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El lunes 27 de enero comenzó en Chile, en la CEPAL, la XIV Conferencia Regional de la Mujer de América Latina y el Caribe. Se trata del principal foro intergubernamental sobre los derechos de las mujeres y la igualdad de género en la región. Este encuentro dura cinco días y en ese tiempo, con agenda ajustada de reuniones y debates las representantes de los estados identifican la situación de la región sobre la autonomía y los derechos de las mujeres, evalúan el cumplimiento de los acuerdos internacionales previos y realizan recomendaciones de políticas públicas.

Se lee rápido pero se construye difícil. El documento debe ser acordado y se trabaja párrafo a párrafo. Hay países que proponen retrocesos en cada uno, como Brasil -que terminó sin suscribir el Compromiso de Santiago-, otro que objetó la laicidad del estado, otro que quería excluir la mención de niñas y adolescentes respecto de las sujetas de derechos sexuales y reproductivos, otro que pidió incluir la discriminación hacia los hombre (KEE). Aún así, el acuerdo general es no retroceder e intentar avanzar. La Argentina, Uruguay, Costa Rica, México, Panamá, República Dominicana, Ecuador son algunos de los países abiertamente a favor del avance de derechos.

La Conferencia incluye la participación de la sociedad civil en algunas instancias, no en la elaboración de los términos del compromiso que salga de Santiago. Para los colectivos feministas este encuentro comenzó dos días antes, el 25. Entre el sábado y el domingo se eslabonaron debates organizados por las locales de La Morada en el Foro Fabiola Campillar, para poner en común un diagnóstico sobre cómo nos afecta el extractivismo, el capitalismo, la represión de la protesta, la ciudadanía de segunda sin autonomía sobre nuestros cuerpos, la falta de autonomía económica de las mayorías, la crisis migratoria, la discriminación de las afrodescendientes, de las campesinas e indígenas, la necesidad de acceso al trabajo para las trans y travestis, de especial protección a niñas y adolescentes y de reconocimiento para las trabajadoras sexuales.

El encuentro tomó el nombre de Fabiola Campillai, en homenaje a la mujer de San Bernardo que quedó con graves lesiones cerebrales y ciega por el impacto de una granada de gas lacrimógeno lanzada por Carabineros para reprimir la protesta social. Fabiola iba a su trabajo en una fábrica, en el turno noche, en donde cobraba el salario mínimo.

La apertura fue el martes 28 a las 14.30 y reunió en la misma sala a ministras y representantes de las áreas de género de todos los países miembros. Entre las presentes estuvo Isabel Plá, ministra de la Mujer y Equidad de Género de Chile, la misma que no hizo lo suficiente para proteger a las chilenas durante las manifestaciones y que luego de las incontables denuncias de violación de las fuerzas de seguridad a las manifestantes dijera que “Chile no es un macho violador”, en alusión a la performance de La Tesis. Por esa tolerancia a la violencia sexual y por la enorme cantidad de personas que perdieron la vista por la represión de los pacos, el recibimiento a Plá trajo la protesta a la sede de la Cepal. Cientos de feministas hicieron una performance con Las Tesis en la puerta del edificio y decenas adentro del salón donde transcurrió la insuguración: la esperaron con un parche rojo en el ojo.

Pero además, como señaló Mabel Bianco, la presidenta del Comité Ejecutivo del Comité de ONGs sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer de América Latina y el Caribe, “las mujeres latinoamericanas y del Caribe no podemos aceptar que sea la responsable de presidir la implementación de los acuerdos en los próximos años hasta la próxima conferencia”. Es que Plá, desde el martes, preside la Conferencia.

Por la tarde del 28, las feministas se hicieron oír a través de la voz de Vesna Madariaga, la compañera designada por la sociedad civil para leer el documento elaborado desde el fin de semana por las organizaciones de la región: “Insistimos, resistimos y avanzamos”.

Esas tres páginas llevaron jornadas intensas de trabajo. Lo que quedó como acuerdo en esos debates es que los feminismos deben tener tanto presencia en las calles, como en los sistemas de protección internacional de derechos humanos. También, que el modelo económico neoliberal saca plusvalía de nuestras vidas enteras, es extractivista en un amplio sentido y repercute con crueldad en especial en las afrodescendientes, migrantes, indígenas, trans, trabajadoras sexuales, porque una triple exclusión, económica, social y política. Además, que toda violencia es violencia correctiva: por todos los no que el patriarcado juzga transgresiones a la norma.

Esos días en Chile, con una sociedad harta de la vida privatizada y precarizada, y con el claro protagonismo de los feminismos transandinos fueron también el escenario de acuerdos futuros: vamos una vez más al paro del 8 de marzo.