Por: Fotos: Archivo-Hasenberg-Quaretti

En un clima de tensión y espanto por la dictadura cívico militar, apareció en Buenos Aires el diario La Voz del mundo. Salió desde 1982 hasta fines de 1985. Enfrentó el principio del fin del terrorismo de Estado y las urgencias políticas de la transición democrática. Para Mario Mancuso, autor del libro La Voz, el otro diario de los montoneros, “se propuso construir una prensa nacional, popular y revolucionaria, financiada por Montoneros, cuya conducción nacional en el exterior, buscaba regresar al país desde que se anunciara en 1982 el retorno a la democracia”. Si bien se hacía eco del ideario de la organización peronista, lo hacía desde una visión más amplia e inclusiva; situaba los conflictos del período y narraba con preocupación el desafío que significaba publicar un medio gráfico en ese contexto.

Hubo un tema que rondó bastante: se dijo que La Voz tenía un suplemento específico sobre la mujer. Según Vivian Elem, periodista que integraba la redacción en el área de corresponsalías, no era el momento para tal apuesta. Ella relata: “este diario nació con una perspectiva vinculada estrechamente a los organismos de derechos humanos. Fue el primero en publicar la lista de los centros de detención, de los detenidos-desaparecidos, de las tumbas NN en los cementerios, las fotografías de los represores. Por otra parte, estas eran las cuestiones que representaban las urgencias políticas de la transición democrática en adelante. El tratamiento sobre la mujer estaba implícito en su compromiso con el movimiento de Madres de Plaza de Mayo, Abuelas y compañeras detenidas. Se realizaba una cantidad de entrevistas a estas militantes como protagonistas de la resistencia al terrorismo de Estado”[1]. La famosa fotografía que tomó Adriana Lestido de una madre y su hija con pañuelos en una manifestación fue tapa de La Voz, así como también publicaron las primeras fotos de las rondas de las Madres.

Del mismo modo, pasaron a ser noticia las puebladas en las villas de los cordones suburbanos y la creación del Movimiento Amas de Casa, que luchaba contra el alza del costo de vida, por el control de precios para los productos de la canasta familiar y comedores escolares gratuitos. Sus reclamos se acompañaban con apagones y paro de compras por un día en la semana.

Otra de las características de La Voz era el número significativo de mujeres en distintas funciones del diario y los temas que abordaban. Algunas estaban recién salidas de la cárcel, otras, recién llegadas del exilio. Vivian Elem recuerda a “Nancy Sosa, Blanca Rébora, Ana Villareal, Ana Jaramillo, Mabel Fernández, Berta Guzzi, Graciela Bertolotti, Lía Levi, Inés Cano, Silvia Mercado, Martha Ferro, Cristina Mucci, Mirta Urdiale, Adriana Lestido, Graciela Bertolotti, Mora Cordeu, Gabriela Borgna, Graciela Viñas”.[2] Tiempo después, muchas sostuvieron la profesión de periodistas. Pese a esto, la mayoría de las notas las firmaban varones, siguiendo el linaje del periodismo de investigación enmarcado en el canon de escritores como Rodolfo Walsh, Haroldo Conti y Juan Gelman. Quizás es por eso que en el libro de Mancuso escasee información alrededor del masivo grupo de trabajadoras de prensa. Sí recupera a “Cristina Mucci que dio sus primeros pasos, Selva Echagüe manejaba una página sobre Vida Cotidiana, Inés Cano aparecía todos los días menos el viernes, Graciela Ferro, la hermana de Martha, tuvo a cargo un suplemento de arquitectura Hábitat y Sociedad”.[3] No queda otra que pensar que machismo y sexismo iban de la mano en aquel entonces y que la diferencia con este presente es que las periodistas feministas se están organizando. Sin embargo La Voz fue una cuna del periodismo de mujeres y feministas. Hasta ese momento, la crítica de cine, por ejemplo, estaba firmada por hombres, pero Moira Soto comenzó a publicar ahí sus reseñas feministas, como la de “Portero de noche”, del 7 de agosto de 1983. Pocos meses después, como también hacía crítica en La Prensa, comenzó a firmar en La Voz como Juliana Güemes; su editor era Daniel López, especialista en cine argentino.

Suplementos de la mujer, paso a paso

Ahora bien, volviendo a la pregunta inicial ¿por qué suponer que La Voz disponía de un suplemento de la mujer? Si hubiese sido así, se anticipó al diario Tiempo Argentino (1982/1986), que sí sostuvo uno: “La Mujer” apareció el 17 de noviembre de 1982. Salía regularmente los jueves, comenzó con tres páginas y llegó a tener once[4]. Sin demasiadas vueltas, era un reducto de instigadoras que instituyó un feminismo en acto. Escribían María Moreno , que venía de La Opinión, El Cronista Comercial, El Porteño, y Moira Soto, con una larga trayectoria en el periodismo feminista especializada en crítica de espectáculos, cultura y vida cotidiana, y traía la experiencia de publicar en Claudia, La Prensa, La Razón, Vosotras, Clarín, Humor Registrado. A la vez, las sugerencias del historiador, periodista y socialista Emilio Corbière, hacían lo suyo, al igual que las de Marcelo Moreno, secretario de redacción del diario.[5]

En cambio, al revisar los archivos de La Voz solo aparecen los suplementos propios de una prensa tradicional: deporte, cultura, la voz de los pibes y el dominical. Probablemente, lo que sí hubo en este diario fue un apartado, aunque sin continuidad. El comentario de la legendaria cronista de policiales Martha Ferro[6] en la revista Sudestada de diciembre de 2006, haya originado el equívoco: “trabajé en La Voz del mundo de los Montoneros, a pesar de que soy trotskista, los muchachos me dieron la posibilidad de dirigir el suplemento de la mujer”.

