Por: Fotos: Diego Martinez

-2. Krieg mit Walser. Krieg: Guerra; Mit: con; Walser: Walser.

-1. Intento encarar el comentario de Walser, traductor del Limbo, de Vanesa Guerra, como encara ella misma su escritura, como una transversalidad fugitiva. Una fuerza que atraviesa el lenguaje para buscar salidas que horaden el muro de los dualismos rígidos, las certezas burocráticas, las identidades sedentarias, las lenguas calmas de la academia. Entonces, literariamente, placer verbal donde la verdad resuena.

0. Guerra reflexiona sobre Walser. Primero en esa soledad poblada del acto de lectura, luego en el convite que nos hace: acercarse/nos a la “llamada literatura enfermiza” porque las lecturas “sanas”, teleológicamente, nos proponen un “futuro desolador”. Las comillas atrapan las palabras de Robert Walser, suizo y escritor, punto de reflexión del Walser de Guerra.

1. Si bien Guerra no lo sugiere, podemos pensar a Walser bajo la figura del extranjero: quién llega hoy pero que mañana no se va; que, si bien ha llegado, (aún) no se ha asentado. El extranjero Walser es una figura que encarna proximidad y distancia respecto de las cosas, pero también dentro de la sociedad en la que se ha establecido: la suiza, la alemana, el hospital psiquiátrico: “la distancia, dentro de la relación significa que el próximo está lejano, pero el extranjero significa que el lejano está próximo”.

2. El subtítulo del libro, “un ensayo”, nos adelanta un entusiasmo. Género libre, con su discurrir entre las ideas presente, sin límites formales para rondar a Walser, con elementos novelescos y poéticos, “el ensayo piensa junto en libertad lo que libre y junto se encuentra en el objeto elegido”, dirá Adorno. ¿Qué o quién es Walser? Un suizo de Biel/Bienne, ciudad del cantón Berna. El nombre doble de la ciudad indica una zona lingüística fronteriza entre el alemán y el francés, pues Suiza es una nación cuatrilingüe. ¿En qué lengua sueña Walser? ¿Cómo traduce en la vigilia los restos de nocturnidad?

3. Walser se encerró voluntariamente en una famosa clínica psiquiátrica, la Waldau de Berna, en la que trabajaba su hermana –Liza– porque sufría de ansia y alucinaciones. Las diferencias tuvieron destino de encierro y fueron medidas con la técnica médica. Más luego, ya sin su voluntad, en el psiquiátrico de Herisau, en donde quedó 23 años. Sea: ¿cómo se sale de una imaginería como esta? 23 años. Pues: en sus fichas médicas se registró que “el paciente confiesa escuchar voces”. Son las fuerzas que brotan del cerebro, que ponen el Yo fuera de Sí y cuando sucede “el cuerpo no ayuda, no despabila, obedece a otro amo. […] son el sello de la obra de Walser”, escribe Guerra.

4. La deriva como condición del espíritu. El libro piensa a Walser con categorías como “infinita variación”, “movimiento”. Y son representativas de Walser, pues volvió caminando de Alemania, de Stüttgart, a Suiza, en uno de sus tantos y larguísimos paseos de migrante. Fue uno de los primeros escritores en lengua alemana que introdujo en la literatura la vida de los trabajadores asalariados, y sus héroes a menudo son vagabundos: travagan. Es el caso de Jakob von Gunten (1909), un niño que quiere aprender a servir para tener un buen amo, porque a ser un buen esclavo, dice Walser, se aprende. Ni el niño ni Walser consiguen triunfar en la esclavitud, viven un tiempo sin orden.

5. Tal vez la figura más general con la cual Vanesa Guerra nos invita a pensar en y con Walser sea la del Yo en fuga, un yo plural: “Walser crea y se re-crea, en el sentido de se re-inventa”.

6. ¿Hay algo por afuera de la lengua? Guerra dialoga e intuye en lo dicho, en un diálogo con la parcial ausencia de Walser, pero con sus palabras como otro cuerpo. Un descorrimiento de velos, un hablar desvelado. Y de ese encuentro de múltiples focos de interrogación –la pluralidad de Walser que Guerra descubre– nace un nuevo cuerpo-tiempo-espacio tan abierto que se parece a un yo plural: la concreción del propio libro.

7. Walser para Guerra es por lo menos dos cosas: escritura/pensamiento en el acto de desplazarse/cuerpo caminante. Guerra lo busca entonces en las Gedankenspaziergänge (caminatas del pensamiento).

8. Guerra dice que no le interesa Walser, el Walser-ser sino su obra: “solo pienso o vibro en su letra, tan corpórea y evanescente, tan salida de sí, tan pariéndolo como si fuera su propio hijo, afuerísima, letra afuerísima del cuerpo, fugada del yo”. Al mismo tiempo descompone el nombre, ¿y qué es un nombre en la institución literatura sino una mediación del ser? “Walser: Va-al-Ser / va-hacia-el-ser / va-cía-el-ser”. Pero Walser, “caminante sin par”, puede ser puesto a bailar en un nuevo desplazamiento: el principio del movimiento que el escritor lleva inscripto en el nombre y en la vida: Walser < Walzer < Walzen (girar o rodar), el principio del vals y de Walser.

