Fernando Noy: “Mi vida es mi gran obra de arte”

En el Día de les escritores, con su flamante Poesía reunida y el documental estreno que lleva su nombre, Fernando Noy, la Noy, cuenta en primera persona todas las vidas que entran en su vida. El legendario poeta argentino repasa una existencia dedicada a traficar belleza frente al horror, su exilio en Brasil, la experiencia de ser una de las primeras “locas” del circo contracultural. Más de medio siglo tejiendo un linaje poético feminista entre Pizarnik, los vestidos de Evita, Paco Jamandreu y Pedro Lemebel.

Fotos: Archivo / Gentileza Fernando Noy

“Una vez yo estaba en la Calle Corrientes y vino Ruth Mary Kelly, una famosa prostituta que buscaba jovencitos para un barco que había llegado de algún lejano país. ¿Querés venir?, me preguntó. Yo contesté que aceptaba sólo si podía elegir. Los marineros eran muy regios, muy divinos. Entonces ella me dio su tarjeta. La tarjeta decía Ruth Mary Kelly, prostituta. Al rato, en ese mismo bar, me encontré con un tipo que me habló y me habló y me habló. Me mostró sus cuadernos y quería que lo ayude con eso que escribía. Al final también me dio una tarjeta que decía: Juan de los Palotes, poeta. Ahí comprendí que en realidad la prostituta era la poeta y el escritor el prostituto. Ser poeta es algo que no se menciona. Si digo soy poeta, ¿qué estoy diciendo? Es como decir: soy dios o soy más que dios”, dice Fernando Noy a Latfem.

¿Cuántas vidas entran en una vida? Noy acaba de publicar su Poesía reunida 1985-2025 (Evaristo Editorial) con prólogo de Rafael Cippolini y posfacio de Beatriz Vignoli. “Son todos los libros que escribí más un inédito que se llama El cansancio de las cosas”, cuenta Noy a pocos días de la presentación en la Biblioteca Ricardo Güiraldes y agrega: “Igual ya tengo dos libros más para publicar, yo sigo escribiendo siempre”. 

«Celebrar a Fernando es celebrar más de medio siglo de poetas, un linaje femenino y feminista que se teje en su poesía escrita», dijo el escritor Julián López aquella noche. Celebrar es la palabra porque es un año especial para Noy. Además de la compilación de su poesía, fue declarado Personalidad Destacada de la Cultura, se estrenó Lo Noy —el documental sobre su vida dirigido por Mario Varela— y también Andén alucinado, la ópera surrealista que protagonizó en El Galpón de Guevara. “Soy el poeta de los subtes, las salas de espera, esos aeropuertos casi abandonados”, declamaba allí como parte de la dramaturgia.

María Moreno lo llamó “El traficante de estrellas” por su rol clave en la gestión de las visitas a nuestro país de grandes artistas como las poetas Marosa Di Giorgio y Adelia Prado. Se trafica tanta cosa que nunca sirve para nada que aquellas personas que acercan belleza a contramano de la alienación imperante se vuelven indispensables. Noy ha dedicado —y dedica— su vida a eso: traficar poesía, magia y fantasía en un mundo cada vez más hostil.

“Es una suerte que tuve, muchas veces me encontré en el momento justo. María Moreno, gran amiga, dice que yo escribo en el aire. Lo de traficar estrellas fue una circunstancia. ¿Cómo no voy a traer a Marosa o a Adelia si la vida así lo quiso? La poesía es para compartir, ¿no te parece? La poesía alcanza para todos”, dice Noy.

En la presentación de tu Poesía reunida, Julián López subrayó “la fe de la poesía como una manera de vivir”. ¿Te gusta pensar la poesía como una fe?

—Sin duda, pero la poesía es una fe recíproca porque aunque te olvides de ella, la poesía no te olvida nunca. Ni en los peores momentos. El mundo es un infierno, este país vive un momento de terror total, y sin embargo hay quienes se juntan a hablar de poesía. Acá estamos, querida. A veces digo: ¿Será que yo escribo o la poesía escribe por mí? Yo nunca me siento a escribir un poema. El poema me sienta a mí. Estoy con un caramelo de eucalipto en la boca, ¿te molesta?

Para nada. Decís que a pesar de todo hay quienes se juntan a hablar de poesía… 

—Qué bueno, ¿no? Porque a veces es muy difícil cambiar de tema. Es tremendo lo que está pasando. La resistencia amorosa es la única arma digna y posible porque lo que intentan matar es el amor. En este momento tan atroz, saqué una conclusión: Este innombrable personaje que gobierna, nos deja vivos de puro criminal que es, de puro asesino. Somos muertos vivientes, ¿viste? Hay un sadismo muy evidente. Nadie nos va a matar como en otros tiempos. A este innombrable lo considero un fratricida perfecto. Yo era marica en la época de los mataputos… nunca fue sencillo para mí. Pero esto que vivimos es atroz. Antiguamente sabíamos quién contra quién, ahora no se sabe. 

¿Te referís a la dictadura militar? 

—En el Proceso sabíamos quiénes eran Videla y quiénes eran las personas que estábamos en contra. Pero ahora no se sabe de dónde sale el puñal. Hay que tener cuidado. En los 70 me fui a Brasil porque en Argentina si eras gay eras considerado un escándalo público y te llevaban a la comisaría. En Buenos Aires estaba viviendo un calvario. A pesar de Tango, Miguel Abuelo, Alejandro Medina y Edemilro Molinari, por nombrarte algunos seres divinos. Yo era la loca del circo. Se le decía el circo a todos los integrantes del grupo hippie. Y yo era una de las primeras locas. Éramos tan vertiginosas y lisérgicas. Angélicamente hablando, éramos unas diosas rarísimas. Pasamos muchas cosas y ahora duele mucho que el país vuelva a una etapa de derecha tan siniestra. Yo siempre fui antiderecha.

