Por: Fotos: Facundo Nívolo

La tercera audiencia por el crimen de Amancay Diana Sacayán –activista travesti por los derechos humanos, coordinadora del Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación y trabajadora del área de diversidad del Institituto Nacional Contra la Discriminación la Xenofobia y el Racismo INADI– tuvo una descripción exhaustiva de cómo fue encontrado su cuerpo en el departamento del barrio de Flores donde vivía. Roberto Cohen, el forense que tuvo a cargo la autopsia, habló de un especial encarnizamiento, comparable con los ataques que sufrieron Ángeles Rawson y Wanda Taddei. También se escuchó el testimonio de la antropóloga muxe zapoteca Amaranta Gómez Regalado, quien contextualizó el crimen de Diana dentro de una tradición de odio hacia los cuerpos travestis y trans. El único imputado, Gabriel Marino, de 25 años, se retiró de la sala después de escuchar al médico forense, excusándose por no sentirse bien. El juicio pasó a un cuarto intermedio hasta el próximo lunes 9 de abril, cuando seguirá la rueda de testigos convocados por la defensora de la querella familiar –Luciana Sánchez–, los representantes del Ministerio Público Fiscal –Ariel Yapur y Mariela Labozzetta– y el INADI, que se constituyó como querellante por primera vez desde su creación.

Marcas de odio

Para clasificar los golpes que tenía Diana al momento en que encontraron su cuerpo, el médico forense Roberto Cohen clasificó las heridas en tres grupos: escoriativas, ataduras y de arma blanca. Cohen, quien hizo 16102 autopsias en sus 23 años de carrera, llevó preparada para su exposición un Power Point con las imágenes tomadas durante la pericia. Las fotografías mostraron una saña intensa: tajos por diferentes partes del cuerpo, marcas de suela –lo que prueba pateaduras–, hematomas producidos por golpes con puño o contra el piso. Un rostro hinchado, dividido por una mordaza improvisada que le provocó asfixia. Los brazos también lastimados, tanto por las ataduras como por vidrios.

“Todas las lesiones fueron vitales: se produjeron en vida”, dijo Cohen, que entre otras autopsias realizó de la Ángeles Rawson, Wanda Taddei y Santiago Maldonado. El forense señaló que “la multiplicidad lesiva” es una característica que ya encontró en otros cuerpos de mujeres y travestis asesinadas. Frente a esto, Julio César Báez –quien integra el Tribunal Oral Criminal N°4 junto con Adolfo Calvete e Ivana Bloch– quiso profundizar:

–¿Ve una ferocidad especial en los ataques del cuerpo? –preguntó el juez.

–Si llama ferocidad a la multiplicidad, sí –respondió el forense.

Cohen también explicó que la autopsia fue hecha con basamento en los protocolos para vejámenes y torturas –de “Minnesota” y “Estambul”–, y que todos los dibujos del crimen habían sido acompañados de textos que la llamaban a Diana en femenino. Esta aclaración puede sonar obvia, pero hace pensar en la cantidad de travesticidios previos a la ley de Identidad de Género de los que no hay registro.

Según los análisis que se le hicieron al cuerpo de Diana, había consumido alcohol y cocaína unas horas antes de su muerte. Esto sumado a los golpes que sufrió le produjeron “un estado de indefensión” por el cual sería posible –aunque no se descarta la participación de otras personas– que el autor del crimen haya actuado solo.

Una historia que se repite en otros países

En la tercera audiencia también fue convocada a declarar la antropóloga mexicana Amaranta Gómez Regalado, con el objetivo de hacer una “traducción cultural” linkeada a su activismo en derechos humanos y su trabajo de investigación sobre la comunidad trans latinoamericana. En su exposición, Amaranta dijo que el colectivo travesti está sometido a “situaciones comunes de violencia, carencia, pobreza, olvido y rezago”, y recordó que la expectativa de vida de las personas que lo integran se sitúa entre los 32 y 40 años.

“Los cuerpos trans se autoconstruyen y el Estado y la sociedad misma muchas veces los revictimizan”, dijo Amaranta y agregó que “el grado de vulnerabilidad aumenta a medida que crece la exposición” de una persona trans, y que el homicidio “es un asunto estructural” para el colectivo.

“En estos asesinatos hay una saña por parte de alguien que tiene una doble negación, en principio porque ve a ese cuerpo como algo deseable pero la cultura le dice que esto no está bien, y para hacer desaparecer ese deseo se mata a ese cuerpo travesti. El odio surge de la ignorancia, el prejuicio y el miedo a conocer esa otredad”, dijo la activista muxe.