9. A Walser lo recuerdan en Suiza y acaso lo recordamos en Europa por los Mikrogramme (microgramas), que son objetos artísticos en sí: que se pueden mirar sin “leer”. Una forma de la escritura que él mismo bautizó como Bleistiftgebiet (método/territorio del lápiz). Ahí estaba cifrado el sütterlin, una especie de forma del gótico cursivo. Al comienzo se percibieron esas páginas como garabatos de un loco y tardamos en descubrir que ahí había letras e historias más que imágenes. Cuatro lectores atentos y progresivos los descifraron –Jochen Greven (el inventor del concepto de “microgramas”), Martin Jürgens, Bernhard Echte y Werner Morlag– y sobre el filo del siglo XXI terminó de aparecer una obra de Walser en seis volúmenes: Aus dem Bleistiftgebiet (Desde la región del lápiz).

10. Otro signo bajo el cual Vanesa Guerra nos invita a pensar en Walser es el limbo. Ahí Dante había puesto a los grandes filósofos de la historia de la humanidad que habían nacido antes de Cristo y que pese a haber muerto con el “pecado original”, por su labor, por sus palabras, esto es, la reflexión sobre el mundo, no merecían el infierno. Tampoco el paraíso: por cierto, más aburrido que el infierno. El limbo para Guerra es un lugar “fuera de la salvación, fuera de la maldición”. Una tierra media: y ahí dice están las criaturas de Walser: sin dios ni ley ni destino.

11. Cuerpo: espasmo y sostén. Y lectura: 12.

12. Lectura. La lectura es trabada porque la lengua de la narración de Guerra se densifica en los signos de la poesía. El libro entrama una poética y entonces avanzamos al paso de la reflexión. Hay un estado de inmovilidad en la lengua que nos presenta. Momentáneo por cierto. Es el lento paladeo de la lengua en el bosque de los signos de Walser. Pero esa lentitud en un momento interpone su negación y es entonces cuándo la progresión de los signos se hace fluida: hemos entrado en el mundo de Walser-Krieg y avanzamos en la noche con fulgores. Sobre todo, cuándo el libro nos transporta a una lectura feminista de Elfriede Jelinek sin soluciones de continuidad (¿aparentes?) con Walser, pero sí con Guerra.

13. Ciudad. Buenos Aires es a Arlt como Berlín es a Walser: Krieg entrama un largo paralelismo entre Walser y Berlín. En ambos, la ciudad y el escritor, se encuentra reinscripto un mismo principio: el movimiento. Y además, como agregado, aquí (en estas notas que se traman cual textura deshilachada) surge la idea de que no hay literatura sin lugar: pues no hay literatura sin ciudad (por lo menos en Europa, pues en América Latina las cosas siempre tienen algunos leves tintes de matices). Y acaso sería posible postular que Walser en la Argentina se traduce como Arlt: escrituras nerviosas, escrituras caminantes, sendas ciudades, personajes paseadores. O mejor: Walser > Walder > Balder. Un amor agresivo.

14. Lengua. “Walser se ha entrenado para una vida en la clandestinidad”. Por lo menos en la clandestinidad de la lengua. Walser escribe en Hochdeutsch (alto alemán; el alemán de Alemania), una lengua diáfana que lxs suizxs hablan/escriben con cierto sentimiento de “otredad” respecto de lxs alemanxs. Guerra tiene una hipótesis al respecto: “Se niega y escribe en alemán porque no es una lengua de minorías, cómo sí lo es su lengua materna, porque RW cree que el arte debe entregarse a lenguas ‘mayores’”. Pero acaso ¿hay lenguas mayores y menores? En un principio, hay lenguas para ciertos usos y distintos circuitos comunicativos. En todas las latitudes de Europa, al menos lingüísticamente, hay un estado de “bipolaridad” entre el dialecto de los afectos y de la comunicación diaria y la lengua nacional (Suiza tiene cuatro lenguas oficiales: alemán, francés, italiano, romanche; en orden de prelación) propia de las burocracias, las instituciones y las formalidades. La mayoría de los países europeos a lo largo de la historia tuvo experiencias coloniales. Esas etapas de proyección capitalista fueron precedidas por experiencia semicoloniales, “puertas adentro”, hacia el interior de Europa. Y el Estado nacional, que recoge la experiencia semicolonial antes y colonial después, ha condenado a las culturas regionales e intentado minimizar (con éxitos impares) al máximo las culturas territoriales y sus habitantes: en términos lingüísticos, les (nos) ha inculcado sabiamente que los “dialectos” son lenguas “menores”. Walser: semicolonizado. Pero con un pliegue: su deseo de reconocimiento, su voluntad de ser un escritor de su época, su alemán de mayorías, fracasan; su lengua sin ley es goce y no utilidad.

15. Abrir. Walser, traductor del limbo trae a la Argentina un escritor relativamente remoto para nuestra institución literaria y lo presenta con una lengua que no se tienta en el academicismo, que se acerca más a las densidades de la poesía. Una lengua que choca con la (presunta) uniformidad de la lengua del espectáculo, esa que apela al sentido común de las audiencias a las que se dirige y que pretende ser garante de la “buena comunicación”: lineal y transparente, regular y uniforme. Pues bien, el Walser de Vanesa Guerra es todo lo contrario, pues podríamos decir, usando las mismas palabras que encontramos en el libro, referidas a Bartleby, que nos habla desde una zona “donde la lengua muestra su extranjería, su otredad, su rareza, su corazón ajeno”. Por eso mismo, vale bienvenir este libro e insertarlo en las derivas de nuestras lecturas.