Por: Fotos: Dan Tuffs/Getty Images

EM: Hay una línea en sus ensayos reunidos en Dancing at the Edge of the World que señala que el autor o el editor blanco varón realmente tiene que pensar en sus privilegios. Y eso fue escrito en los años 70. Parece que la mayorÌa de las personas tardaron un tiempo en darse cuenta de eso.

UG: Bien. [Risas] Pregúntele a cualquiera que se haya identificado como feminista en 1970 qué tan lejos hemos llegado. De alguna manera, asombrosamente lejos. Todos los debates sobre la construcción del género son sorprendentes. Y este cambio en los Estados Unidos sobre lo gay, lo hetero… ¡wow!, es difícil de creer. La gente está muy adelantada respecto del gobierno en eso. Pero en otros aspectos, cuanto más se cambia, más es lo mismo.

EM: En el mundo de las revistas literarias al menos, se está tomando en cuenta.

UG: Bueno, eso espero. Respecto de las reseñas de libros, The TLS no es de ninguna manera la peor. Dejé de leer el New York Review of Books hace años, así que tal vez hayan cambiado, pero eran hombres que reseñaban hombres. Si se admitía a una mujer, entonces tenían que buscar a una mujer para hacer la reseña porque un hombre no podía perder su tiempo, ¿sabes?, hoy ¿con qué frecuencia la TLS permite que una mujer reseñe un libro escrito por un hombre? No tan a menudo. Y no me enteré de que el London Review of Books, que creo que fue fundado por una mujer, sea mejor que cuando lo leía.

EM: Es que hay más racismo, sexismo, etc. ahora, ¿o es que ahora nos enteramos?

UG: No, no hay más que nunca. Es como si estuvieran más a la defensiva y enojados. Es como si se sintieran presionados. Es lo que espero que se interprete en Pollyanna. Es la única forma en que puedo seguir esperando con algo luego de [el tiroteo masivo de junio de 2015 en] Charleston. Ese hombrito horrible. ¿A qué le tiene tanto miedo? Pero, además, aquí tenemos el problema de las arma de fuego, que es grotesco más allá de las palabras.

EM: ¿Alguien ha intentado prohibir alguno de sus libros recientemente?

UG: Si es así, no he oído hablar de eso. Creo que las personas se han organizado más en la política que en la quema de libros, por así decirlo. Pero el control de estas iglesias [evangélicas] sobre las juntas escolares de las ciudades pequeñas es un poco aterrador. Las personas no tienen nada que hacer, entonces pueden molestar en la junta escolar o formar parte de ella junta escolar, por lo que es estúpido que los niños lean lo que sale de allí.

EM: ¿Cuál de su libros generalmente persiguen o fue algo general?

UG: Es algo general, porque toda fantasía se lee como perversa porque sería satánica. Cualquier fantasía. El libro que de hecho fui a defender estaba en un condado del sur del estado de Washington. Fueron detrás de The Lathe of Heaven. Las personas que presentaron la solicitud para que se retirara del plan de estudios argumentaron el mal uso del lenguaje como excusa. Pero era bastante claro que lo que no podÌan soportar era la historia de una mujer negra teniendo una aventura con un hombre blanco. La escuela era una escuela secundaria y su defensa del libro fue organizada por los niños y fueron geniales, así que fue algo muy alentador. Eso fue hace años y años. Uno de los niñxs dijo: “Pensé que era un libro realmente estúpido, pero no quiero que nadie me impida leerlo”.

EM: Eso es perfecto.

UG: ¡Conocía sus derechos!

EM: The Dispossessed es una de tus obras más conocidas. ¿Hubo alguna novela que explorara el anarquismo tan explícitamente antes?

UG: No lo creo. Esa es una de las razones por las que pensé en escribirla. Me había estado educando sobre el anarquismo pacifista durante un año o más. Comencé a leer los textos sobre la no violencia -Ghandi, Martin Luther King, etc.-, y creo que eso probablemente me llevó a Kropotkin y todo eso, y me quedé fascinada. Portland solía tener cien librerías independientes, y una de ellas era bastante política y, en la trastienda, si el librero te conocía, te podía llevar a ver el material anarquista.

EM: ¿Cuándo fue esto?