Diana había presentado a Marino

En la audiencia también dieron declaración Verónica Luna, Mónica Flores y Sonia Díaz, las amigas de Diana que tuvieron contacto con ella hasta el sábado 10 de octubre de 2015, cuando fue vista con vida por última vez. Las tres coincidieron en que días antes del crimen Diana les había presentado a Marino como su “novio” durante una reunión en su departamento, a quien había conocido en el ex CENARESO (Centro Nacional de Rehabilitación Social), donde ambos se atendían por adicciones.

En la audiencia de la semana pasada también se había mencionado que Diana había presentado a  Marino un tiempo antes de ser asesinada. Y que apenas conocida la noticia de su crimen, hubo una sospecha generalizada por una foto del Facebook de la activista donde acusado aparecía poniéndose un cinto con un buzo a rallas, que tiempo después secuestraría la policía en su casa al momento de detenerlo.

Un dato que en principio hizo que los investigadores se demorasen en acceder a la captura, es que Marino tenía un nombre especial para relacionarse con Diana: se hacía llamar Lautaro.

Luna, quien militaba con Diana en el Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación, la había acompañado junto a Díaz –un mes antes del crimen– a hacer una denuncia en la Procuraduría de Violencia Institucional (Procuvin), ya que Diana había sido agredida en el Metrobús de la avenida 9 de Julio por responder a los insultos de un hombre. La entonces policía Metropolitana, en vez de ayudarla, la había llevado detenida.

Esto que declaró Diana el 31 de agosto de 2015 en fiscalía es un ejemplo en primera persona de las violencias que tuvo que enfrentar:

–Una policía se acercó cuando oyó los gritos y me quiso esposar. No me preguntó qué había pasado y sin mediar palabra consideró que la esposada debía ser yo. Después los policías empezaron a llegar de todas partes: se bajaron dos de un colectivo, vinieron tres patrulleros y cuatro motos. ¡Eran tres policías para cada una! Cuando me insistían para apresarme uno me amenazó con un aparato para dar descargas, como una picana. Me tiraron contra un colectivo y después volé arriba de un taxi que estaba en movimiento.

Una vez en el patrullero, arrancó una travesía que duró casi una hora hasta el calabozo:

–Nos llevaban escoltados  con dos motos adelante y dos atrás. Después de unas vueltas fuimos a la delegación que hay debajo de la autopista, en Constitución. Recién ahí buscaron a unos testigos y nos leyeron los derechos. Después  se reían diciendo quién me iba a revisar a mí. Tras un rato de escuchar esa discusión denigrante decidieron que tenían que ser un hombre y una mujer: para la parte de abajo y la de arriba.

La causa, en la que intervino la Dirección de Orientación, Acompañamiento y Protección a Víctimas (DOVIC), no prosperó.

Diana: travesti, matancera y abolicionista

La tercera audiencia estaba programada para las 9.30 y empezó con una demora de una hora y media. Afuera, en la espera, familiares y amigos de Diana se abrazaban, muchos llevando remeras con su cara estampada. “Diana se definía travesti, matancera y abolicionista; porque ser abolicionista era parte de su identidad”, dijo a LatFem Florencia Guimaraes García, integrante de Furia Trava. Florencia recordó que la conoció a Diana durante un censo en La Matanza, el primero de los censos que organizó el INADI en coordinación con el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC):

–Ella hablaba mucho de nuestras compañeras travestis en situación de prostitución porque ella misma estuvo muchos años en esa situación y sabía en carne propia el sufrimiento. No porque lo hubiera elegido sino porque es algo que tenemos impuesto: por eso para ella era tan importante luchar por el abolicionismo y generar políticas públicas como la ley de cupo laboral, que es cien por ciento abolicionista en su espíritu. Quizá la ley salió a la luz cuando se aprobó, pero ella venía desde el 2002 trabajando en ella e insistiendo en que el Estado debía reparar y generar políticas públicas. Para Diana era muy importante luchar para que las compañeras que están en situación de prostitución no fueran perseguidas, castigadas y encarceladas. Sabemos que está naturalizado que las travestis seamos prostituidas: Diana luchaba contra eso.

Frente a los tribunales, el activismo hizo guardia hasta el final de la audiencia, escuchando las intervenciones de Norita Cortiñas (Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora) y varias integrantes del Colectivo travesti trans. El abrazo colectivo y la complicidad entre pares, fueron una caricia para la familia de Diana, que vivió una de las jornadas más duras en la sala de audiencias.