La Joaqui: “Canto porque si algún loco me mata y engroso las cifras de los femicidios que a nadie le importan, quiero dejarle algo a mis hijas”

La rapera que abrió camino a las mujeres en las batallas de freestyle vuelve a la música después de unos años de silencio. La Joaqui sacó un primer single y se prepara para lanzar su EP en 2021. Antes habló con Romina Zanellato sobre su ausencia y sus pasos.

“Agarrese el culo mijo / Míreme fijo / Volví a la competición”, rapea La Joaqui en su segundo single en tres años. Joaquinha Lerena, la coneja rapera, se había alejado de la música después de haberla pasado bastante mal, después de haber abierto camino en el freestyle, de ser la primera mujer en clasificar en la competencia de la Batalla de Gallos en Argentina, de llegar a cuartos, de ser punta de lanza, de haberse querido reinventar en el reggaetón, después de las drogas y la violencia. Un parate de tres años donde dice que barajó y dio de nuevo. En la mesa están las cartas de sus ambiciones, deseos y de un análisis de su dura historia, reconvertido en fuerza y canciones. En esos tres años tomó clases de canto, se profesionalizó en la búsqueda de dar mejor contenido para sus fans, y también tuvo dos hijas. Ahora escupió todo en la forma que mejor domina, las rimas. En junio sacó Gangster, en noviembre lanzó 90’s, y se viene un EP. La Joaqui está afilada.

“Me queda para escribir solo la madrugada / Cuando termino de ser mamá, papá y empleada”, dice en su última canción. Nadie puede negar que la música de las mujeres no tiene una singularidad atractiva, son ellas las que están expresando sus experiencias cotidianas como feminidades en su música, sea rock, sea trap o sea hip hop. Ser mujer, madre y música tiene unas dificultades que ahora se escuchan en las nuevas narrativas que están sonando. En conversación con LatFem, mientras suenan los pajaritos de la plaza en el fondo de la comunicación telefónica, La Joaqui dice que ya no sólo canta para exteriorizar lo que siente, también para dejarle algo a sus hijas. “Si alguien algún día me mata, si un loco me mata y a nadie le importa, porque hay tantos feminicidios en este país que a nadie le importan, lo que más me preocupa es que mis hijas no queden a la deriva, quiero dejarles una vida tranquila”, dice, y habla a una velocidad llena de ansiedad y urgencia. 

Así se escuchan sus últimas canciones: son un repaso crítico de su historia, tienen la inyección de vitalidad de lo que apremia. En Gangster dice frases como: “Comercializan las carencias que no tuvieron en su puta vida”, “la droga te agila, no fumo ni tomo, la guita la ahorro, la guita la invierto en negocio” o “respeta que siempre hay uno más loco”. La calle y la vida dura la acompañan, como marca en sus ojos, como rimas en su lengua.

“Soy una persona bastante introvertida a nivel emocional y en la música encontré una manera de exteriorizar mis enojos y mis resentimientos sin tener que hablarlos explícitamente”. Para ella, la música fue algo terapéutico. “Me ayudó a salir de la complicada, de las malas decisiones que uno toma a veces cuando no sabe controlar lo que le pasa”. No habla con eufemismos. Enumera la calle, las drogas, las armas. “La música me sacó de esos lugares, porque yo me dije que quería ser música y si iba a grabar cansada o descuidada no podía hacerlo bien, si iba así a una batalla iba a perder. Empecé a sentir un propósito más interesante para mi vida”.

La Joaqui tuvo un pico de popularidad en 2014 cuando llegó a cuartos de final en la Batalla de Gallos y compitió con Papo, su expareja. En esa batalla, dura y personal, se puede ver cómo cambió la escena del freestyle. En ese momento la agresión y el machismo en las frases eran protagonistas de la escena, se perpetuaban estereotipos que violentaban a las mujeres, y había una idea de que el mejor punchline (el golpe de la frase) era el que más dañara al otre. “La gente pedía ese morbo, el público antes lo disfrutaba, y creo que tener el acceso a más educación, a que más chicas están luchando por la causa, concientizando, en las batallas, hizo que la cosa cambie. Veo mucha deconstrucción. Ahora en las batallas si alguien grita puta a otra persona pierde”.

Pero haber abierto camino, abrirse paso entre las primeras mujeres de la escena junto a las precursoras Lait, Tink o Rouse le costó caro, sobre todo por esa batalla donde las frases con su exnovio fueron de una agresión insoportable para los nuevos paradigmas feministas que crearon acuerdos de respeto entre freestylers. “Creo que por ser la expareja me costó el doble, tuve que salir de esa sombra, no solo para hacerme conocida sino para mostrar que podía hacer más cosas. Siempre estaba a prueba. Me pone contenta que ese piso de tierra hoy se esté pavimentando y que ya legalmente tiene que haber un 30% de mujeres en los escenarios. Cuando empecé a rapear a los 15 años era muy difícil que una mujer estuviera ahí, era otra cosa, ahora siempre hay mujeres y eso me hace sentir muy bien, que ese derecho de piso valió la pena”, dice La Joaqui.

Una de sus amigas más cercanas, la que siempre la alienta y le tiende una mano, es Cazzu. Juntas empezaron en este ámbito que fue tan masculino y juntas siguen abriéndose los espacios. Hace tres meses sacaron una canción juntas, con Mechi Pieretti, que se llama Solita y ya tiene millones de reproducciones en todas las plataformas. Pero su vínculo se remonta a muchos años atrás. Ay papi es un hitazo que sacaron juntas en 2017 y es una cruza entre la cumbia, el reggaetón y el trap, cuando ellas todavía eran amateurs, cuando el éxito y la profesionalización era un sueño y una ambición, cuando muchos les daban la espalda o las querían usar y descartar.

“Ahora hay lugares para las artistas, hay interés en escucharlas, en crear contenido con ellas. En su momento era bastante difícil, a mí me costó, sobre todo porque siempre me junté con gente marginada a nivel social y fue el doble de difícil. A veces quería pagar mis videoclips y no me los querían hacer. Es re loco, había varones a los que se los hacían gratis y yo quería pagar mi contenido y no me lo querían hacer, pero creo que ahora está cambiando estas cosas”, señala. 

Marplatense, con una infancia dura en Costa Rica y todo este camino en la música local, La Joaqui hizo una carrera sinuosa. Después de 2017, La Joqui dejó de hacer música, pero no salió del foco de atención. En 2018 se estrenó su participación en la serie El Marginal. Encarnó a Mecha, la novia de Diosito, el personaje de Nicolás Furtado. Luego fue mamá de su segunda hija. “Ahora que soy mamá no tengo el mismo tiempo para exteriorizar lo que siento, tengo que ponerme horarios, lo cual es más difícil porque creo desde la emoción entonces tengo que decidir en qué horarios sentir, administrar el corazón”, dice y se ríe, de gracia real o por no llorar, o las dos cosas.

Sus nuevas canciones la ponen donde ella quiere estar: sobre un ritmo boombap y una lírica potente, agresiva, llena de su tripas. “Fue lo que sentí hacer, lo que mi corazón necesitaba en ese momento, quería expresar un montón de cosas que estuve acumulando todo este tiempo que estuve inactiva de la música y me salió así, lo vomité, lo pensé rapeando, lo hice rapeando”.

El nuevo EP va a salir en los primeros meses de 2021, con un tema por mes desde finales de enero en adelante, con sus respectivos videos como una apuesta a la profesionalización. La Joaqui vuelve a la escena, con el acumulado de su vida y su lucha, con el compromiso de que es lo que sueña hacer.