Por:

Mi bisabuela a findes de la década del 30 y principio de los 40, en Chaco murió producto de un aborto clandestino. Tenía 24 años, se llamaba Hipólita. Tenía tres hijos, que luego fueron abandonados por su padre. Porque bien sabemos que en nuestro país los varones abortan cuando quieren. Abandonan sus responsabilidades parentales y no hay ninguna sanción penal por ello.

Mucho se ha hablado sobre las consecuencias negativas que tiene la penalización del aborto en este recinto. Podemos afirmar que la prohibición actual habilita una cadena de violencias que recaen en forma excesiva sobre los cuerpos de mujeres, niñas y adolescentes y otras personas que abortan.

El primer eslabón de esa cadena es la violación del secreto profesional. Esto lo vemos en diferentes lugares de nuestro país, donde las mujeres recurren solicitando atención por emergencias obstétricas o por abortos en curso y lo que encuentran en la cara más violencia del sistema de salud. Esto lo vivenciamos, por ejemplo, en el caso de Belén. Aquí tenemos un problema, pues nunca el interés estatal en perseguir un delito puede llevarse puesto el derecho a la salud de niñas, mujeres y adolescentes en nuestro país.

El segundo eslabón es el maltrato que se habilita. Sabemos que, en muchos lugares, en nuestro país se están haciendo legrados sin anestesia en forma de castigo. De ninguna manera podemos tolerar que estas cuestiones sigan siendo moneda común en nuestros servicios de salud.

El tercer eslabón son los obstáculos para acceder a los abortos legales, que tenemos desde 1921 en nuestro país. Muchas niñas y adolescentes son obligadas a maternidades forzadas producto de violencia sexual. Hay mujeres que han perdido la vida. Por ejemplo, Ana María Acevedo, a quien se le negó el tratamiento para un cáncer terminal e incluso se le negó el tratamiento para aliviar el dolor por están embarazada.

El cuarto eslabón es la morbi/mortalidad materna producto exclusivo de la prohibición panal. Sabemos bien que las mujeres no se mueren por abortar. Se mueren porque no pueden recurrir al sistema de salud frente a una complicación por aborto y de eso estamos hablando hoy acá.

Por otra parte, la prohibición del aborto genera una herida profunda en la configuración de la subjetividad femenina. No es lo mismo nacer y criarse en una sociedad en la cual te sabes libre, que hacerlo en una sociedad que, en algún momento y en relación con tus capacidades reproductivas te pone un límite a tu voluntad y a tus posibilidades. Te dice que tenés que ser madre. En ese sentido, los desafío a ustedes a buscar en nuestro ordenamiento jurídico otra norma que tenga similar impacto sobre los varones, como la que tiene la prohibición del aborto sobre los cuerpos de las mujeres. En este sentido teniendo en cuenta la grandiosa movilización social que tenemos hoy en la Argentina y nuestros reclamos por nuestro derecho a vivir una vida libre de violencias, es indispensable entender que es imposible lograr el Ni Una Menos sino legalizamos el aborto.

Sin embargo, hace algunos años atrás ocurrió un hecho que lo ha cambiado todo, y que incluso cambia el eje de este debate. Estoy hablando de la generación de redes de acompañamiento que por medio de la difusión de información eluden la muerte y el desamparo que hoy genera el Estado con la prohibición. En 2009 un movimiento de mujeres llamado Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto lanzó una línea de teléfono llamada “Más información, Menos riesgos”. Un año después sacó este manual “Todo lo que querés saber sobre cómo hacerse un aborto con pastillas.” A partir de ese momento contamos con información muy, muy privilegiada que empezamos a difundir entre redes y que fue tomando capilaridad en todo nuestro país a través de movimientos sociales, agrupaciones políticas y esto también permeó en sistema de salud. Incluso en la Provincia de Buenos Aires tenemos una ley de consejerías pre y post aborto que aun no ha sido reglamentada por la Gobernadora, en la cual se le da cabida a este modelo para poder brindar información y sortear los obstáculos que hoy tenemos para poder acceder a abortos seguros.

En ese sentido desde Red de Mujeres y con la agencia de noticias LATFEM lanzamos una campaña en redes sociales porque queríamos saber y dimensionar el impacto que estaba teniendo esta nueva forma de transitar las experiencias de aborto. Y esa campaña se llamó juntas abortamos. A través de las redes sociales logramos que miles de mujeres contaran sus experiencias de acompañamiento o de contención con otras mujeres en situación de aborto. Nos encontramos por supuesto con relatos sobre clandestinidad: los miedos, los peligros y los traumas que esta genera. Pero sobre todas las cosas nos encontramos con solidaridad. Solidaridad entre mujeres, nos encontramos con abrazos, con redes que se tejen y que permiten salvarnos de esa caída abrupta en la soledad.

 

Mientras este Congreso debate, debo celebrar esta compañía, debo celebrar la amistad y la entrega desinteresada que hemos llevado adelante.

En este punto me toca me toca hacer una revisión de mi historia familiar e incluso personal. Mi bisabuela a fines de la década del 30 y principio de los 40, en Chaco murió producto de un aborto clandestino. Tenía 24 años, se llamaba Hipólita. Tenía tres hijos, que luego fueron abandonados por su padre. Porque bien sabemos que en nuestro país los varones abortan cuando quieren. Abandonan sus responsabilidades parentales y no hay ninguna sanción penal por ello.

Mi bisabuela a findes de la década del 30 y principio de los 40, en Chaco murió producto de un aborto clandestino. Tenía 24 años, se llamaba Hipólita. Tenía tres hijos, que luego fueron abandonados por su padre. Porque bien sabemos que en nuestro país los varones abortan cuando quieren. Abandonan sus responsabilidades parentales y no hay ninguna sanción penal por ello.

 

Pienso que, si en ese momento las redes feministas de acompañamiento hubieran existido, quizás la historia hubiera sido diferente. Hipólita hubiera transitado su vida, como lo hago yo y como lo hacen las miles de mujeres que abortamos en el mundo.

La penalización no es una herramienta eficaz para proteger la vida en gestación, más bien todo lo contrario. Lo que si genera son muchos problemas en la vida de las mujeres, niñas y adolescentes que necesitamos y queremos abortar en la Argentina.

Sres. Diputados, Sras. Diputadas: frente a esta realidad y reconociendo que el aborto es un hecho y que vamos a seguir abortando exista una ley que nos ampare o exista el abandono estatal que tenemos hoy en día; las mujeres en la Argentina nos hemos organizado para dar una respuesta solidaria que evita la muerte y el desamparo. Ustedes como representantes del pueblo de la Nación tienen una oportunidad histórica. ¿Que están esperando para legalizar el aborto?