Día mundial de la poesía: la percepción amplificada

La poesía es el espacio literario más impredecible, y quizás por eso el más desafiante. Pide un compromiso de lxs lectorxs, una atención aguda y la revolución de todos los sentidos. Hoy es el día de la poesía, celebremos que hay muy poco.

El poema es ante todo trabajo con las palabras, condensación y ritmo, una música nueva. Un poema puede seducirnos dentro de su “círculo de deslumbramiento”. Como dice Alicia Genovese, poeta y titular de Taller de Poesía en la carrera de Artes de la Escritura (UNA), la posía es “un zapping hacia otro canal, un corte de ruta en la economía comunacional”. En la poesía hay una tensión constante entre lo clásico y lo experimental, lo transparente y lo opaco, lo preciso y lo inestable. Por un rato, invita a frenar el chorro informativo. Ideal para estos tiempos de cuarentena, psicosis de noticias y metáfora. 

No es todo amor y sufrimiento, no es catarsis de la emoción ni cortar los versos con el cuchillo del enter. Si te cuesta lo metafísico y te crispa lo cursi, hay poemas bien arraigados en cuestiones materiales. Acá van unos que seleccioné una vez sobre poesía y finanzas: La vida me sonríe (Cecilia Pavón), Gracias tarjeta (Eitán Futuro), La contemplación del desastre o mi casa un domingo (Malén Denis). Y una fuente inagotable de poesía deslumbrante es el blog de Ezequiel Zaidenwerg, que se alimenta día a día de traducciones y producción. 

Por un momento, accidentalmente, con algunos poemas de escritoras argentinas al azar, abramos de par en par las puertas de la percepción.

Acá, Marie Gouiric lee Ley 26485 y acá lee Una mujer que se crió en un coso de monjas

Acá una de la balumba hermosa, Selva ociosa, Noe Vera (@balumbaplena)

¿te gustará más este nombre

que refiere a la abundancia

desordenada de una cosa

al clima cálido a la nuestra

aborrecida humedad?

te espero abajo de los árboles

al frente la tarde se va poniendo

color de rosa, no hay oh monos pero hay

la alegría que me da tenerte en vida

es como ver abrepuños de distintos colores

brotando de a uno en este show

los árboles obran de maneras misteriosas

nos cobijan a la vera del Carapachay

nos quedamos hasta tarde a hablar, hablar

compartir el lúpulo y el dulce

de sol a sombra a ser amigas

sobre esta manta eterna, en este muelle

y antes de dormir como los bandoleros

Madariaga y Lawrence, nadar.

La Enredadera rusa de Jose Bianchi (@Eloise___)

Два́дцать ноль


Una costilla de Adán y un pensamiento
no nacen de la nada: en el lenguaje de las plantas
los sustantivos son circunstanciales.
No es original cortar
un gajo para que crezcan mejor.
Parece que es por la fuerza
pero la tijera cierra gracias a un mecanismo
conformado por dos partes que se unen
en las puntas. Acá lo único que crece es lavanda
lo hace por sí sola, acostumbrada
a nivelar lo externo. La veo
y me siento orgullosa, en este espacio inhóspito
una mezcla de selva artificial-occidental
tomando agua entre las grietas
esquivando el humo, haciendo como si esto fuera
lo más natural del mundo.

Uno de Elsie Vivanco, fruta rara de la literatura argentina:

Cuando la gata -ya vieja- vuelve después de 3 días de coitos

ininterrumpidos, me pide salir de nuevo y no la dejo, duda

un instante y exclama algo así como ¡qué alivio! Se

acuesta en algún sofá y duerme 48 horas ininterrumpidas.

Y para poner de fondo mientras pasamos la lavandina: No existís (Mariano Blatt)