“Les viejes nos fuimos contentos después de tanto tiempo de soledad”, dice Noemi Fernández, jubilada de ATE que todos los miércoles está firme pese a las golpizas. A diez años del primer Ni Una Menos, la calle vino a contar otra cosa. El corazón está vez no fue el desborde, tampoco la violencia por razones de género aunque no estuvo ausente: fue una confluencia de conflictos sociales que se anclaron en la escena que se repite todos los miércoles cuando la policía reprime vergonzosamente a les jubiladxs. “Son unos canallas, se meten con los más débiles, por eso nos reprimen. Ojalá éste haya sido un mensaje para que sepamos que la salida es uniendo las luchas. No la unidad boba, la unidad en serio”, dice conmovida Noemí. Atardece en la Ciudad de Buenos Aires y la foto de la plaza del Congreso capturada desde las alturas empieza a circular ¿fue masiva? ¿cuánta gente? ¿hasta dónde llegaban las columnas?
El movimiento feminista pudo dar con el gesto, el de mover la convocatoria del 3 de junio al miércoles de lxs jubiladxs y poner en práctica la gimnasia del enjambre.
“Somos más pueblo que la yuta federal”, se escucha en la Plaza de los dos Congresos sin protocolo, sin los gases habituales ni los disparos como el que el 12 de marzo pasado impactó en la cabeza de Pablo Grillo, sin ese envalentonamiento de la policía para gasear y pegar a viejos y viejas que no dan ni un paso atrás, sin ese operativo que comanda la ministra de Seguridad Patricia Bullrich en el que la orden es detener a cualquiera. La plaza esta vez fue otra cosa; la pregunta es qué hay que sumarle al gesto de haber declamado unir las luchas.

El reflejo
El 3 de junio de 2015 la misma plaza tuvo una convocatoria masiva, una respuesta bien concreta frente al hartazgo de la violencia que había se visibilizado en una seguidilla de femicidios. La consigna Ni Una Menos tuvo una audibilidad sin precedentes y la sociedad se transformó de una manera en la que no hubo vuelta atrás. El escenario, diez años después, es bien diferente, con el gobierno libertario tirando más fuerte de una soga que tiene cada vez menos hilos: desde el Garrahan hasta las Bibliotecas Populares, desde los movimientos migrantes a les discas, desde les viejes, hasta la comunidad LGTBIQ+, desde lxs antifascistas a los científicos, el avasallamiento es tal que ayer la mezcla fue una virtud, los bordes entre un guardapolvo y un bastón se esfumaron en la insistencia de ponerle un límite a la política de ajuste y crueldad del gobierno de Milei.
El movimiento feminista pudo dar con el gesto, el de mover la convocatoria del 3 de junio al miércoles de lxs jubiladxs y poner en práctica la gimnasia del enjambre, por eso en la plaza hubo algo más que masividad: un encuentro en la certeza de que el proyecto de país que propone el gobierno es para unos pocos y contra la mayoría.
“Son unos canallas, se meten con los más débiles, por eso nos reprimen. Ojalá éste haya sido un mensaje para que sepamos que la salida es uniendo las luchas.” Noemí Fernández, jubilada de ATE
“¿Las pibas están?, si están”, gritan un grupo de estudiantes de entre 15 y 16 años que en 2015 estaban por entrar a la escuela primaria. Son de la Escuela Secundaria Especializada en Arte N°1 de San Isidro y vinieron con el Centro de Estudiantes. La escena tiene un aire a esas marchas de glitter verde y magenta, a los pañuelos atados en alguna parte del cuerpo y al agite, sobre todo al agite de años atrás: “No es solo el Ni Una Menos, hay más luchas acá y es muy importante estar”, dice Ema (15), su mamá la llevaba siempre a las marchas del 24 de marzo y del 8M. “De chiquita me fui acostumbrando a estar en las marchas, las piernas se me fueron acostumbrando, ahora lo hago más independientemente de mi familia. Me gustaría transmitirle a las personas que está bueno estar acá, que no tengan miedo a pesar de que en la televisión se ven imágenes violentas. Los que tienen que tener miedo son ellos, nos quieren hacer creer que estamos en una posición vulnerable pero no es así, ya demostramos que cuando estamos todos juntos podemos cambiar las cosas”, dice mientras vuelve a la ronda de cantos con el resto del grupo.

“Si somos todos, es muy difícil lastimar. Seamos todos”, dice Marinés Gomez, parte del colectivo Bibliotecas en Lucha, quienes vienen defendiendo la destrucción de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip), un organismo estatal que trabaja junto a las Bibliotecas Populares de todo el país desde hace más de 100 años. Están en la puerta del Cine Gaumont, donde también confluyeron quienes reclaman por el desfinanciamiento brutal del INCA y por la desaparición del Instituto Nacional del Teatro.
“Tenemos que dejar de ver todas las luchas por separado, entre el conflicto del Garrahan y el desfinanciamiento a las políticas para la discapacidad se nota con una alevosía total la crueldad del gobierno” dice María Maneiro, Investigadora del Conicet y miembro de la Junta Interna de Ate Conicet, espacio desde el que vienen denunciando el desfinanciamiento y la fuga de trabajadorxs de la ciencia. Sumando renuncias, despidos, jubilaciones, recortes de becas y cierre de carreras. Durante 2024 hubo 1291 bajas y 46% de esa caída corresponde a becarixs doctorales y postdoctorales. Sin embargo, a pesar de estar visibilizando esa lucha María insiste en hablar sobre el conflicto en el Hospital Garrahan: “No hay nada más ostensible en torno a la crueldad que el desfinanciamiento de instituciones que pueden abordar las problemáticas de salud más severas de los niños de un país”.
“El trabajo de pensar las luchas interconectadas no se puede hacer de un día para el otro, pero luchar juntxs nos da más fuerzas, solos es muy frustrante combatir y ver la plaza así de llena es esperanzador; lo que más le conviene al gobierno es que estemos desarticulados”, dice Melisa Ayala, psiquiatra del Hospital Laura Bonaparte, allí llevan desde octubre de 2024 defendiendo un espacio que es el único a nivel nacional especializado en salud mental y consumos problemáticos.

Natividad Obeso es parte de Argentina Tierra de Migrantes, una confluencia de organizaciones que denuncia el último decreto de Milei en relación a modificar los derechos de la población migrante en Argentina: “Yo hace 32 años que vivo en este país, somos los migrantes los que construímos también este país, el viernes hay una audiencia en el Congreso por este decreto de necesidad y urgencia, que de urgencia no tiene nada, solo vulnerar a los migrantes en Argentina”, dice Natividad.
El 3J amaneció con una noticia dolorosa: en Moreno Marcela Heredia, de 46 años, fue asesinada por el ex marido de su pareja, Anabella Florentin, el lunes habían pedido la perimetral y el botón antipánico, sin embargo Gabriel Danielo, policía de la Ciudad de Buenos Aires se atrincheró y con el arma reglamentaria cometió el femicidio. La violencia de género y los femicidios no fueron hoy lo único por lo que tantes se juntaron en la plaza.
Componer la mixtura de las luchas colectivas requiere, además del gesto de unión, una insistencia en articular con paciencia frente a la crueldad del gobierno. Esta tarea se vuelve un desafío exigente. La urgencia y el riesgo del sostenimiento de la vida, la ruptura de los lazos sociales y la fragmentación muy propia de la época hacen de la tarea un proyecto titánico pero también un deseo, como aquel de 2015, de seguir luchando por cómo queremos vivir.