Por: Fotos: Solange Avena

La pregunta por quiénes somos nosotras aparece en el territorio donde el Estado argentino erigió un desierto. Donde decretaron que no hay nada. Desde ahí se lanza esta pregunta: ¿es posible pasar lista de quiénes componemos el “nosotras”? La participación del movimiento de mujeres indígenas por el buen vivir y de lxs trans y travestis en el Encuentro (nacional) de (mujeres) da cuenta de cómo el feminismo renueva la pregunta por quiénes serán las sujetas de sí. ¿Quiénes somos “todas” cuando el slogan dice “El Encuentro somos todas”?

Incorporadas las mujeres al relato de la patria, insisten lxs sujetxs que aun quedan por fuera: travestis, trans, trabajadorxs sexuales, indígenas, lesbianas, cuerpos disidentes. Si en 1985 con decir “mujeres” alcanzaba y sobraba para ser un espacio antipatriarcal, hoy “mujeres” solito es una generalización que borra el espesor de clase, de etnia, de identidad sexual, de edad, de (des)ocupación, de posición política…Decir “mujeres” es suponer que existen las mujeres. Hasta hace algunos años la palabra mujer aun remitía a algo que entendíamos todxs, hoy eso está puesto en el banquillo de la duda.
Pero no es sólo la categoría “mujer” la que ha entrado en crisis. En el Encuentro en Trelew ha aparecido desde el margen un cuestionamiento histórico a la idea de nación y la conformación del Estado. En los límites territoriales del Estado argentino conviven 36 naciones originarias, el reconocimiento a esta plurinacionalidad de la nación argentina fue objeto de puja durante el 2018 y especialmente durante los días que duró el Encuentro. En los últimos años la persecución hacia y la resistencia de los pueblos mapuche y qom, especialmente, saltaron las barreras de la prensa especializada y pasaron a formar parte de la agenda nacional. Aun con estigma y muerte, la aparición de las naciones indígenas en los discursos masivos abrió un camino sin retorno.
Ingreso a la Escuela donde se llevaron a cabo los talleres de: Mujeres por la libre determinación de los pueblos, Mujeres Trabajadoras sexuales y Mujeres y sindicalismo.
¿Por qué la nación tiene esta forma y no otra? Los límites que delinean la forma de la nación son objeto de pugna de colectivos extraños al Estado, que desde sus márgenes buscan permearlo y que, en tanto amenaza, son históricamente objetivo de la violencia institucional. Las perseguidas, las que hay que dar vuelta la cabeza para no verlas, las que quedan afuera por indigentes de la identidad nacional, por mostras feas, son hoy quienes mantienen viva la lucha contra el aplanamiento cultural y político de una Argentina que ingresa al mundo para mimetizarse con los países jefes.
El llamado a nominarnos como plurinacionales es un intento por reconfigurar nuevamente el sujeto del feminismo pero también por reconfigurar la nación. ¿Qué naciones para qué Estado? ¿Qué ciudadanas para qué Estado? El país feminista es el suelo del otro país, el machista, ocupa la misma extensión, pero el país blanco y normado por el patriarcado, que tiene su confirmación en cada redada policial, en cada recorte, en cada acto escolar que repite un mito fundacional racista, está petrificado sobre el papel de calcar y es lo que en cualquier mapa se puede ver.
Más de 1000 asistentes al Taller de Mujeres por la Libre Determinación de los Pueblos
De los sótanos, desde el fondo del pasillo, en el margen interno de las ciudades, a 2000 km de la capital nacional, al sur de todo, por debajo de la tierra sube una pulsión como un tren fantasma, cargado de muertas, de muertos, de vivas, de zombies. Vienen a romper con el mapa político que le han puesto encima a un nosotras desconocido. El molde hecho de engrudo y agua que se monta sobre las otras naciones se resquebraja. Se escuchan los golpes de los escombros contra el suelo. Lo que aparece es todo lo contrario de un desierto a conquistar. El feminismo no ve cuerpos desnudos ni mesetas vacías, no hay personas ni territorios sin derechos.