Por:

El último día en que las mujeres habían podido estar en esas las tribunas había sido el 5 de octubre de 1981, en el partido entre Persépolis e Independencia, en ese mismo estadio. Después de ese partido por el Mundial, las mujeres pudieron volver al estadio en dos ocasiones más: pudieron presenciar el amistoso entre Irán y Bolivia en octubre de 2018, y más de 850 asistieron a ver la final de la Champions asiática entre el Persépolis y el Kashima japonés, en noviembre de ese año.

Azadi significa libertad en persa, el idioma oficial de Irán. Azadi se llama el estadio más importante de ese país, donde juegan de local los dos clubes más populares, el Esteghlal y el Persépolis, y donde disputa los partidos internacionales la selección iraní. En ese mismo estadio, en la ciudad de Teherán, el 12 de marzo de este año fue detenida Sahar Khodayari cuando quiso pasar por los controles de seguridad para ingresar y ver desde las tribunas el partido entre su equipo, el Esteghlal y el Al Ain, de los Emiratos Árabes Unidos. ¿Por qué? Porque las mujeres iraníes tienen prohibido el acceso a los estadios o a cualquier otro lugar donde se juegue un partido de fútbol desde octubre de 1981, dos años después de la revolución islámica.

Recién en 2018, después de treinta y siete años, las mujeres pudieron volver excepcionalmente a las tribunas. Fue durante el Mundial de fútbol masculino de Rusia. Irán, el único país que participó de la Copa del Mundo que prohíbe el ingreso de mujeres a estadios de fútbol, jugó en la segunda fecha del grupo B contra España. Ese día las mujeres iraníes volvieron a las tribunas para ver el triunfo de su selección por 1 a 0 transmitido en pantallas gigantes y llevaron carteles con la inscripción #NoBan4Women (sin prohibición para las mujeres) para visibilizar la situación ante todo el mundo. Fue histórico.

El último día en que las mujeres habían podido estar en esas las tribunas había sido el 5 de octubre de 1981, en el partido entre Persépolis e Independencia, en ese mismo estadio. Después de ese partido por el Mundial, las mujeres pudieron volver al estadio en dos ocasiones más: pudieron presenciar el amistoso entre Irán y Bolivia en octubre de 2018, y más de 850 asistieron a ver la final de la Champions asiática entre el Persépolis y el Kashima japonés, en noviembre de ese año.

El último día en que las mujeres habían podido estar en esas las tribunas había sido el 5 de octubre de 1981, en el partido entre Persépolis e Independencia, en ese mismo estadio. Después de ese partido por el Mundial, las mujeres pudieron volver al estadio en dos ocasiones más: pudieron presenciar el amistoso entre Irán y Bolivia en octubre de 2018, y más de 850 asistieron a ver la final de la Champions asiática entre el Persépolis y el Kashima japonés, en noviembre de ese año.

Sahar Khodayari fue acusada de “cometer abiertamente un acto pecaminoso” al “aparecer en público sin hiyab e insultar los agentes de seguridad”. Después de pasar tres días detenida, el 15 de marzo fue liberada bajo fianza y esperó seis meses para que comenzara el juicio. Sin embargo, el día de la primera audiencia y tras enterarse que podría pasar seis meses en la cárcel si era condenada, la joven de 29 años se prendió fuego la semana pasada frente a la puerta de los los tribunales de Teherán. Murió el lunes 9 de septiembre en el hospital con el noventa por ciento de su cuerpo quemado.

La chica azul, como la llaman ahora en los medios iraníes por los colores del Esteghlal, no fue la primera iraní en buscar las fisuras en los controles de seguridad y entrar al estadio. Muchas mujeres antes que ella también intentaron crear fugas en las normas impuestas por el gobierno y agrietar la prohibición que las mantiene alejadas de los espectáculos deportivos y durante este tiempo cambiaron la hijab por la barba y los bigotes, se pusieron peluca y mucha ropa que esconda sus cuerpos para poder entrar a alentar a sus equipos.

