Fotos: Gentileza Hijas de Kore.
¿Qué dispositivo puede ser un libro sobre tarot hoy? ¿Un manual para aprender a leer cartas? ¿Un ensayo sobre espiritualidad? ¿Un ejercicio literario? Esto también es Tarot, de Elisa Carricajo, elige no responder del todo a la primera pregunta. O, mejor dicho, abre la respuesta: el tarot no es tanto una herramienta para adivinar el futuro como un lenguaje simbólico para pensar el presente.
Publicado por la editorial Hijas de Kore, el libro se presenta como un “manual-ficción pop esotérico”: una criatura anfibia que combina ensayo, autobiografía intelectual y experimentación literaria. Carricajo, actriz y dramaturga, integrante fundadora del grupo teatral Piel de lava, gestora cultural, directora y curiosa, propone leer el tarot no como doctrina cerrada ni saber autorizado, sino como un campo cultural abierto, atravesado por tradiciones esotéricas, cultura pop, teoría y experiencia personal.
La primera parte del libro se mueve en el terreno del ensayo. Allí la autora reflexiona sobre el tarot como sistema simbólico dentro de un esoterismo popular atravesado desde siempre por tensiones: entre tradición y apropiación, entre conocimiento profundo y charlatanería, entre curiosidad espiritual y mercado. En lugar de intentar purificar ese campo, Carricajo lo acepta en su densidad y propone pensar el tarot como “un software libre del pensamiento mágico”, un lenguaje abierto donde los significados no pertenecen a una autoridad central sino que se producen colectivamente. La metáfora es precisa. Pensar el tarot como software libre desplaza la pregunta sobre qué significan las cartas hacia otra: quién tiene derecho a interpretarlas. Y ahí aparece uno de los núcleos políticos más interesantes del libro.
Históricamente, gran parte de los saberes asociados al tarot, a la magia cotidiana o a la adivinación circularon en ámbitos domésticos y populares, muchas veces transmitidos por mujeres. No formaban parte del conocimiento académico ni de la religión institucional. Eran saberes prácticos, ambiguos, transmitidos de boca en boca: las curanderas, las lectoras de cartas, las abuelas que conocían rituales o remedios. Saberes que se mantuvieron vivos gracias a ellas. En la cultura moderna, ese tipo de conocimiento fue sistemáticamente desacreditado y desplazado. El libro de Carricajo dialoga con esa genealogía desde un registro literario y cercano a la experiencia personal.

La segunda parte lleva esa hipótesis al terreno de la escritura. Cada una de las 78 cartas del tarot se convierte en un texto: pequeñas piezas literarias –muchas veces autoficcionales– que exploran el campo de significados de cada arcano. El resultado es algo así como un mazo escrito, que puede leerse de manera lineal o consultarse como si fuera una tirada. Allí el tarot aparece como una máquina narrativa capaz de organizar experiencias, recuerdos y referencias culturales.
Uno de los rasgos más interesantes del libro es su relación con la cultura pop. Carricajo no separa el universo esotérico del mundo contemporáneo: las cartas dialogan con canciones, películas, series y escenas de la vida cotidiana. El tarot aparece así como un archivo simbólico donde conviven arquetipos antiguos y referencias culturales actuales, un territorio donde lo sagrado y lo pop se mezclan sin solemnidad.
Ese tono deliberadamente descontracturado es también una posición crítica. Frente a los discursos que prometen éxito, sanación o respuestas definitivas desde lo espiritual, el libro propone algo más modesto y a la vez más fértil: hacer preguntas. En lugar de presentar un manual autorizado, Carricajo explora cómo se construyen los sentidos en torno al tarot y reivindica una genealogía plebeya y femenina del saber esotérico.
En ese cruce entre ensayo, humor, literatura y autobiografía, Esto también es Tarot propone una forma distinta de aproximarse al esoterismo como un lenguaje simbólico que permite ordenar experiencias humanas recurrentes: el deseo, la pérdida, el destino, el conflicto, la transformación. Y en ese archivo extraño donde conviven mitología, cultura pop, autobiografía y tradición esotérica, el tarot sigue ofreciendo una de las gramáticas más persistentes para narrar la vida.