Estar, hacer, acompañar, armar mundos posibles, alternativas a la realidad del aborto clandestino. Sin saberlo, las revueltas empezaron en 2010 a escribir la historia del socorrismo en Argentina. El dispositivo “Socorro Rosa”, que brindaba información sobre cómo realizar(se) un aborto seguro con pastillas se expandió, creció y se transformó en “Socorristas en Red”, una red que trasciende territorios nacionales, que comparte saberes, experiencias y luchas, y que por sobre todas las cosas acompaña a personas gestantes en el proceso de interrumpir un embarazo.

Este libro es pura inspiración activista”, dice Ruth Zurbriggen sobre los orígenes del libro. Como casi todo lo que emprenden, la idea surgió luego de una actividad, cuando el entusiasmo y los intercambios quedan a flor de piel. “De esta actividad participó, junto a otras compañeras comunicadoras de Neuquén, Nadia Fink. Recuerdo que allí hablamos mucho sobre el momento actual de los feminismos y de la responsabilidad política y social con la época que vivimos. Los desafíos por seguir a(r)mando mundo con todas esas palabras e historias que han sufrido tanto borramiento desde las hegemonías varias de los sistemas de representación que nos abruman. También sobre lo que sí estamos posibilitando. Con qué palabras y para qué mundos esperanzados estamos interviniendo”, recuerda Zurbriggen.

Fink, pertenece a la editorial autogestiva Chirimbote y escribió el prólogo del libro. “Nos sumamos a la idea de publicar un libro sobre socorrismo porque creemos que nuestra militancia, nuestra línea editorial tiene que ver con la Educación Sexual Integral, con las infancias, adolescencias y juventudes libres, y en ese marco el socorrismo lo que viene haciendo hace tantos años es asistir lo que el Estado no asiste. Luchamos por la despenalización y legalización del aborto pero en el mientras tanto el socorrismo nos mostró que hay cosas que se pueden hacer, por fuera, tejiendo lazos, solidaridades, construyendo desde una mirada profundamente feminista”.

La propuesta, remarca Zurbriggen fue “hacer un libro sobre la historia del socorrismo, sus inicios, sus devenires, un libro para les jóvenes, un libro que muestre este hacer, que muestre las pedagogías que vamos ensamblando en los acompañamientos a quienes deciden abortar”.

“De allí surge la relación con Laura Rosso, quien se suma entusiasta al proyecto. Laura fue todo este tiempo una usina de propuestas llenas de vida. Sumamos a Lucía Garrido, ilustradora que vive en Villa María. Me animo a afirmar que este libro es también una apuesta por las confianzas y las articulaciones. Otras y nosotras escribiendo, pensando, creando. Es muy movilizador cuando una apuesta a lo colectivo más allá de su propia colectiva”, reflexiona Zurbriggen.

La articulación, personal y colectiva, se hizo presente en las ilustraciones de Garrido. “El proceso creativo nace de la experiencia personal de haber sido acompañada por la Tribu Rosa, Socorristas en Red de Villa María (Córdoba) y la región, de manera amorosa y cuidada. Ilustrar fue una forma de agradecimiento. A partir de ahí las imágenes iban apareciendo en mi mente de forma espontánea, todo estaba a flor de piel y se fue complementando con la lectura del borrador del texto escrito por Laura Rosso que reforzaba lo vivido”, cuenta la ilustradora sobre la inspiración de los dibujos. “La ilustración como herramienta transformadora apuesta a quitarle al aborto los prejuicios, sacarlo del closet, de la clandestinidad, hacerlo visible, ponerle color y por sobre todo transmitir que es posible decidir sobre nuestro cuerpo y abortar de manera segura, amorosa y cuidada, porque las personas gestantes no estarán nunca más solas”, agrega.

“Al editar este libro y leer todas las voces que compiló Laura Rosso, me llevo una imagen más redonda y grande de lo que es el socorrismo feminista. Es una muestra de cómo se puede construir de a muchas algo que históricamente nos decían que no era posible. Cuando vemos cómo las socorristas y las socorridas están en un intercambio, en un ida y vuelta, en un aprendizaje que se retroalimenta, queda demostrado que se pueden seguir construyendo otros vínculos y lazos posibles”, apunta por su parte Fink.

 

Rosso es periodista, feminista, y la encargada de poner en palabras esta genealogía sobre los socorrismos, sobre los abortos, sobre las mujeres que deciden sobre sus cuerpos.

P:¿Cómo fue la idea de hacer este libro? ¿En qué consiste? ¿Qué registra?

