Por:

Ana Correa viaja a Tucumán, comparte con Belén su espacio de trabajo en Constitución y escribe desde una perspectiva interseccional que no solamente tiene en cuenta el vector de género sino también la clase, la raza, la edad. La mirada es integral y, a su vez, regional: la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito es transnacional. La empatía y el afecto entre autora y protagonista sale a la superficie en todo momento.

Cada vez que una activista feminista cruza las fronteras geográficas que ponen contornos a la Argentina y se encuentra con otra activista feminista la pregunta es recurrente: cómo lograron masificar la lucha por el aborto legal y el pañuelo verde como símbolo. La respuesta no es sencilla pero remite a múltiples referencias que van construyendo una genealogía posible: los Encuentros Plurinacionales, la lucha por los derechos humanos encarnada en las Madres y las Abuelas, la potencia de los sindicalismos, las piqueteras, la irrupción de Ni Una Menos, la existencia de una Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito con más de una década de trayectoria, los paros internacionales y en esa extensa (e intensa) constelación aparece un nombre propio: Belén. Un nombre que es una identidad ficticia para proteger la verdadera identidad de la joven que a los 27 años tuvo un aborto espontáneo y terminó presa en la provincia de Tucumán. Belén tampoco tiene rostro para la inmensa mayoría. La cara de Belén apareció enmascarada entre muchas otras máscaras blancas el día que recuperó la libertad en agosto de 2016. Las enmascaradas, cuyas imágenes recorrieron el mundo, buscaban protegerla del canibalismo sexista de los medios locales que intentaron -en tándem con la justicia-convertir en victimaria a quien era víctima. Luego, su nombre volvió a ser enunciado durante el debate en el Congreso y parte de su relato está registrado en la película “Que sea ley” de Juan Solanas. Esos eran apenas los contornos de un gran rompecabezas de muchas piezas, porque la verdadera historia de Belén todavía no había sido contada. 

“Somos Belén”, de la periodista Ana Correa, permite por primera vez conocer a Belén y su transformación después del encierro: su vida antes del 21 de marzo de 2014, los días en la cárcel, sus miedos y sueños, el amor por su sobrina, el vínculo con su familia, su ex novio, su nuevo compañero, su pasión por la lectura, el exilio de Tucumán a Buenos Aires, su gusto por la las hamburguesas y la relación de afecto con las mujeres que la ayudaron. En este libro la historia de la joven está en clave feminista en un ejercicio enunciativo: nombrar, ponerle rostros y voces a cada una de las mujeres que fueron claves para que ella recuperara la libertad desde de 29 meses. Detrás de las máscaras, del hashtag #LibertadParaBelén, de la Mesa por la Libertad para Belén hay complicidades, historias, intimidad, formaciones, trayectorias vitales distintas (y no tanto) que confluyeron en el horizonte de revertir la situación injusta que estaba viviendo la joven, ayudarla y contarle al país y al mundo las consecuencias de la penalización del aborto en el país del Ni Una Menos. Como la cabo Candela, la primera que le creyó a Belén cuando todavía estaba en el Hospital; la hermana de Belén, que recién a mitad de 2019 terminó de pagar el crédito que sacó para pagarle al primer abogado que tomó el caso y no hizo nada; las otras presas de la Unidad Penitenciaria 4, con las que Belén hizo un cartel que decía Ni Una Menos el 3 de junio de 2015 y que solo ellas pudieron ver; o Yanina Muñoz, la militante de Mumalá que propuso en una asamblea usar máscaras. 

Las voces de “Los ángeles de Belén”, como ella misma las llama, también aparecen en el libro de Ana Correa, publicado por Planeta en 2019 y disponible en las librerías de la Argentina. En su enunciación se reivindican las estrategias, los saberes específicos y las alianzas feministas entre abogadas y comunicadoras. La libertad de Belén se consiguió porque hubo voluntad e inteligencia política a disposición de que eso sucediera. Detrás de la historia de Belén están las historias de Soledad Deza, la abogada feminista que se enteró de casualidad que la mujer estaba presa y no descansó hasta liberarla; Celina De La Rosa, la periodista que desde el primer día se ocupó de la difusión y comunicación; la abogada Noelia Aisama que tenía casi la misma edad que Belén cuando empezó a trabajar en el caso, entre muchas otras.

