Por: Fotos: prensa British Council

El teatro estaba lleno de “rarxs”. La sala catalana de San Telmo tenía todas las butacas y palcos ocupados por mujeres, lesbianas, trans, gordas, negras, marrones, a pie, en silla de rueda, y unos pocos fans de remera negra. El telón bordó y las luces tenues del Espacio Xirgu Untref preparaban la emoción que se vendría. “¿Cuándo sintieron por primera vez que las estaban pasando por alto solo por ser mujer?”, preguntó Barbi Recanati. El fuego ya estaba encendido. Shirley Manson, esa que en 2001 vimos mear de parada en el video Androgyny de su banda Garbage, agarró el micrófono con decisión: “Lo primero que se me viene a la cabeza es como un fuego, porque yo siempre fui una líder poderosa de mi banda”. Apasionada, comenzó el relato de algo que le pasó hace unos años con un tono entre gracioso y enfurecido. Shirley le había dado instrucciones específicas al abogado de su banda, y éste, en lugar de hacer lo que le pidió, fue a consultarlo con el resto de los músicos varones. “Cuando me vinieron a contar me pareció raro, tardé unos minutos en darme cuenta lo que había pasado, y dije fuck him, I want him out, lo quiero afuera, y mis compañeros dijeron: bien”.

 

 

En el escenario estaba la música Barbi Recanati como moderadora de la charla final del Goza Tour, un ciclo de conversaciones que durante todo el año giró por las provincias con invitadas especiales (Miss Bolivia, Susy Shock, Marilina Bertoldi, Pat Pietrafesa, Lula Bertoldi, Natalia Perelman, Mariana Paraway, Florencia Mazzone y la periodista de LatFem Romina Zanellato) organizado por el British Council, Futurock y el sello feminista Goza Records para debatir la situación de las mujeres, lesbianas, trans, no binaries en la industria de la música. El cierre ocurrió el jueves a la tarde y tuvo dos invitadas de lujo, la escocesa Shirley Manson, líder de Garbage, y la música chilena Francisca Valenzuela, motor del festival y plataforma feminista Ruidosa.

“Hay algo subversivo en apropiarse de tu propio proyecto. Me costó mucho empoderarme de mi deseo, de no sentir vergüenza o culpa de ser ambiciosa, y dejar de delegar la inteligencia de mi proyecto en otros”, dijo Valenzuela. Antes de empezar la charla, tocó unas canciones en el piano con sus coristas, y contó que ahora su equipo de trabajo está compuesto por mujeres y miembrxs de la comunidad LGTBIQ+. Al principio, acataba las formas del mercado, las imposiciones de los sellos, el maltrato patriarcal de la industria, hasta que entendió que podía hacerlo de otra manera, hasta que en una entrega de premios se fue a un rincón y encontró a otras colegas en la misma incomodidad. Al volver a su casa esa noche de premiación, Francisca decidió hacer Ruidosa, un festival chileno que tiene el objetivo de visibilizar a las músicas y les musiques que no llegan a los grandes escenarios, y que también tuvo sus versiones en México y Los Ángeles. “Tuvimos que hacer el relevamiento de la participación de mujeres en los carteles de los festivales para callar a aquellos que siempre tienen un pero ante nuestros reclamos. El dato mata la opinión, el número es el argumento”, dijo.

La discusión, sobre el escenario, viró hacia la ley de cupo para asegurar un 30% de músicas en los escenarios de los festivales, proyecto que tiene media sanción en el Congreso. Shirley, con su pelo naranja y su media cabeza rapada, no dudó. “Cuando era joven estaba en contra de la discriminación positiva, creía que la ley no modificaba la cultura, pero ahora creo que no se puede confiar en el corazón y la buena voluntad de los empresarios de la industria. Ya quedó demostrado que son corazones corruptos. Así que sí, dame el maldito cupo que me corresponde”, y su carcajada, estruendosa, rebotó por la sala, por lxs espectadorxs, contagiosa, productora de más risas, más eco.

 

 

Íntima y poderosa

El viernes por la mañana Shirley llegó con su marido a la casa de Barbi Recanati en Colegiales. Un pequeño grupo de periodistas de música la esperaba para una entrevista íntima en la sala de estudio de Goza Records. De camisa blanca y pañuelo rojo con lunares, la escocesa transmitía curiosidad, empatía y poder. El día anterior había hablado sobre abusos, sobre lo hardcore bitches que ella y sus colegas tuvieron que ser en los ’90 para sobrevivir en la escena, y aún le resonaban las preguntas del público, lo poderoso que fue el encuentro para ella. Ahí, rodeada de periodistas precarizadas y discriminadas en sus propias redacciones, Shirley empezó haciendo las preguntas. “Pero, ¿cómo puede ser que no puedan escribir sobre rock? ¿por qué eligen siempre a redactores varones?”. La catarsis comenzó y ella escuchaba azorada cómo los editores de los grandes medios dieron excusas y vueltas ante el único requerimiento que pidió Barbi Recanati: las notas las escriben periodistas mujeres. El espacio lo hacemos entre nosotras, de manera colectiva, fue el resumen.

