Todo por ganar: ¿Por qué necesitamos políticas de cuidado?

Delfina Schenone Sienra y Agustina Rossi, integrantes del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, explican de qué se trata la campaña #PolíticasdeCuidadoYA y por qué incorporar la agenda de cuidados como política pública implica desarrollo para todas y todos.

No puedo dejar sola a Coquita ni un minuto y no está ella solamente, está mi marido, está mi hijo, la casa, las compras, la limpieza, la facultad… estoy yo también. El asunto es quién se ocupa de todo acá: yo. Pero no es gratuito, estoy agotada.
Cecilia

Como en la historia de Cecilia, la vida de millones de mujeres está atravesada por los cuidados. Cuidar a sus hijos, sus hermanos, sus padres, suegros; cuidar en soledad o con el apoyo de redes, cuidar con recursos para contratar ayuda o enfrentando la exclusión del mercado laboral.

La campaña #PolíticasdeCuidadoYA, basada en hechos reales, nos muestra historias de cuidado a través de los testimonios de Cecilia, Nancy, Perla, Mercedes y Florencia quienes, de distintas maneras, en contextos diversos y con acceso desigual a recursos organizan, gestionan, practican y viven el cuidado todos los días. 

Pese a que han sido históricamente invisibilizadas como un trabajo y poco valoradas social y económicamente, las tareas de cuidados son parte de nuestra cotidianidad y de cómo nos constituimos como sociedad. Cuidar implica comprar alimentos, preparar la comida, asegurar el descanso y la higiene personal, la salud, la educación, mantener la casa y la ropa limpia, acompañar a turnos médicos, comprar la medicación, gestionar traslados. Cuidar también implica escuchar, atender, contener, acompañar, jugar, entre tantas otras tareas que permiten asegurar las necesidades físicas, psicológicas y emocionales de las personas. Cuidar es un trabajo que requiere tiempo y energía — energía física, mental y también emocional —.

El cuidado se necesita especialmente en los dos extremos de la vida: en la niñez y en la vejez, ambos de formas muy diversas. Esto no quita, que aún siendo personas adultas no requiramos de cuidados en distintas circunstancias. Nadie es una isla sino que, como seres humanos, somos seres interdependientes.

La paradoja del cuidado

Los chicos me demandan que pase más tiempo con ellos, mi mamá se queja si me retraso en el trabajo, mi marido me reclama que no esté siempre tan cansada.
Nancy

El cuidado también nos posiciona socialmente. Nos han enseñado que las mujeres tenemos la obligación de cuidar por el simple hecho de ser mujeres. Que nos resulta “natural”. De lo contrario, como le sucede a Nancy, aparece el reclamo por no estar cuidando lo suficiente o no estar atendiendo todos los frentes de la manera esperada. Y cómo lo hagamos define cómo nos ven, cómo nos etiquetan. Aún hoy, las mujeres están sujetas al escrutinio público y su integridad como personas se juzga a partir de su consideración como buena o mala madre. La imagen de la “mala madre” sigue siendo perseguida y castigada de las formas mas violentas. Sin ir muy lejos podemos pensar en algunos casos mediáticos del último tiempo, desde celebridades como Pampita¹ hasta mujeres criminalizadas e injustamente juzgadas como María Ramona Ovando².

Por eso, decimos que la manera en que organizamos socialmente el cuidado encierra una gran paradoja y una gran injusticia: mientras que el cuidado es una necesidad social, sin el cual nadie sobrevive, sin el cual ni la sociedad ni la economía pueden funcionar, vemos que no se encuentra distribuido equitativamente. La responsabilidad del cuidado recae mayormente en las familias, que se tienen que organizar con los recursos y servicios que tienen a mano, y dentro de ellas, son las mujeres las principales cuidadoras. Y en nuestra sociedad, con la poca disponibilidad de servicios, infraestructura y recursos, quienes cuidan se llevan la peor parte.  

Somos 5 hermanos, yo soy la segunda, el mayor es mi hermano. Igual, las tareas de la casa me tocaron a mí. Mi mamá trabaja afuera de la casa y yo trabajo adentro.
Perla

¿Por qué, entonces, dedicarse a cuidar implica en nuestra sociedad limitaciones para llevar adelante nuestros proyectos de vida? Aquí hay varios puntos para pensar. El primero es que el tiempo es finito. El día sólo tiene 24 horas y la manera en que distribuimos el tiempo en este sistema no da igual. Si una persona dedica una parte importante de su día a cuidar de otros, tiene menos tiempo para realizar otras tareas como trabajar, generar ingresos, estudiar, disfrutar de tiempo libre, participar políticamente, hacer un deporte, asistir a eventos culturales, entre tantas otras actividades. Se genera un punto de partida desigual, donde muchas personas se encuentran con que su deseo de cuidar y otros proyectos de vida resultan incompatibles.

El cuidado es un trabajo, pero la mayor parte no se encuentra remunerado. Esto significa que las mujeres cuidamos en mayor medida que los varones sin recibir un salario a cambio, sin tener vacaciones de las responsabilidades diarias, sin domingos ni feriados, sin aportes que garanticen una jubilación digna.

