Nadia fue abusada sexualmente a los 6 años. Fue abusada por los hermanos mayores de una amiga cuando iba a jugar a su casa. Los abusos sucedieron hace casi 30 años pero los abusadores vivieron en la esquina de la casa de Nadia, en San Isidro, casi todo este tiempo. Hubo otras víctimas, pero es ella la que pudo denunciar. El abusador, niega conocerla y la justicia le dice que ya ha pasado mucho tiempo. Mientras Nadia vive aterrada y enfurecida, a su abusador le maquillan los pómulos en el canal de noticias de mayor audiencia del país.

–Hace poco hablé con una chica que también iba a jugar a esa casa. Íbamos juntas a las marchas por Erica Soriano, que era nuestra vecina, en ese momento no me animé a preguntarle nada. Hasta que pude. La respuesta de ella no me dejó opción: me contó su violación por mensaje de whatsapp. Me terminó confirmando lo peor. Sentí alivio de no ser yo sola pero a la vez un odio muy profundo porque eran cinco chicas más. Me estalló la cabeza. Tenía que denunciarlo.

La persona denunciada como el abusador, el hermano mayor de la casa donde Nadia Dagnino, su hermana y sus amigas jugaban entre 1987 y 1988 es Guillermo Lobo, un periodista de la televisión. Guillermo Lobo y su hermano, el ex gendarme Ramón Lobo.

Lo primero que hizo Nadia cuando intentó denunciar es consultar con un abogado civil, “a la vuelta de Tribunales”. Ahí le explicaron por primera vez que la acción legal contra este tipo de delito estaba prescripta, porque habían pasado 29 años. El abogado que la atendió le aconsejó que busque ayuda psicológica para sobrellevar el abuso y que se hiciera a la idea de que las denuncias de abuso en la infancia suelen quedar a la deriva. No sería fácil denunciar.

El 3 de junio de 2016, cuando en las calles de todo el país se desarrollaba el segundo Ni Una Menos, Nadia Dagnino se presentó en la fiscalía de Género de San Isidro junto a la abogada Gabriela Conder para ingresar la denuncia por escrito. La secretaria de la fiscal Laura Elizabeth Zyseskind les señaló también la prescripción de la misma: “No dejaron ingresar la denuncia sin siquiera leerla”. Sí pudieron asentarla en la Procuraduría General de San Isidro. A los pocos días la llamaron a Nadia para que ratifique y amplíe su denuncia. Hoy la causa se encuentra el Juzgado de Garantías Nro. 1 de San Isidro y está caratulada como “Abuso sexual gravemente ultrajante”.

–La fiscal Zyseskind se alteró al leer que habíamos puesto dónde trabaja Guillermo Lobo, que trabaja en Todo Noticias (TN). Me preguntaba cuál era mi estrategia, que quién era yo para poner el lugar de trabajo de ellos en una causa como esta. Me preguntó si yo buscaba plata.

Desde aquel 3 de junio hasta ahora Nadia intenta que su situación y la de las otras mujeres que no se animaron a denunciar cobre visibilidad pública. La Organización Mundial de la Salud dice que una cada cinco niñas y uno cada trece niños puede ser víctima de abuso sexual infantil. Estas cifras resultan coherentes con los índices obtenidos de las denuncias realizadas a través del teléfono 137 del Programa Las Víctimas contra las Violencias, que coordina la psicóloga y asistente social Eva Giberti. Nadia es una de esas niñas. Fueron años, décadas, de convivir con un dolor naturalizado: “Durante mucho tiempo hice de cuenta que no había pasado nada, me daba muchísima vergüenza, pero a mis abusadores los veía casi a diario, porque vivían en la esquina de mi casa. Guillermo Lobo una vez me cruzó en la calle cuando yo tenía 16 años y me dijo ‘que linda te pusiste’”.

El cuerpo y la cabeza de Nadia funcionaron como una olla a presión hasta que pudo denunciar. Una vez tomada la decisión, en una cena familiar en la que estaban sus seis hermanas y hermanos contó su idea: denunciar a toda costa “y si la justicia no me deja denunciar, buscar el escrache social”. La hermana de Nadia, aquella por la cual iban a jugar a la casa de sus abusadores, contó que a ella también esos veinteañeros le levantaban la pollera cuando apenas tenía 8 años, entonces Nadia soltó los cubiertos, sintió cómo se vencían sus piernas y cobró fuerza, “una fuerza enojada”. Había que denunciar.

Cuando fueron a ratificar la denuncia Nadia y su familia se rodearon de gente cercana, de activistas que alzaban carteles ya no contra los abusadores sino pidiendo lo que ellas creen que es justo: que los delitos sexuales contra infantes no prescriban. “Sacame a estas locas de acá”, dice Nadia que le habría dicho la fiscal.

 

En octubre de 2015 se sancionó la Ley 27.206 de modificación del plazo de prescripción de delitos contra la integridad sexual de menores. “Con esta ley que está vigente, una persona puede denunciar un delito contra la integridad sexual independientemente de la edad que tenga la víctima y de los años que hayan pasado desde la comisión del delito. Esto significa, que desde el servicio de justicia no se le puede contestar a nadie a priori que no es posible investigar porque está prescripto”, señaló en la Jornada Debate “La Ley de Respeto a los Tiempos de las Víctimas y su aplicación”, la senadora nacional Sigrid Kunath, autora del proyecto que dio origen a la ley. Ya nadie puede desechar una denuncia porque pasaron 10, 20, 30 años o los que sea, la prescripción empieza a correr desde que la víctima denuncia.