Y el interés de Shirley por Argentina empezó así: La primera vez que vino la entrevistó la periodista de MTV Mikki Lusardi y pegaron onda. Ella le contó sobre el movimiento #NiUnaMenos y empezó a prestar atención. “Las empecé a seguir en Instagram y me mantenía informada por ahí”, dice. La segunda vez que vino, en 2016, “las chicas muy jovencitas me ponían un pañuelo verde con una insignia blanca en la mano y yo no sabía qué era, empecé a averiguar”, cuenta. Desde la cuenta de Twitter de su banda, Garbage, se pronunció en varias ocasiones como compañera de la lucha feminista argentina.

En los días que estuvo en Buenos Aires, Shirley entró a varias iglesias de la ciudad, y quedó flasheada con la pasión de lxs creyentes que vio. “Fue muy intenso ver a estas personas persignarse en el estrado, y por eso creo que es tan importante el pañuelo verde y la luchan que llevan adelante, porque están luchando contra algo muy poderoso, con mujeres que creen que abortar las convertirá en el diablo”. 

Si bien dijo que no se considera una activista porque no dedica su vida entera a la causa, a lo largo de la entrevista habló sobre las mujeres iraníes, las brasileñas, las francesas, las comunidades trans de su país de adopción, Estados Unidos, y de su tierra natal, Escocia. 

Lo que aprendió y lo que dice en cada respuesta habla de un feminismo transversal y no especista: “Tenemos que hablar con todas, con mujeres negras, marrones, indígenas, en sillas de rueda, trans, no binaries, con todes. Si sólo nos centramos en las luchas de las mujeres blancas el feminismo no va a avanzar, tenemos que pensar en todas, y eso se hace hablando y conociéndonos”, resaltó.

 

Glitter, Rihanna y Evita

“Me hago lesbiana por Rihanna”, dijo, y explotó la carcajada. “Quién no”, “quiero esa risa de ringtone”, se escuchó por lo bajo. En el estudio de Goza Records, Shirley Manson hablaba con la custodia de una gran fotografía de Patti Smith y un pañuelo de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito en la pared. “Para mí Rihanna es una gran modelo a seguir, la amo. Lizzo también es excelente, nunca hubiera podido funcionar en mi tiempo. Igual que Billie Ellish, convoca de una manera increíble a les jóvenes. Ahora hay otras formas de ser mujer y de ser exitosa”, dice.

“Fuiste a comer al Museo Evita y subiste una foto con un mural de Evita, ¿qué te convoca de su figura?”, pregunta la periodista Paz Azcárate, y Shirley empieza con su anécdota: “Cuando era chiquita, en los ’70, el musical de Evita de Andrew Lloyd Webber pegó mucho en Escocia, y lo canté en el coro de la escuela, lo toqué con violín y piano. Mis maestras me contaron su historia y, aún sin saberme feminista, me encendió su vida. Toda mujer poderosa me interesa. Sus discursos me conmueven”. La periodista Catalina Greloni Pierri le recordó que tocó No llores por mí Argentina en su último show que dio con Garbage en el Luna Park. Las risas explotaron de nuevo y Shirley pidió disculpas por eso. “Me dijeron que soy peronista pero que aún no lo sabía, y les creo”, confesó.

Hermosa e imponente, Shirley contó que muchas veces le ofrecieron hacer fotos desnuda o sexy y que ella prefirió mostrarse rara y feroz. “Siempre entendí el poder del cuerpo de la mujer”, dice, y ahora se ríe de sus arrugas, de las veces que a los 30 le dijeron que era muy grande para liderar una banda porque ya no era fuckable, o cogible. La imagen agresiva y masculinizada de sí misma siempre le interesó, y está en sus canciones desde el primer día. Siempre supe que era heterosexual, pero me fui dando cuenta con los años que me identifico con lo no binario. Romper el sistema varón-mujer es la jugada más inteligente que podemos hacer como sociedad, y hay que mirar a la comunidad LGTBIQ+ para aprender de elles”. 

Hubo aplausos, risas, foto grupal, individual, medialunas y café negro para ella. El domingo se va a Chile, a tener la misma charla con Barbi Recanati y Francisca Valenzuela del otro lado de la cordillera, donde el fuego está prendido.