L.R: El libro registra y pone en circulación una historia que se sigue expandiendo porque ellas van siempre un paso más allá. Es el recorrido y el crecimiento de la colectiva feminista La Revuelta y de Socorristas en Red, que viven ese feminismo acuerpado y político, esa amorosidad política y pedagógica que da lugar a los relatos colectivos, que pone sobre la mesa la importancia de las palabras, que nos anima a intervenirlas y a apropiarnos de la posibilidad de feminizarlas cada vez que queramos, como apuesta para desnaturalizar la opresión y la desigualdad. En el prólogo, Nadia Fink escribe que el socorrismo deja una huella ahí donde cada aborto es un potente acto de libertad. Y me vienen a la cabeza dos frases que dijo Ruth: una en 2009, después de haber atravesado el aborto clandestino de Ailén y Newen, la pareja de jóvenes mapuces cuyo aborto fue una marca que dejó una cicatriz en todas las cuerpas de La Revuelta que los acompañaron durante ese proceso, que fue muy costoso en términos emocionales. En ese entonces, Ruth dijo: “Habrá Socorro Rosa en Neuquén a como dé lugar”. Esa experiencia determinó el momento en el que la colectiva dijo “Basta”. La otra frase de Ruth es: “Ustedes también pueden hacerlo”, una especie de empujón simbólico para que otras colectivas replicaran en sus propios lugares el dispositivo de Socorro Rosa, para que también se animaran a hacer lo que ellas habían puesto marcha en Neuquén: la experiencia política de acompañar a mujeres y a otros cuerpos gestantes que deciden abortar. Ellas actuaron primero y pensaron después. Arriesgaron -se arriesgaron- y luego fueron viendo cómo hacerlo. Porque cuando empezaron, no sabían que estaban creando la experiencia socorrista en nuestro país. Todo eso se cuenta en el libro. Por eso, Estamos para nosotras, es un libro que reúne muchas voces. Un libro colectivo que da cuenta de la historia de La Revuelta a través de quienes la transitaron, pusieron sus cuerpas en las calles y pensaron con imaginación otros finales posibles para quienes deciden no continuar con un embarazo. Las revueltas alentaron a muchas y muches para que la experiencia socorrista trascendiera las fronteras de su provincia, viajaron kilómetros y kilómetros para poner en acción escuelas socorristas, para compartir lo que habían aprendido sobre la medicación, para tejer y fortalecer redes y alianzas sororas entre colectivas.

La segunda parte del libro, que se llama Voces libres, es un recorrido por las historias de algunas socorristas, de sus colectivas y de sus propios acercamientos al socorrismo, que a veces tiene que ver con haber abortado ellas mismas, algunas en condiciones que no quisieran repetir, ni que otros cuerpos con capacidad de gestar tengan que atravesar. Hay voces de socorristas que transitaron sus abortos acompañadas por socorristas feministas y luego impregnadas y agradecidas por ese proceso se acercaron al socorrismo, o socorristas que no abortaron en sus cuerpas pero que sí vivieron y acompañaron abortos que las transformaron. Estamos para nosotras registra el amor de las socorristas, el amor feminista que pone de manifiesto el mundo que están armando y amando, que es el que nos merecemos.

P: ¿Qué características tienen los socorrismos feministas de este siglo, comparados, por ejemplo con los de las feministas italianas de los ’70 (desde donde Las Revueltas toman el nombre “Socorro Rosa”)?

L.R: La diferencia creo que está en la capacidad de destrabar palabras. Haber sacado al aborto de closet y hablar de abortos feministas. Mirarse a la cara, ponerle palabras y nombres propios a las historias de las mujeres, hablar y compartir las experiencias de los abortos nuestros de cada día en una plaza, en una escuela, en las universidades, en una esquina o en la parada del colectivo. Los talleres son el momento verdaderamente pedagógico porque esos encuentros cara a cara dan cuenta también del poder que otorga la medicación en manos de quienes deciden abortar y acompañar. La diferencia son ellas, nuestras socorristas, a quienes está dedicado el libro, las de las distintas generaciones, y el aluvión de las más jóvenas, que están atentas a esa genealogía, a ese linaje que les permitió llegar hasta acá, y todas juntas construyen conocimiento y pedagogía feminista. El 2018 fue el año del estallido y la marea verde trajo consigo a esas pibas que se acercaron a las distintas colectivas, a través de las redes sociales, por ejemplo, para empezar a acompañar abortos. Otra característica de los feminismos socorristas de este siglo es la posibilidad de tejer alianzas. Alianzas con otras grupas latinoamericanas y con les mediques amigables del sistema de salud. En nuestro país, el socorrismo aparece como acción directa contra el abandono del Estado. El socorrismo feminista de este siglo interpela, revisa sus acuerdos y todo el tiempo hace conexiones con pibas, mujeres y otros cuerpos que necesitan abortar. En todas las socorristas que conocí cuando estuve en la última plenaria en Alta Gracia, Córdoba, encontré una amorosidad política, una manera de estar juntas y juntes en el mundo, donde importa mucho cómo está la otra, le otre, qué les hace bien y cómo compartirlo. Y algo fundamental que las diferencia es que en 2014 las socorristas empezaron un trabajo de sistematización de datos. Como parte de su activismo llevan adelante un registro que sistematiza los acompañamientos que realizan. Crearon las protocolas, como llaman a la recopilación de datos que se hace en privado, donde registran sus percepciones y plasman cada historia de cada mujer que decide abortar.

P: ¿Qué implican los socorrismos para las mujeres que los reciben y para las que los brindan?

L.R: Las transforman, tanto a socorridas que reciben ese acompañamiento amoroso, como a socorristas, que deciden dedicar tiempo de sus vidas con quienes muchas veces no conocen, para hablar, compartir información, abrazar, reír, llorar. Muchas veces la decisión de abortar es el puntapié inicial para la toma de otras decisiones que hasta ese momento no habían podido tomar, como dejar a una pareja violenta. Y otras veces la decisión de abortar es la primera decisión que toman en sus vidas. Por eso, siempre la decisión de abortar es política, porque puede abrir otros caminos. Socorrer es estar para otras y otres a la hora de abortar y sin tener que dar explicaciones. Las socorristas ofrecen escucha, palabras y abrazos. Acompañan decisiones. Porque sabemos que maternar no puede ser una obligación, ni una imposición, ni un mandato. A lo largo de libro, las socorristas hablan de lo que implica el socorrismo para ellas. Vilma, por ejemplo, me dijo durante una cena en la plenaria en Córdoba, que con los socorros se acomodan esos pedacitos rotos de experiencias ancestrales y patriarcales que nos oprimen. Una de las cosas que más emociona es ver cómo el socorrismo genera los vínculos afectivos necesarios para sobrevivir al mundo patriarcal.

__

Ilustración: Lucía Garrido