Ferro fue una consagrada y reconocida periodista en Crónica, Crítica, Flash, Revista Esto, además de una militante lesbiana y trotskista del entonces Partido Socialista de los Trabajadores (PST); sin olvidar, la garra de su feminismo clasista. Integró la redacción de La Voz y aunque sus notas no siempre aparecían firmadas se deduce su autoría por el contenido radicalizado del relato. No obstante, al no estar completo el archivo del diario se dificulta reconstruir su recorrido. Se encuentran, al menos, dos artículos con su nombre. El 28 de abril de 1985 en el suplemento del domingo publicó “Tumores malignos y marginación cultural”. En esta crónica analizaba la investigación de Mabel Bianco y Lidia Heller que presentaron en el Primer Encuentro Nacional Mujer, Salud y Desarrollo en torno al cáncer y los prejuicios que había alrededor de esta enfermedad entre los pueblos originarios y en la cultura occidental. Otra fue la entrevista al doctor Domingo Olivares, entonces director de la Asociación Argentina de Protección Familiar (APF) y a María del Carmen Triom, feminista y especialista en anticoncepción. Salió el 23 de octubre, en el suplemento Semanal, con el título “La educación de los adolescentes. Anticonceptivos”.

Por último, Vivian Elem aclara que “éramos conocidas nada más aunque Martha siempre desplegaba un encanto coloquial al tratarla, incluso, cuando nos cruzábamos en los pasillos de la redacción en dirección a la máquina de café”[7]. La piensa como una ilustre porteña de arrabal. Tenía una cosa de barrio mechado con un noble talante intelectual. Al verla, se intuía su pisada fuerte, un compromiso sin nombre propio, su vozarrón de fumadora de cigarrillos negros y su figura apabullante de mujerona que pateó mucha calle. Pese a conocer de cerca la brutalidad humana por su trato cotidiano con los crímenes, se la veía con ganas, nunca se mostraba vencida.

 

De las Vengadoras a la Mingoncha

El 16 de abril de 1984 se publicó, a doble página, una sección llamada “La Mujer” que contenía dos largos artículos. Uno, bajo el título “La dignidad no reconoce barreras. Ejemplo de una singular protesta”, aclaraba en el subtítulo: Un oficio marginal como es el de la prostitución también da ejemplo. Allí se reproducía de forma fragmentada la obra Las putas de San Julián del escritor anarquista Osvaldo Bayer. El otro, se llamaba “Recuerdos y esperanzas de dos vidas paralelas. En la isla Maciel se sufre, se lucha y se sueña”. Consistía en una entrevista a dos lugareñas que enfrentaban la misma dolorosa situación de pobreza y marginalidad: Mingoncha y Alejandra. No cabe duda que Martha Ferro intervino en ambos textos. Ella tenía fascinación por la isla. Primero, por haber sido zona de la organización político armada de los 70, Ejército Revolucionario del Pueblo. También por ser su escondite durante mucho tiempo como linyera en los años de plomo y bayoneta para no ser chupada. “Después del ERP, las minas quedaron muy organizadas en la Maciel. Por ejemplo, hicieron zanjas, brigadas para cagar a palos a los violadores y echarlos de allí. Estaba una que se llamaba “Mingocha”, no sabía leer ni escribir, pero aprendió. Fue candidata a concejal en 1983 y sacó bastantes votos. Era buena, una tipa dura, seria, una pesada, parecida a Irene Papas.”[8] De esta forma, Ferro celebraba el mandato del grupo neoyorkino “Las Vengadoras”. Conocía sus andanzas al haber vivido en esta ciudad entre 1968 y 1974. Sabía que sus integrantes devolvían palizas y denunciaban socialmente a los golpeadores[9]. Esta colectiva autogestiva, como tantas otras durante los virulentos años 70, revelaba los esfuerzos de las militantes que se organizaban por fuera de las instituciones contra el mandato de la masculinidad hegemónica y el machismo poderoso. Sus luchas demostraban que las soluciones punitivas no encarnaba una alternativa, que recurrir a la violencia estatal tampoco representaba una estrategia para reducir la intemperancia viril. Las respuestas penales comportaban más amenazas para su seguridad que promesas de resolución.