“Somos Belén” reivindica, a su vez, el rol de las organizaciones como Abogados y Abogadas del NOA en Derechos Humanos y Estudios Sociales (ANDHES), la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), la Asociación de Abogados de Buenos Aires (AABA), la Asociación Pensamiento Penal (APP), Amnistía Internacional (AI), el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), el Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de las Mujeres (CLADEM), el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), Innocence Project Argentina (IP Argentina), entre muchas más.

Ana Correa viaja a Tucumán, comparte con Belén su espacio de trabajo en Constitución y escribe desde una perspectiva interseccional que no solamente tiene en cuenta el vector de género sino también la clase, la raza, la edad. La mirada es integral y, a su vez, regional: la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito es transnacional. La empatía y el afecto entre autora y protagonista sale a la superficie en todo momento.

Ana Correa viaja a Tucumán, comparte con Belén su espacio de trabajo en Constitución y escribe desde una perspectiva interseccional que no solamente tiene en cuenta el vector de género sino también la clase, la raza, la edad. La empatía y el afecto entre autora y protagonista sale a la superficie en todo momento. 

#LibertadParaBelén, la antesala de la marea verde

La historia de Belén fue emblemática porque, además de poner en evidencia la realidad de que en este país hay mujeres presas por abortar, la lucha por su libertad logró ser una causa nacional y es uno de los antecedentes más inmediatos si se traza una cronología de cómo se llegó a discutir la despenalización y legalización del aborto por primera vez en el Congreso en 2018. 

Cuando la condena a la joven se volvió pública, en abril de 2016, en menos de cuatro meses los feminismos lograron su libertad. Se dio la alquimia exacta: la tenacidad de las militancias, un marco teórico sólido aportado por la defensa de Belén, el activismo constante y la potencia expansiva de las redes sociales. Los hashtag #LibertadParaBelén y #AbortoLegal llegaron a ser trending topic en Twitter. Por primera vez una campaña vinculada al reclamo de aborto legal en esa red social logró instalarse como tendencia durante ocho horas y media. Todavía los pañuelos verdes no estaban colgando en las carteras y mochilas de las pibas por todos lados. 

El 28 de abril, el 3 de mayo y el 28 de mayo de 2016, “Día de acción por la salud de las mujeres”, se repitieron los “tuitazos” como acciones de visibilización. Estas intervenciones en el espacio virtual obligaron a la prensa nacional a dar cobertura a lo que ocurría en Tucumán: en la provincia más pequeña de la Argentina el ejercicio pleno de los derechos sexuales, reproductivos y contraceptivos es tan estrecho como los límites geográficos de esa jurisdicción. Desde 2003 Argentina cuenta por ley con un Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable (PNSSPR). Tucumán es la única provincia del país que nunca adhirió a este programa.

Esas tramas de injusticia están en el libro que escribió Ana Correa y contarlas reivindica a aquellas otras que no llegaron a tener la trascendencia pública de Belén. Según una investigación de las abogadas Soledad Deza, Alejandra Iriarte y Mariana Soledad Álvarez, entre 1992 y 2012, en Tucumán se criminalizaron 534 abortos. El 97 % de esas causas tiene a la propia mujer abortante como imputada. Solo el 1 % de ellas fue sobreseída. Esto quiere decir que apenas cinco mujeres lograron borrar sus antecedentes penales y obtener un pronunciamiento judicial que clausurara el proceso que las criminalizó. “El resto, 513 mujeres, si pretendióo pretende obtener un certificado de buena conducta o uno de falta de antecedentes penales, no podrálograrlo porque esa causa subsistiráen su prontuario. De hecho, Belén al día de hoy, un año después de su absolución, no logra ese trámite para salir efectivamente del Sistema Penal que la apresóen su lecho de convalecencia”, explicó la abogada Deza durante su intervención en el Congreso en el debate sobre aborto el 12 de abril de 2018.

La lucha por la memoria feminista es una lucha contra el borramiento de las vidas. “Somos Belén” es un libro que se enmarca en esa batalla cultural y en la posibilidad de dejar registro todo lo que hicieron el movimiento, las organizaciones de derechos humanos y feministas para que la joven tucumana tuviera una vida digna. Y esa lucha fue y sigue siendo colectiva para que nunca más exista otra Belén.