UG: ¿Principios de los ´80? ¿Finales de los ´70? Esa librería tenía cosas maravillosas, que en ese momento eran muy difíciles de encontrar. Ahora no. Y, por supuesto, conocí algunos de lxs escritores anarquistas modernos. Estaba emocionada. Y luego, al mismo tiempo, estaba leyendo sobre utopías. Hay una utopía para cada cosa política que se pueda pensar, pero no para el anarquismo. ¿No es extraño? Bueno, tal vez debería escribir una. Entonces tuve que leer y releer cosas para planear cómo en la Tierra organizarías una sociedad anarquista, lo cual fue muy divertido, pero difícil.

EM: Especialmente en la escala de un mundo.

UG: Incluso un planeta muy poco poblado, hay mucha gente para organizar.

EM: Dijiste en un ensayo que una Utopía, con una U mayúscula, debería ser una alternativa práctica. Eso realmente me impresionó.

UG: Tendría que pensar en eso. En mi mente, me he movido bastante lejos de la utopía de The Dispossessed a la semiutopía de Always Coming Home, donde intenté convertirla en un estilo de vida. No tenía una base política -en el sentido de la polÌtica europea o de las grandes naciones-, por lo tanto la gente suele pensar que trataba de idolatrar a los indios americanos o algo asÌ. Lo que tomé de los indios fue cómo organizaron sus vidas sin un gobierno central y usaron el consenso como el modo b·sico de hacerlo, algo imposible en una gran sociedad, por una cuestión de números. Pero quería pensar cómo sería. Creo que la falta de política, a algunos lectores, les hace pensar que debe ser primitivista, y no necesariamente es así.

EM: Influyó en los debates centrales.

UG: Sí. Y escribiendo una novela utópica seria, que es una novela anarquista. No se había hecho y apenas podíaas encontrar textos anarquistas que no fuesen de no-ficción, así que tener una gran obra de ficción que tratara sobre anarquistas, creo que marcó una gran diferencia.

EM: Especialmente con elementos como el uso de pronombres de género neutro. Es algo sobre lo que se ha estado hablando desde hace un tiempo, pero que ahora es más fuerte. Y muestra cuán importante es la linguística.

UG: Uf, sí. Cuando empiezas a buscar lenguajes que pronombres neutros en cuanto al género, ¿qué tienes? Algunas cosas del japonés y del finlandés… Creo que el finlandés es neutral en cuanto al género, lo cual es genial. Así que traducir The Left Hand of Darkness es muy difícil para ellos.

EM: Tu activismo, o en verdad tu forma de pensar sobre algunas cosas como el anarquismo, ha cambiado.

UG: Es un poco embarazoso para mí cuando lxs anarquistas me incluyen y abrazan. Porque -siempre que sean de mi clase, pacifistas- los amo, pero soy un ama de casa burguesa, no tengo una práctica del anarquismo.

EM: No hay ninguna razón para que tengas que hacerlo.

UG: Esa es una buena respuesta anarquista. [Risas]

EM: Has hecho traducciones. ¿Estudiaste francés e italiano?

UG: Estaba estudiando el Renacimiento francés e italiano, en Columbia. Me estaba preparando para ser profesora de lenguas romances. Ya no enseñan mucho esas cosas.

EM: ¿Las traducciones que has hecho están en esos idiomas?

UG: Soy bastante descarada. Es gracioso, el francés es el idioma que conozco mejor, o conocía, pero no quería traducirlo demasiado, y el francés al inglés es muy difícil. Empecé a aprender español solo porque me avergonzaba no saberlo, y luego me enamoré de la poeta Gabriela Mistral, y eso es lo que significa traducir para mí: te enamoras de alguien y quieres poseerlos en tu idioma. Y cuando hice mi traducción de Angélica Gorodischer, Kalpa Imperial, sabía muy poco español, pero son en un español muy simple, puro, porque son historias de narradores, y podía trabajar con el diccionario. Y pensé: “¡Son divertidos! ¡Voy a ponerlos en inglés! ¡Me encantan estas cosas!”. Acabaron por enseñarme español. Entonces la traducción, para mí, es solo un regalo.
*Esta entrevista fue originalmente publicada en Structo Magazine en agosto de 2015.