Siguiendo estas propuestas de transición, La Voz también tuvo secciones, columnas y otros artículos más relacionados al tema mujer que al feminismo. Por ejemplo, el 26 de octubre Cristina Mucci realizó una nota a María Elena Walsh. El 29 de octubre apareció otra crónica bajo el título “Las mujeres dan otro paso en el camino de sus reivindicaciones” en el que se relataba los pormenores del Primer Congreso Argentino de la Mujer, organizado por la Asociación Derechos Iguales para la Mujer Argentina (DIMA).[10] Durante sus dos extensas jornadas hubo una importante concurrencia, más de 300 ponentes y alrededor de 800 participantes. Entre los temas que se trataron, había temas tan disímiles como medios de comunicación, civismo, creatividad, psicología, trabajo y política; pero las cuestiones que podían aparecer como más conflictivas, como las vinculadas a la sexualidad, estuvieron ausentes junto con una exposición y ventas de libros de todo el mundo[11]. El 16 de junio de 1983, Inés Cano escribió sobre una marcha de la campaña por la conquista de la patria potestad indistinta, en la que participaron Sara Rioja, Leonor Calvera, Sara Torres, entre tantas. Además, se elaboró un dossier sin firma llamado Evita, que se publicó el 7 de mayo de 1984. La abanderada de los descamisados era presentada como una “verdadera feminista”, saltando por encima de las tensiones que pudiera haber entre el feminismo de la época y las mujeres peronistas. En el fragor de la conducción de Eva, ser feminista se asociaba a una puesta burguesa, universitaria, blanca y citadina. Esto conllevó un menosprecio por el término. En los años cincuenta, el acercamiento con ideas identificadas como feministas no resultaba de fácil aceptación para sectores obreros y populares en general. A partir de la post-dictadura esta situación comenzó a cambiar y en la actualidad esas tracciones quedaron resueltas.

El clima de “cambio de época” de los años 80 funcionó como una etapa inaugural en la que ciertos temas latentes en la sociedad argentina encontraron un lugar para salir a la luz. Implicó un momento de quiebre y una oportunidad que no fue desaprovechada. Este acercamiento a la memoria y la historia del diario La Voz del mundo y del paso de Martha Ferro por sus redacciones no busca cerrar. Otrxs tendrán que sondear en las memorias y traer las piezas que seguramente falten.

 

*Activista feminista queer. Integrante del Grupo de Estudios sobre Sexualidades (GES) en el Instituto de Investigación Gino Germani (IIGG)-UBA y de la Cátedra Libre Virginia Bolten de la UNLPlata. Autora junto con Emmanuel Theumer del libro Desde la Cuba revolucionaria. Feminismo y Marxismo en la obra de Isabel Larguía y John Dumoulin. Clacso. 2018.

 

[1]Entrevista realizada por correo electrónico, Buenos Aires, mayo de 2018.

[2]Entrevista realizada, Buenos Aires, junio de 2018.

[3] Entrevista realizada por teléfono, Buenos Aires, mayo de 2018.

[4] Ibídem, p.229. Ver: http://www.scielo.br/pdf/cpa/n36/n36a9.pdf

[5] Corbiére acompañó la idea de armar este suplemento en Tiempo Argentino. Él estaba muy conectado con la prensa feminista europea de ese entonces. En 1987, creó una sección «Entonces la mujer» en la revista Todo es Historia. Aunque con anterioridad, en 1978, el diario La Opinión lanzó «El suplemento de la Mujer». Sus colaboradoras fueron María Moreno y Moira Soto. Ellas se las ingeniaron para difundir lo que irrumpía en el feminismo pese a la censura en este medio gráfico por haber sido clausurado y expropiado por la dictadura militar.

[6] Alumna de psicología de la UBA, amante de los beatniks, titiritera y poeta. Asimismo, en 1979, Ferro dirigió la revista Todas, publicación de las mujeres, que resultaría crucial en la historia del periodismo feminista argentino, como proceso de resistencia cultural a la dictadura. Gran parte de su staff era de orientación trotskista. En Todas Martha tuvo un rol protagónico en tanto adalid, poeta y redactora de misceláneas. Así, conjugó sus variados perfiles: el literario, el feminismo y el político. Ver: Bellucci, Mabel (2019) «Revista Todas (1979-1980): una gesta feminista en tiempos de dictadura». En Eugenia Zicavo (comp) Feminismos:¿ Desde cuándo y hasta cuándo?Buenos Aires: Teatro Nacional Cervantes.

[7] Entrevista realizada, Buenos Aires, junio de 2018.

[8] Moreno, María (2011). La Comuna de Buenos Aires. Relatos al pie de 2001. Buenos Aires: Capital Intelectual,p. 303.

[9] Molina, Silvina «Periodismo de cachiporra», en Artemisa Noticias, 28 de marzo de 2007.

[10]DIMA es una asociación civil, sin fines de lucro, fundada el 31 de mayo de 1976, por recomendación del Primer Congreso Internacional de Naciones Unidas sobre la Condición de la Mujer, realizado en México en 1975. La misma obtuvo su personería jurídica en marzo de 1982.

[11] Calvera, Leonor (1990). Mujeres y feminismo en la Argentina. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano, p 77.