En 2018, treinta y cinco mujeres fueron arrestadas y detenidas durante horas después de que les prohibieran la entrada al partido amistoso entre Irán y Siria. Una de ellas fue la activista Zeinab Sahafi. Pero no fue ni su primera ni su última vez en un estadio. Unos meses antes, la iraní había sido parte del grupo de cinco mujeres que vieron desde las gradas cómo Persépolis le ganaba 3 a 0 al Speidrood Rasht y salía campeón. Esa había sido una acción coordinada entre ella y la fotógrafa iraní Forough Alaei, ganadora del premio World Press Photo 2019. Ya en 2006 el vínculo entre las mujeres iraníes y el fútbol fue visibilizado y denunciado también en el cine. Ese año se estrenó el documental Offside, donde el director Jafar Panahi muestra cuáles son las estrategias de un grupo de mujeres para lograr quebrar las normas impuestas y alentar a su selección en un partido contra Bahrein, en las eliminatorias para el Mundial de Alemania 2006.

La muerte de Sahar Khodayari fue noticia en todo el mundo y tuvo repercusión en las redes sociales. En su cuenta de Twitter, el Esteghlal  reconoció su cobardía para enfrentar la situación: “Nuestra querida Sahar se quemó hasta la muerte, cuando fue acusada de 6 meses de cárcel por…ir al estadio. Ella nos apoyó a pesar de que la política lo hizo ilegal , pero ¿qué podemos hacer para apoyarla? ABSOLUTAMENTE NADA. Somos cobardes”. Por su parte, Amnistía Internacional y Human Rights Watch (HRW) pidieron a la FIFA, que ponga fin a esta prohibición. “El trágico intento de arresto, encarcelamiento y suicidio de Sahar subraya la necesidad de que Irán ponga fin a la prohibición de que las mujeres asistan a partidos deportivos, y la urgencia de regular organismos como la FIFA para hacer cumplir sus propias normas de derechos humanos”, señalaron. Desde varios clubes de fútbol como el Barcelona, el Chelsea y la Roma se sumaron a denunciar la situación y pedirle intervención a la FIFA. Algunos también anunciaron que pedirán un minuto de silencio en sus partidos de este fin de semana en homenaje a Sahar Khodayari.  

El año pasado, el presidente de FIFA Gianni Infantino ya había mandado una carta al presidente de la Asociación Iraní de Fútbol, Mehdi Tadji, en la que le exigía que le informara sobre las medidas que tomaría para que todas las mujeres, tanto iraníes como extranjeras, pudieran asistir a los partidos de clasificación para el Mundial de Qatar 2022. En la carta, Infantino le recuerda a Tadji el compromiso que tomó el Presidente iraní Hasan Rohani para avanzar en la ampliación de derecho de las mujeres en el ámbito deportivo. La respuesta del Ministerio de Deporte iraní fue el permiso para el ingreso a algunos partidos puntuales. Es que el gobierno iraní tiene una postura muy clara al respecto con fundamentos en el islam. En 2017, el mismo Hasan Rohani preguntó en público si impedir que las mujeres asistan a los espacios deportivos como espectadoras es favorable a la imagen del islam y se respondió: “Dicen que las mujeres no deberían escuchar a los hinchas masculinos maldecir en los estadios de fútbol, ¿deben nuestras mujeres pagar por ello?”.

Tras la muerte de la joven, la FIFA se pronunció en las redes: “Reiteramos nuestra petición a las autoridades iraníes para que garanticen la libertad y seguridad de las mujeres”. Sin embargo, activistas iraníes y algunas organizaciones como la campaña Open Stadiums, que se describe a sí misma como un movimiento de mujeres que buscan terminar con la discriminación y permitir que las mujeres ingresen a los estadios pidieron a la FIFA un poco más de presión sobre el gobierno y piden que Irán sea desclasificado del próximo mundial si no levanta la prohibición. Que la muerte de Sahar Khodayari cambie la historia, piden.