La contracara es que las mujeres se encuentran sobrerepresentadas entre la población más pobre: en Argentina, 6 de cada 10 varones tienen un empleo mientras que sólo 4 de cada 10 mujeres lo tienen; la desocupación es 30% más alta entre ellas; la brecha de ingresos llega al 25% y sólo 1 de cada 10 mujeres en edad de jubilarse puede hacerlo sin una moratoria³.

La sobrecarga que significan las tareas de cuidado no solo repercute en la autonomía económica, sino que afecta todas las esferas de la vida. Sabemos que las mujeres ven obstaculizado su ingreso y progreso en la participación social y política, siendo juzgadas por el tiempo que dedican a estas actividades o viéndose impedidas de participar por los horarios de reuniones. En situaciones de violencia, las responsabilidades de cuidado suelen ser un agravante a la hora de salir del vínculo violento.

Y además de ser una necesidad y un trabajo, no hay que olvidar que es un derecho. Derecho que hoy en día no está asegurado. La idea del derecho implica el acceso universal a servicios, a tiempos, a apoyos, a recursos, a redes que generen las condiciones para cuidar, recibir cuidados y asegurar el autocuidado en condiciones de igualdad.

Son las 12 de la noche y desde las 6 de la mañana que estoy arriba, porque sino no hay manera de atenderlo como quiero y cumplir con mi trabajo (…) Su papá, todo el día en la oficina… imaginate que le dieron apenas dos días después del parto.
Florencia

Este derecho también involucra a los varones, que aún no asumen en términos generales las tareas de cuidado en igualdad de condiciones que las mujeres. Sin embargo, la interpelación a las masculinidades, que no son socializadas para adquirir las disposiciones, las actitudes, las prácticas que involucra cuidar, no debería quedar solo en asumir una responsabilidad y marcar su falta sino también poner en valor que el cuidado genera vínculos de afecto, de cercanía, de conocimiento del otro y de sus necesidades que son claves en las relaciones sociales. Además, el enfoque maternalista de las políticas de cuidado actuales no habilita que las responsabilidades sean compartidas. Hace muchos años que el movimiento de mujeres y feministas viene trabajando para visibilizar a los cuidados como un elemento central de las discusiones por la igualdad, el desarrollo y la construcción de sociedades más justas. En los últimos años, el tema ha cobrado una relevancia y un lugar creciente en la agenda pública que la emergencia por Covid-19 terminó de catapultar, cuando la crisis de los cuidados se hizo evidente de manera palpable para grandes segmentos de la población. El cuidado dejó de ser un asunto privado y nos preguntamos ¿cómo cuidamos y trabajamos sin acceso a servicios y sin redes de apoyo? La demanda por un sistema integral de cuidados es una apuesta porque la reproducción social y el bienestar no sea a costa de la salud y la vida de las mujeres cuidadoras.

#PolíticasdeCuidadoYA

Cuidar sola de Ludmi hubiese sido difícil. Nada estaba adaptado para mí… Creo que todas necesitamos eso: ayudas muy puntuales que nos liberen, que nos potencien (…) Con apoyo mi maternidad hubiese sido igual que la de cualquier otra mujer sin discapacidad.
Mercedes

Si entendemos que el cuidado marca nuestro día a día y que sin un abordaje integral y social se vuelve un factor de desigualdad, entonces debemos reconocer que necesitamos de un sistema que organice y garantice los servicios, apoyos y recursos que todas y todos necesitamos.

#PolíticasdeCuidadoYA es una campaña que busca poner en el centro la necesidad de políticas públicas que aseguren el acceso al derecho al cuidado en condiciones de igualdad. Esto implica que todas las personas puedan tener acceso a más jardines públicos, jornadas extendidas en las escuelas, compatibilidad de horarios entre los trabajos y espacios de cuidado, servicios de atención a la salud accesibles, acompañamiento para personas mayores más accesibles y cercanos en todo el país, tiempo para cuidar y flexibilidad para atender necesidades familiares dentro de los trabajos o un sistema de apoyo para que las personas con discapacidad puedan criar en condiciones de igualdad.

Después de más de 20 años de presentaciones de proyectos en el Congreso Nacional sobre cuidados, que año tras año, por la falta de voluntad política, perdieron estado parlamentario, con la reciente presentación del proyecto “Cuidar en Igualdad” del Poder Ejecutivo se abre una nueva posibilidad de debatir efectivamente en la creación de un sistema integral de cuidados en Argentina.

Avanzar en la agenda de cuidados es avanzar en una de igualdad y desarrollo para todas y todos.


¹Que fue acusada de no brindar buenos cuidados al volver de “manera temprana” al trabajo después del parto y recurrir a una cuidadora. Sobre las miradas sociales que pesan sobre las madres en los medios de comunicación y las redes sociales, recomendamos este excelente artículo de Marina Sánchez de Bustamante y Carolina Justo Von Lurzer: https://plazarevista.com.ar/a-pampita-con-un-cano-maternidades-mediatizadas-y-critica-social/

² Una mujer que en contexto de extrema pobreza y de violencia de género, fue acusada y criminalizada por “mala madre”. Ver: https://latfem.org/maria-ovando-dos-veces-juzgada-por-mala-madre-en-misiones/

³ Datos del INDEC: Evolución de la distribución del ingreso (EPH), 4to trimestre 2021 y dosier estadístico 8M (2022); DNEIyG (2020) “Políticas publicas y perspectiva de género”.