día, el espacio se llenó con más de 600 participantxs. El domingo, fueron más de mil quienes se acercaron desde la mañana y dieron forma al taller en el ir y venir constante de personas, debates y propuestas.

Las intervenciones se sucedieron con la dinámica asamblearia, característica identitaria y parte de la tradición encuentrera. Ante el gran número de oradoras anotadas, hubo acuerdo a la moción de priorizar y garantizar que se escuchara la voz de las mujeres indígenas. La interseccionalidad atravesó los nudos de las propuestas y discusiones que se sostuvieron, como pensar una educación sexual integral que incorpore los saberes y reflexiones de las culturas originarias; o los puntos de enlace entre las luchas colectivas por la autonomía de los territorios y la de los cuerpos frente a un gobierno que promueve sometimiento y represión a mansalva, a través de discursos maquillados de “propiedad privada” y “libertad individual”.

Entre ovaciones y cánticos, aparecieron las tensiones de fondo que antecedieron la puesta en marcha del taller y que llevaron a las Mujeres Indígenas por el Buen Vivir a romper con la Comisión Organizadora: la exigencia de que el Encuentro salte del discurso de lo nacional, añejo, racista y colonialista, a explicitar la plurinacionalidad, reparando simbólicamente años de invisibilidad y rompiendo cualquier sesgo de discurso monolítico.

De manera previa a los días en Trelew, desde la Comisión recordaron que no estaba en sus manos la posibilidad de modificar el nombre, ya que las reglas del Encuentro, pensadas para cuando lxs participantxs se contaban apenas de a mil, exigen que cualquier cambio sea aprobado por el “aplausómetro” y, aunque en el acto de cierre no hubo lugar en el escenario para que las coordinadoras del taller compartan las conclusiones o postulen su propuesta, en las redes sociales mujeres, lesbianas, travestis, transexuales, indígenas, migrantes, putas, trabajadoras y estudiantes ya convocan al 34 Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Transexuales para un 2019 candente en La Plata.

 

Hermanandad de los pueblos

“La autodeterminación significa que la forma y organización de los Estados la definan quienes habitan sus pueblos”, así una de las participantes intentó sintetizar en palabras sencillas una problemática que ha puesto en vilo más de una vez a las democracias occidentales y que, en nuestro país, cada vez que alcanza relevancia mediática, aparece caracterizada por entramados de violencia, conspiración y hasta disfrazada de actos de terrorismo. Mediante esta operación, se corre del eje que el Estado argentino tiene una deuda pendiente con los pueblos preexistentes a su conformación, y que el gobierno año a año dilata la finalización del relevamiento territorial indígena dictado por la Ley nacional 26.160. El relevamiento es la antesala para la regulación de la posesión y propiedad comunitaria de las tierras indígenas anunciado por la reforma constitucional de 1994 y recomendada en diversas oportunidades por los organismos internacionales de derechos humanos.

En Puell Willy Mapu (Chubut), el taller del sábado 13 inició con una ceremonia del fuego para propiciar la claridad y la bonanza de los pensamientos, y el domingo estuvo antecedido por una ceremonia quechua de protección. Alrededor de los rituales, lxs participantxs se ordenaron de manera circular. En las paredes circundantes podían leerse pedidos de justicia por el asesinato de Rafael Nahuel y en contra de la persecución de referentes y luchadorxs indígenas, criminalizados por resistir a proyectos extractivos y de inversión que no solo atentan contra la naturaleza, sino que ponen en riesgo la supervivencia de sus culturas.

“La nuestra es una lucha continental. No nos vemos minoría”, expresó una de las mapuche mientras empuñaba su brazo en alto con el pañuelo verde anudado a su muñeca. Así hizo alusión a la unidad a la que aspiran las naciones originarias del continente.

El espíritu del taller trascendió las fronteras de la escuela asignada. Durante los tres días que duró el Encuentro, las veredas y la Plaza Centenario fueron testigos de que el mapudungún y otras lenguas originarias se entremezclaran con el español dominante, y se hicieran presentes en diversas actividades y manifestaciones convocadas por las organizaciones.

Al momento de la marcha del domingo, fue la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratutito la que empatizó en la lucha por la autonomía abierta por las mujeres indígenas, y dejó lugar a la bandera de #NosQueremosPlurinacional para caminar por las calles como columnas hermanadas.

Los Encuentros responden y se asientan sobre tensiones. Su existencia es posible desde hace 33 años porque se trata de un espacio dinámico y multivocal que se repiensa y se transforma en las respuestas que construye y propone a las demandas nuevas y viejas que pujan por hacerse su lugar a través del tiempo. El equilibrio nunca fue una de sus características, sino más bien las contradicciones que propician la expansión y el desconocimiento de sus límites posibles. En este caso, la pregunta que retorna quema e interpela: ¿Es posible pasar lista de quiénes componemos el “nosotras” que se esconde detrás del slogan gastado y repetido “El encuentro somos todas”?