Un siglo de oro barroco y diverso

“Siglo de oro trans. Versión libre de Don Gil de las calzas verdes” comenzó su recorrido en enero, en la sección Género y diversidad del FIBA, y continuó durante febrero en el Teatro de la Rivera del barrio de La Boca. Mayra Rodríguez escribió esta reseña con la esperanza de que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires la coloque dentro del programa Cultura en casa durante estas jornadas de encierro. ¡Ojalá! Este texto forma parte del corpus producido en el taller “Reseñas culturales. Contar sin spoilear”, dictado por Dani Pasik en la Redacción Abierta de LatFem.

La cultura, a pesar de tener la aparente fama de ser más abierta que el resto de las esferas sociales, suele caer en el facilismo de suprimir las particularidades e imponer la norma. Esto se traduce en que a simple vista resulta casi, por no decir del todo, imposible encontrar una propuesta en la cartelera tanto comercial como oficial donde haya interpretes trans.  Este siglo de oro, barroco y en clave diversa, se compone de una comedia de enredos escrita hace 400 años, un elenco de personas trans y cis, el talento del dramaturgo Gonzalo Demaría y la interpelación a un esquema binario puesto en crisis. 

En su recientemente publicado Diccionario travesti de la T a la T, por Página 12, la activista Marlene Wayar habla sobre el origen de las travestis ligado al teatro francés y narra: “En una época en que no les estaba permitido a las mujeres trabajar en la actuación, los personajes femeninos estaban interpretados por varones, los travestís”. Es por esto que no hay que entender las idas y vueltas identitarias de la comedia de enredos escrita por el religioso Tirso de Molina en 1615, Don Gil de las calzas verdes, como vanguardistas.  La verdadera ruptura es, sin dudas, la decisión de poner en la amplia pero no diversa cartelera porteña esta nueva interpretación.

Siglo de oro trans. Versión libre de Don Gil de las calzas verdes comenzó su recorrido histórico este enero, en la sección Género y diversidad del FIBA y, continuó durante febrero en el Teatro de la Rivera del barrio de La Boca. La puesta, es encabezada por dos talentos que forman parte de una nueva generación en el teatro: Gonzalo Demaría encargado de la adaptación y, Pablo Maritano en dirección. Este autor, tuvo en lo que va del año 4 obras en cartel: la celebrada Happyland, con dirección del gran Alfredo Arias en el Teatro San Martín, El romance del baco y la vaca y, Un Golem, ambas en Timbre 4. Por su parte, en los últimos años, Maritano se ha encargado de la puesta de espectáculos de ópera, tanto en el país como en Europa, especializándose en repertorios del siglo XVII y XVIII y, en lenguaje contemporáneo.

La obra narra la historia de Doña Juana, quien al ser abandonada por Don Martín, decide perseguirlo para vengar el desengaño amoroso sufrido y arruinar sus planes de contraer matrimonio con otra mujer. La realidad es que esto, en última instancia, es la excusa que da lugar a la verdadera potencia de esta obra: meter de lleno al público en la complejidad entre cuerpos, identidades y deseos. Poco importa el contexto barroco en el que se presenta, lo actual del planteo y los guiños puestos por Demaría, logran superar una barrera que a priori se llevaría al comprar su ticket para ver la puesta de uno de los textos más icónicos del siglo de oro español. 

Uno de los puntos álgidos de esta obra es la elección del elenco, quien en ningún momento rompe el tono de sátira y lo convierten en parodia, a pesar de encontrarse siempre en una línea muy fina y fácil de traspasar. 

La presencia de La Payuca del Pueblo en su primer protagónico, es imposible de pasar por alto. En el papel de Doña Juana/Don Gil, sorprende por su potente pisada escénica y la versatilidad de su voz, mientras transita la ambigüedad de su rol y recita con una envidiable memoria la complejidad del texto.  Esta figura, para quienes frecuentan los viernes por la noche la mítica Fiesta Plop en el Teatro Vorterix, les va a resultar alguien muy familiar. La Payuca, es la host más conocida de este espacio de diversidad que lleva 13 años haciendo bailar a varias generaciones, por lo que el escenario es claramente su lugar natural.

Otro elemento a pensar es que la decisión de poner en foco la ruptura del binarismo, no se queda en un mero texto. Este siglo de oro trans, es interpretado por una variedad de actores y actrices trans y cis que forman el aquelarre perfecto para reforzar el leit motiv de esta obra: “género hay un solo: humano”.

Si bien todos lxs personajes hacen un muy buen trabajo, es destacable la actuación del actor Ariel Pérez de María (conocido por interpretar a un matón homofóbico en la última tira de canal 13 ATAV) en el rol de Caramanchel, el lacayo de Doña Juana/Don Gil. Él se encarga de dar la cuota de perjuicio heteronormado a la pieza, a partir de líneas plagadas de guiños porteños a la actualidad muy bien puestos por el guion. En su interacción con la protagonista componen un dúo que pone de frente lo mejor de la sátira en función de la confusión por lo fluido del género.

Otro detalle a destacar, son los cuadros musicales que suceden a lo largo de toda la obra y se encuentran liderados por la voz de Iván García, que resuena en todo el teatro. El elenco se encarga de ensamblar sus voces, en tono casi onírico por momentos y desopilante por otros, sin dejar de sorprender. La escenografía despojada se vale de un juego de luces que da un marco a lo realmente importante: lxs personajes. Al mismo tiempo, las caracterizaciones y el  vestuario reflejan esta realidad barroca de hace 400 años sin necesidad de excentricidades estéticas.

Lo que pone en evidencia esta experiencia teatral tan lograda, es que la cartelera oficial debería dar más espacio para visibilizar el talento que muchos ya han descubierto dando vueltas por el under. Los espacios autogestivos, como por ejemplo la Cooperativa de Ar/Tv Trans, ayudan a exponer nuevxs artistxs que tienen la capacidad de habitar emocionalmente estxs personajes, desde el entendimiento y no desde el exotismo o la parodia. 

La realidad es que no faltan ni historias ni personajes que pidan intérpretes que no sean cis, lo que falta es sencillamente llamarlxs. Sin ir más lejos una de las obras más vistas hoy en día tiene como protagonista a una drag queen, interpretada por un varón cis. Esta apropiación pide a gritos que se le dé una oportunidad en el centro del escenario a alguna de las tantas drags talentosas de este país. El público, como ya ha dado muestras, sin dudas estará más que encantado.