–La fiscal me explicó qué era una acción penal y una acción civil y me preguntó cuál era mi estrategia, yo ahí no sé si estuve bien pero se lo dije bien claro: mi estrategia judicial es que si la justicia me marca la prescripción, yo le voy a hacer un escrache social.

El acusado, Guillermo Lobo, se manifestó en los medios de comunicación en varias oportunidades. Negó rotundamente su relación con el hecho y con Nadia: negó conocerla. Y apuntó contra la abogada Gabriela Conder, como declaró en el diario Perfil el 12 de diciembre de 2016: “Es una acusación falsa y espantosa, impulsada por una abogada ligada a Quebracho”, argumentó el periodista como si la pertenencia a alguna organización política se relacionara con los hechos de los cuales se lo acusa. En el mismo portal, Lobo declaró haber sido sobreseído. La dra. Coder, en diálogo con LatFem, expresó en cambio que “es mentira que la fiscalía desechó la denuncia. El fiscal y el juez resolvieron sobreseer a Lobo porque fueron delitos de hace más de 25 años y entendieron que la acción penal estaba prescripta”. “El abogado de Lobo pidió la prescripción de la acción. Ojalá que diga es una falsa denuncia, así el Estado está obligado a investigar”, agrega enfática Conder.

 

 

Actualmente, Nadia y su abogada aguardan la resolución del recurso de reconsideración presentado ante la Cámara de Apelaciones, “le dieron traslado de la presentación al abogado de Lobo y estamos esperando a ver que contestan”, aclara Conder. El pedido a la Cámara de Apelaciones es “que se investigue, porque apelamos al derecho a la verdad, que es un derecho humano”.

–¿Qué esperan que ocurra?–le preguntamos a Gabriela Conder.

–Nosotras no estamos pidiendo una pena para Lobo, queremos que el Estado, como firmó los tratados de Derechos Humanos, de Derechos de los niños y de las mujeres, vea cómo cumple con esos compromisos internacionales que tomó, nosotras queremos saber la verdad, más allá de que no tenga una pena, saber la verdad contada por la víctima, que el Estado investigue.

–¿Cuál es la relación entre este pedido y los “Juicios por la verdad”?

–Hay un paralelismo entre terrorismo de Estado y el terror de las mujeres, la psicóloga Raquel Disenfeld habla de “terrorismo sexual”. El terror de las víctimas no cesa, continúa muchos años más, la violencia ejercida contra ellas no empieza y termina en un acto. Si Lobo dice que todo es falso, que nos denuncie, así nos dejan presentar las pruebas que tenemos, esa sería una estrategia posible.

“Queremos un juicio por la verdad”, asiente Nadia.

Como ocurrió durante la vigencia de las leyes que garantizaron la impunidad por los crímenes del terrorismo de Estado, Nadia y su abogada piensan en recurrir a la estrategia de los juicios por la verdad. En ellos el Poder Judicial cumplió el derecho de las víctimas, sus familiares y la sociedad a conocer lo que realmente ocurrió aunque no hubiera condena penal ―antes la Comisión Interamericana de Derechos Humanos señaló que el Estado debía cumplir con el derecho a la verdad―. Sin embargo, durante los juicios que transcurrieron en La Plata, se abordaban delitos considerados de lesa humanidad, por lo que en este caso sospechamos que la lucha legal de Nadia será larga.

“Quiero que la justicia haga una excepción, no sólo por mí, por un montón de pibas”, dice Nadia; su abogada, consciente del hito que supondría que su estrategia llegue a buen puerto, advierte: ”van a responder que la acción está prescripta con los mismos argumentos que garantizaban la impunidad a los genocidas”.

La Ley de Respeto a los Tiempos de las Víctimas está vigente y por ello el plazo de prescripción en los delitos sexuales contra infantes empieza a correr desde el momento en que la víctima denuncia. Sin embargo, dado que la ley penal no es retroactiva, esta nueva  ley solo es aplicable a los delitos cometidos desde su sanción. Por eso lo que Nadia pide es una excepción. Está dispuesta a ser el caso que marque precedente.

Nadia fue abusada cuando era una niña. Usa las palabras “ultraje”, “escape”, “violencia”; “terror”. Una fiscal la acusó de buscar fama y dinero con su denuncia, fue revictimizada por un miembro del poder judicial, fue a denunciar violencia sexual y le respondieron con violencia institucional. Fueron 29 años de sufrimiento en secreto, de innumerables consecuencias en la vida pública y privada, años de terapia psicológica para poder pronunciar como denuncia lo que ya estaba marcado en su cuerpo. En la primera puerta del Poder Judicial que golpearon les dijeron que ya no hay sanción posible ni investigación en pos de reconocer judicialmente la verdad de lo denunciado.

Mientras tanto, el acusado da consejos médicos en el primetime de la televisión del todo el país. “Hace poco me enteré de que Lobo fue a dar una charla al colegio de mi hijo”, cuenta Nadia, “para la ley no existo”, dice con la voz quebrada, la mujer de la fuerza enojada.