Foto: Noy con Pedro Lemebel / Archivo Gentileza Fernando Noy

Estoy viendo una foto tuya que salió publicada hace muchos años en la tapa del suplemento Soy de Página 12. Vos estás vestido con una afiche de Eva Perón.

—Ay, ¡qué divino! Hay fotos que guardo en el corazón. Cómo olvidar esa producción con el amor más grande que yo siento, el de Eva Perón. Me recuerda a mi amigo Paco Jamandreu, tan cercano a Eva, su modista, poeta, escritor. Siempre decíamos: En este país, ser pobre, peronista y puto es la misma cosa. Después coincidimos en que quizás no éramos peronistas, nosotros éramos más de Eva. La venero hasta el día de hoy. Todas queríamos ser Eva. Conversábamos tanto con Paco… En esa época, yo tendría 20 años. Siempre soy una niña en los recuerdos…

Hay historias y amores que insisten en la memoria. Y siempre reivindicás la conversación como un arte esencial.

—Porque no siempre sucede esa magia. Lo que me unía con Paco es lo mismo que me unía con Pedro Lemebel: el coloquio. Hay personas con las que yo siento que puedo coloquiar hasta el amanecer. Esas personas siempre las guardo en mi corazón. No importa el tiempo que pase. Nunca se van de mi memoria. De todas maneras, Pedro fue quien me dijo: ya basta de hablar tanto, escríbelo. Le hice caso y escribí Peregrinaciones profanas, una parte de mis memorias. Hablar toda la noche, qué bonito, ¿no? Con Paco nos quedábamos en su atelier desde las 10 de la noche hasta las 6 de la mañana charlando. También viajamos juntos, iba de gira con él en aquellas ocasiones donde hacía muestras de la ropa con la que vestía a Eva Perón, a Fanny Navarro, Marlene Dietrich, Rita Hayworth. Nos queríamos mucho.

Otra amistad muy importante en tu vida es Alejandra Pizarnik… ¿Es verdad que cada vez que hablás de ella se hace presente? 

—¡Pero sí! ¡Siempre! Hace poco cumplió 90 años según el calendario nuestro, ¿no? Entonces se hizo una reunión hermosa en la que participé junto a parte de su familia ahí donde nació. Ese día sentí que Alejandra estaba entre nosotros. Su presencia tiene un perfume extraño, lo reconozco. La escucho, la siento. Sin Alejandra jamás estamos. Cada vez estamos más con ella. Alejandra mató la idea de la propia muerte en sus poemas y en su propia vida. Alejandra siempre es mañana, ella es perpetua como poeta y como amiga.

¿Qué recordás de esos momentos con Alejandra?

—Nos reíamos mucho, ella era muy divertida. Por eso creo que se dio nuestra unión, ella se dio cuenta que yo transformaba la tensión en humor. Siempre parecía de noche cuando estaba con ella. De noche luminosa. Pasaban los días y no nos dábamos cuenta. Alejandra vivía en un vértigo de creación sin cesar. Recuerdos sus pizarras en su casa. Ella anotaba todo el tiempo sus ideas para no perderlas. Escribía una frase y al rato agregaba alguna palabra, iba completando los versos lentamente, sus poemas nacían palabra a palabra. Tuve el enorme privilegio de verla así, en estado mágico y creativo. Alejandra Pizarnik no tenía punto final, tenía puntos suspensivos. Le gustaba mucho leer en voz alta.

Foto: Noy junto a Olga Orozco / Archivo Gentileza Fernando Noy

¿Tenés en mente alguna lectura que haya compartido alguna de esas noches?

—Leía a Girondo, a Artaud, a Rimbaud. Consideraba que Olga Orozco era su madre poética, ella siempre fue una hija muy rebelde. Olga Orozco fue el regalo que me dejó Alejandra, ella nos conectó y vivimos 20 años de amistad. Muchas veces nos leíamos nuestros poemas. Alejandra es una poeta trágica, yo soy un poeta esperanzado. Somos de un mismo mar, por decirlo de algún modo. Todos los poemas de Alejandra me gustan pero siempre recuerdo uno en especial. Yo presencié cuando Alejandra Pizarnik le leyó a Olga Orozco por primera vez nuit du coerur, noche del corazón en francés. Orozco se largó a llorar cuando escuchó ese poema. Fue una conmoción muy importante. Ella leía un poema y lograba esas conmociones. 

Este año se publicó tu Poesía reunida, presentaste tu obra Andén alucinado y se estrenó Lo Noy, la película sobre tu vida dirigida por Mario Varela. La gratitud siempre está presente en tu poesía. Recuerdo tu poema Dar las gracias del libro Dentellada

Gracias cielo/ cielo antro/ cielo sombrío/ cielo no nombrado/ Gracias/ por el placer bebido. Doy las gracias todos los días. Están pasando tantas cosas todas juntas. ¡Hace poco León Gieco me hizo canción! Lo que sucede en este momento horroroso de la Argentina es lo contrario a lo que me toca vivir con la poesía. Creo que mi vida es mi gran obra de arte. Estoy en construcción, yo no me detengo. Hace mucho tiempo lo escribí. Pregunte cómo quiero morirme que yo debo decirle: escribiendo un poema.